domingo, mayo 21, 2006

Mis abuelos

No conocí a mi abuelo paterno; se llamaba Bardomiano y murió cuando mi papá tenía siete años, la noche de un cinco de enero, en un cuarto de vecindad de la Santa María La Ribera. Los santos Reyes se saltaron la visita a esa casa. Una buena señora se compadeció de mi papá y le regaló un caballo de palo.

Bardomiano Zagal trabajaba de minero y murió a consecuencia de silicosis pulmonar. Dejó a mi abuelita Emilia, a mis tíos y a mi papá en la miseria. Tengo en casa una fotografía de mi abuelo. Lo acompañan su esposa, de pie, vestida con rebozo; un niño de unos seis años ─¿mi tío Gilberto?─ y sentada, muy solemne, una señora mayor que carga en brazos a un bebé, quizá mi tía María Luisa. Supongo que la matriarca es mi bisabuela. Mi abuelo y el niño visten calzón de manta. Detrás del grupo se ve un jacal. Están en Guerrero, seguramente en Mezcala.

Mi bisabuela materna era de armas tomar. Durante la revolución pasaron las tropas de Zapata por el pueblo y se querían llevar su única vaca. Mi abuela se aferró a la cola del animal y jugándose la vida no permitió que los rebeldes se la llevaran. La leche era lo único que tenía para dar de comer a sus hijos. En otra ocasión, Zapata y su tropa pasaron de nueva cuenta por la zona. Mi abuelita estaba muy enferma, al parecer una complicación de parto. Mi bisabuela pidió ayuda a don Emiliano y éste mandó a un doctor. Mi abuelita se curó. Cuando le dieron las gracias al médico, éste respondió: “No, si yo soy veterinario, pero no podía decirle que no a mi General”.

Mi abuelito materno se llamaba Joaquín Arreguín Ruíz. A él sí lo conocí; me enseñó a jugar ajedrez. Nació en San Luis Potosí y murió de setenta y pico de años de un derrame cerebral, cuando yo estudiaba el primer año de secundaria. Era teniente coronel de caballería. El bisabuelo se llamaba Estanislao y debió de haber muerto muy pronto. Mi bisabuela falleció al dar a luz a mi abuelo; lo crió su hermana Eufrasia, de quien tengo pocas noticias. Por algún papel que me he encontrado por ahí, supongo que andaba en asuntos de teosofía y que nunca fue muy católica. Esto último es una conjetura, pues se rumoraba que pertenecía a la masonería. La tía abuela tocaba varios instrumentos musicales y mi abuelita me contaba que había fundado una orquesta en San Luis. La tía también era partera. En suma, era una mujer educada independiente y singular en la conservadora sociedad potosina de principios del XX.

También se contaba que corría sangre alemana por las venas de mi abuelo; no sé de dónde salió la historia.

La familia de mi abuelo gozó de una posición acomodada. En algún cajón tengo las escrituras de la propiedades de su familia; mi abuelo nunca se interesó por ellas y permitió que se perdieran. Doña Jesusa, suegra de mi amigo C. P., también es de San Luis. Ella me contó que había unas hermanas Arreguín de cierta alcurnia en San Luis. Me falta una pieza importante en el rompecabezas, acaso una reyerta familiar.

La única noticia que tengo de la infancia de mi abuelo es que cuando era bebé, la criada que lo sostenía en brazos se asomó a un balcón y se le cayó la criatura. El niño no se mató porque fue a dar a un montón de paja. Mi abuela bromeaba con el asunto: “las siete vidas de tu abuelo”. Mi abuelito murió con una bala en el cuerpo. En una de las grescas sólo sobrevivieron él y su asistente; ahí le dieron y cargó con la bala hasta la tumba.

Niño todavía, a eso de los once años, se fue con Pancho Villa y le sirvió como recadero. No quería seguir viviendo con su hermana Eufrasia quien era muy exigente. Un día que se equivocó con el mandado, Villa lo cuereó y mi abuelo, enojado, se largó. Lo más probable es que se pasase al bando enemigo para que no Villa no lo encontrase.

No sé como fue a dar al Colegio Militar, el caso es que se graduó y lo mandaron a pelear contra los cristeros. Se refería a Villa y a Zapata como “roba vacas”. Perteneció al Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), del que hoy nadie se acuerda, pues perdió el registró hace mucho.

Mi abuelo, como todos los militares de la época, era comecuras. Un día tuvo a un sacerdote en capilla, listo para fusilarlo. Entró a donde el reo, todavía vestía sotana, lo miró y con gestó asusto le ordenó:
─Ande, quítese esas naguas y láguese.
Supongo que habrá aderezado la orden con alguna grosería, pero no sé cuál.

Mi abuelo murió en el seno de la Iglesia Católica y mi abuelita atribuía su conversión a la misericordia divina que le había recompensado por haber salvado a un sacerdote. Al final de su vida mi abuelito asistía a misa los domingos y ocasionalmente entre semana. En la cabecera de su cama había un cristo negro muy impresionante.

De recién casados, mi abuelito le prohibió a mi abue tener imágenes religiosas en casa. Ella, una mujer piadosa y devota, colocó un Sagrado Corazón en la recámara y cuando él se topó con la escultura, la pateó y la rompió: “¡Quíteme ese mono de ahí!”. Mi abue lloró mucho por el sacrilegio, pero no cejó y, niña al fin (tendría diecisiete) escondió una nueva imagen debajo de una mesa y le colocó una veladora prendida. Se suscitó un pequeño quemazón que mi abuelito apagó y, entre risas de condescendencia, le permitió a mi abuela tener imágenes religiosas en casas.

Mis abuelos maternos no tuvieron un noviazgo como hoy se estila. El llegó con su tropa a Torreón, donde vivía ella en compañía de su hermano y de mis tías bisabuelas. Un día paseaba por la calle en coche, vio a mi abuela, se bajó del carro, la siguió y se presentó. Anduvieron dos meses de novios.

Cuando mi abuelo dejó la ciudad, se le declaró a mi abuela María Amelia:
─Te casas conmigo o te llevó a la fuerza y no vuelves ver a tu familia. Ahí está mi tropa. Tú dices…
Mi abue se lo contó a su hermano y él preguntó:
─¿Te gusta?
─Pues sí…
Y se casaron. En el cuarto de mi abuelo estaba la foto de la boda. Él vestido de militar, muy serio. Ella muy guapa y elegante.

8 Comentarios:

Blogger Enrique G de la G dijo...

Unas historias dignas de Rulfo, eh...
Lo que ya no entendí es de dónde proceden tus gustos, aficiones e intereses por la asápheia et al.

1:12 a. m.  
Blogger Miguel Tormentas dijo...

creo que fue Simone Weil quien dijo que sería más sana la costumbre de meditar sobre los azares que llevaron a nuestros padres a conocerse que acerca de la muerte

este post lleva las cosas aún más lejos, en cuanto a lo que dice kike, una chica me contó en una ocasión cómo se conocieron sus bisabuelos, yo le contesté que la historia puede hallarse en el tambor de hojalata

2:07 a. m.  
Blogger Miguel Tormentas dijo...

(en cuanto a lo que dice kike de rulfo)

2:08 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Ja, ja, ja, muy bueno eso del "quíteme ese mono de ahí"...

5:02 a. m.  
Blogger El Serch dijo...

Igual puede que de Rulfo o de la Garro.

Yo preguntaría ¿qué consideras que heredaste de tus abuelos en tu temperamento?

10:10 a. m.  
Blogger pk dijo...

Okey!. Los abuelos siempre son toda una historia. Quizá algún día me anime a postear algo sobre los míos allá en mi blog (no puedo evitar pensar en mi abuela paterna saliendo de su casa en la calle de Petrarca -igual la conoces, una que está frente a las oficinas, o las ex oficinas de La Jornada, en Polanco- con chofer y toda la onda, guantes de seda, la cabeza en alto sin voltear a ver a nadie y en fin... hiper sangrona!...). Sí, después de esto quizá me anime a traer del lúgubre pasado algo de esos personajes.
Saludos.

11:12 a. m.  
Anonymous Un chico bien nais dijo...

En cuanto sale el pasado ya se quieren poner bien snobs sobre antepasados.

Mejor hablemos sobre cosmética plástica. no?

11:21 a. m.  
Blogger pincheorate dijo...

el pedigree del Dr. Zagal
muy divertido.

9:12 a. m.  

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