¿Izquierda?
Por otro lado, el auténtico espíritu liberal celebra el ejercicio crítico como herramienta para maximizar los espacios de libertad individual.
No deja de ser curioso, además, que el anarquismo y el liberalismo radicales se den la mano en forma de anarcoliberalismo. Ambos desconfían instintivamente de la autoridad, en especial, del Estado. Los enemigos de la libertad son las grandes instituciones y las organizaciones monstruosas; frente a ellas sucumbe el individuo de carne y hueso.
Alguien podrá objetar que, en la práctica, el liberalismo es capitalismo sui generis: "Libre mercado para los pobres, proteccionismo para los ricos". La objeción acierta. Pero algo parecido puede objetarse a casi toda la izquierda: en la práctica se convierte en un capitalismo de Estado.
¿Quién distribuye la riqueza? ¿El mercado? Me queda claro que hace falta cierta intervención del Estado, de lo contrario la riqueza se concentra. En este sentido, un gobierno obeso, pero distribuidor, es preferible a un mercado-concentrador de riqueza.
El problema es que conforme el Estado se fortalece, éste se blinda en contra de la crítica. Es decir, el problema de un gobierno gordo es que cuenta con demasiados recursos para defenderse de la crítica ciudadana. Deviene un monstruo onanista y autocomplaciente, inmune a la crítica. Una autoridad muy poderosa contiene el germen del totalitarismo: la temible razón de Estado. Ese es el punto que ven los anarquistas. Por ello, los comunistas de la vieja escuela, no dudaron en exterminarlos acusándolos de colaborar con el enemigo.



