jueves, junio 29, 2006

Trópico. Machos alfa. Virginidad. Futbol. Houllebeqc.

Catemaco, domingo, 26 de junio

Ayer hicimos mucho ejercicio. Tomamos un kayak y cruzamos un largo trecho rumbo a la isla de cocodrilos, donde aún quedan monos aulladores, la especie local de changos, casi en extinción a consecuencias, supongo, de la caza despiadada. Amaneció nublado y el calor no aprieta demasiado. J. y yo remamos contra corriente, sudando la gota gorda; mala condición física la nuestra, propia de ratas de bibliotecas. ¡Remen con fuerza! ¡Izquierda! ¡Derecha! Finalmente logramos poner pie en tierra. La playa es de tezontle y la gravilla se nos mete entre los dedos de los pies, la ventaja es que no hay lodo. La isla es una pequeña montaña tapizada de árboles y matorrales en todas las posibles gamas de verde. La selva en miniatura nos engulle. Escuchamos toda clase de ruidos: son pájaros. Vemos una especie de faisán negro, gordo y solitario, que salta de árbol en árbol. De los changos, ni rastro. Subimos por un sendero que constantemente se bifurca y que más de una vez nos engaña. Nos hace falta el aire. Allá abajo el leve golpeteo del agua nos recuerda que estamos en una isla.

El islote debe su nombre a que su perfil recuerda el de un caimán. Hemos llegado por la cabeza, ascendido por el lomo y nos negamos a continuar por la cola, pues todo lo que sube tiene que bajar. No estamos como para seguir haciendo esfuerzos. Hemos de guardar aliento para remar de regreso. Descendemos del lomo hacia la cabeza y damos a donde unos pescadores sacan tegogolos, unos caracoles pequeños que se comen con sal y limón.

Se siente el calor y nos metemos al lago. Está tibio y nos arrulla con su vaivén. Nos sacudimos el agua y emprendemos el regreso. La corriente nos apoya y la distancia se acorta, incluso nos atrevemos a acelerar al final con la ilusión de entrar al atracadero a toda velocidad, como saetas, como torpedos, como uno de los Cuatro Increíbles Fallamos en nuestro intento, somos avispas tontas que se estrellan en el parabrisas y vamos a dar a la proa de una lancha con motor fuera de borda. Maniobra de urgencia. Frenos de emergencia.

Comemos viendo el segundo tiempo del futbol. Por unos momentos, tan sólo por unos instantes, quiero que México gane. He perdido la virginidad. Tantos años de continencia, tantos años sin ver un partido, sin gritar gol, sin emocionarme con un fuera de lugar y ahora, en una palapa de Catemaco, me enredo en un partido de futbol. Todo se ha ido al traste. Ya no soy virgen, por unos segundos me ha gustado el juego.

Mi amigo el novelista ha ordenado ceviche de camarón. Ayer cenó lo mismo. Desoye mis consejos. Tengo terror a los mariscos. Ni siquiera me animo a comer mojarra.

Por la tarde, con la derrota a cuestas, nos subimos a una lancha colectiva para recorrer el lago que con sus noventa kilómetros de diámetro desalienta a los hombres poco atléticos. Imposible recorrerlos en un bote de remos.

Como me siento triste por la derrota de México, me como una paleta fría de chocolate y luego un helado de fresa y luego me contengo para nos sufrir un coma diabético. Dicen que tras el orgasmo viene la tristeza, así me ha sucedió con esos instantes de emoción viendo el futbol: ahora tengo que pagar el precio del placer.

Las lanchas ostentan nombres tradicionales como “San Alberto” o “Guadalupe”; también las hay con nombres más exquisitos: “Byron”, “Rey David”, “Elizabeth”. No me fijo en el nombre de la nuestra. Viajamos con un bidón de gasolina. Me preocupa una eventual explosión, sería horrible morir quemado a la mitad del lago. Intento no pensar en la bomba que traigo a mis espaldas y me concentro en el paisaje.

Primera escala: la cueva donde se apareció la Virgen del Carmen a un pescador en el siglo XVIIII. María estampó las huellas de sus sandalias en una piedra a cuyo costado brota agua milagrosa. El guía nos advierte: “claro, milagrosa para el creyente católico”.

Más adelante vemos garzas reales, garzas grises, patos buzos, flores de loto, manantiales de agua mineral y en todo momento una vegetación seductora ─lujuriosa, suelen escribir los poetas. El trópico en toda su magnificencia: el color verde, los árboles tupidos, las flores acuáticas. Quiero una isla para vivir en ella como Ernesto Cardenal. Quiero vivir en una isla y construir en ella una mansión, donde escribir mis cuentos y ensayos. Quiero una isla para disfrutar del trópico intenso. Quiero una isla para recuperar el tiempo gastado en las aulas.

Visitamos la Isla de Changos I. La habitan unos macacos. El lanchero afirma equivocadamente que son una especie nativa. Desde el pueblo, diariamente les traen fruta, aunque los monos saben bucear y sacan caracoles. También los visita con regularidad un veterinario. En suma, viven en su pequeño paraíso. Et in Acadia ego: también en el paraíso hay clases. El macho dominante se hace notar: él come primero, él tiene derecho a todas las hembras. Los machos beta se resignan al sometimiento. Todo esto me recuerda a Michel Houllebecq. La historia humana, lo mismo la de los individuos que la de los pueblos, no es muy diferenta de la vida de los macacos. Los machos beta se contentan con las mujeres feas, los sueldos mediocres, los autos de segunda mano y la ropa barata. Los machos alfa viajan en primera a Nueva York, donde compran sus camisas y corbatas. Disfrutan del Waldorf Astoria en compañía de sus hembras, guapas y elegantes. Los países alfa ganan competencias deportivas, inventan máquinas revolucionarias y su PIB es inmenso; los países beta han de contentarse con llegar a un mundial de futbol y ganarle a un país tercermundista como Irán…

Después visitamos la Isla de Changos II. Un puñado de mandriles puebla el peñasco. ¿Quién habrá sido el idiota que los trajo? Les tengo miedo, pues me acuerdo de una película de terror donde un mandril genéticamente modificado, que hace las veces de enfermera de un parapléjico, se apodera de la casa y mata a los amigos del pobre enfermo. Imagino que los mandriles saltan a nuestra lancha, nos muerden, nos matan y arrojan nuestros cuerpos al lago. Nadie sabría de nosotros nunca más. Al no aparecer el cadáver, el seguro se negaría a pagarles a mis padres y en la universidad correría el rumor de que me fugué con una sueca que vivía en San Andrés Tuxtla. Mi familia sufriría el oprobio y el hambre.

Regresamos al puerto sanos y salvos. Hacia las siete de la noche el bullicio se apodera del zócalo. Los jaraneros cantan en el kiosco y una pareja zapatea con fuerza. No es espectáculo para turistas, es gente del pueblo, niños, jóvenes y ancianos que se reúnen para pasar el rato. Cantan sones abajeños: ahora baila una pareja de niños, ora una de adolescentes. Se van sustituyendo en el tablado. Se trata de mantener el ruido constante. Unas horas antes, J. y yo hemos hablado sobre las diferencia entre “hacer música” y la música ambiental. La facilidad con que podemos invocar en nuestros aparatos lo mismo a la Sinfónica de Berlín que a Peral Jam o Bright Eyes trivializa la música, se trata de un objeto más en el escenario de nuestras vidas consumistas y estandarizadas. Música trivial: que nadie escucha con atención, pues nadie aprecia lo que se tiene a la mano. Basta apretar un botón para callar a la orquesta y basta volverlo a apretar para que sus alientos toquen a todo pulmón.

Aquí, en el kiosco, “se hace música”; la gente se reúne en torno a ella. Esto es el espíritu de fiesta. Sonrisas, galanteos. Pequeñas fanfarronadas: quién zapatea con más fuerza, quién con más gracia. Una niñita que apenas camina intenta zapatear imitando a su madre. Un muchacho, el galán del pueblo, hace gala de su donaire y coquetea con las muchachas. Lucha por convertirse en macho alfa

Gozamos el espacio público, un espacio muy distinto al del centro comercial gringo. En este lugar se viene a pasear, a sentarse en la banca para platicar, se viene a cantar, a perder el tiempo. El polo de atención no son las tiendas, sino la música que se fabrica en el kiosco.

Cenamos en el malecón. J. se siente enfermo. Los camarones del mediodía estaban en mal estado. Mi hipocondría se consolida. ¿Me iré a enfermar?

23 Comentarios:

Anonymous El sofista con mascarita dijo...

Condenado Zagal, qué envidia.

Yo aquí, tetísimo, poniéndome nombres, hecho ovillo frente a mi pinche laptop. Qué hueva. Cómo salí a jugar como ustedes.

Voy a dar una vuelta a la manzana...

6:44 p. m.  
Anonymous Memín Pingüín dijo...

Otro poema de mi inspiración:
"Ayer pasé por tu casa,
olía a perro muerto,
me fije por tu ventana,
y era tu ..."
Ay, se me olvidó el final, perdón.

5:15 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

La siguiente adivinanza está muy buena:
Quién es el pájaro Papa?




El Sumo Pontífice...

8:28 a. m.  
Blogger Yarch! dijo...

Felicidades al autor por este blog. Esta es mi tercer visita. Lo relatado en el texto no es un escenario q escogería como primera opción debido a mi nulo espíritu aventurero (pies mojados, ropa sucia, ruidos de macaco, grava entre los dedos del pie, es algo que difícilmente soporto), pero al encontrarme en una situación similar a la de El Sofista, mi sentimiento de envidia es similar al del Sofista. Repito. Luego, felicidades.

11:39 a. m.  
Anonymous El sofista enmascarado dijo...

Con respecto a la música. Salí a dar la vuelta a la manzana y me enchufé en cada oreja los audífonos blancos de mi iPod shuffle – que casi no se le puede llamar iPod.

Como estaba de malas recorrí toda mi manzana y no escuché ninguna canción completa.

¡Odio todos mis cinco gigabytes de música! Llenan mi disco duro ¡Odio tener cien canciones en mi bolsillo!... Pero lo amo ¡gollum! ¡gollum!

Alguien debería decirme qué pensar con respecto al iPod, todos tienen uno, creo que es la expresión más cruda de las imposiciones del SISTEMA ¿Qué diría Theodor Schmuck del iPod?

Por lo demás, mi caminata no fue suficientte. Me voy a ir a Acapulco el jueves, ojalá eso sea suficiente para que se me quite el spleen y dejar de envidiar a Zagal... sí, voy a llevar mi iPod... ya sé que no se me va a quitar ninguna de las dos... pero quiero ir ¡gollum! ¡gollum!

12:47 p. m.  
Anonymous Bestia... dijo...

Lo único que no entiendo es qué relación tiene el disfrutar un partido de fútbol con la ética sexual...

1:32 p. m.  
Blogger Yarch! dijo...

abuso de metaforas, mi querida bestia! el Dr. Zagal al considerarse "no panbolero" y disfrutar los placeres de un partido mundialista de futbol, sintió que perdió esa "virginidad". ¿Me explico? (pregunta dirigida a todos, en especial a la bestia y al Dr.)

2:30 p. m.  
Anonymous Tartufo dijo...

Bola de calenturientos, se van a achicharrar en el infierno

3:31 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Eso de que nos violentarion la "virginidad" lo sentimos todos los mexicanos después del juego contra Argentina.

3:32 p. m.  
Anonymous Simplemente Memín N... dijo...

¡Otro poema, otro poema!
"Oye, dime:
¿Por qué si se juntan los mares con los ríos,
por qué no juntamos tus pelos con los m...?"
Oh, no, se me olvidó otra vez, chin...

3:38 p. m.  
Anonymous francisco dijo...

veo claramente lo que sucede pero no lo diré todavía, simplemente dejo constatada esta insinuación para ver si se toman medidas al respecto

3:48 p. m.  
Anonymous El sofista enmascarado dijo...

OK, además de mi ipod ¿qué puedo hacer para pensar aún menos?

4:24 p. m.  
Anonymous El sofista enmascarado dijo...

¡MAAANTRAAAA! mantra MANTRA

4:25 p. m.  
Blogger Yarch! dijo...

es de humanos (con todo lo que ello representa)

5:23 p. m.  
Anonymous Cándido dijo...

El Doc. ya no ha escrito nada, ¿estará deprimido porque perdió Andrés Manuel López Obrador?

8:37 a. m.  
Anonymous Bénito Juárez dijo...

Ay, Héctor, Héctor hijo mío... No me queda sino llorar por México y otro sexenio de miseria espantosa.

11:04 a. m.  
Anonymous CNN dijo...

¡Zagal, desaparecido!

Fuentes no confirmadas afirman que se puso a dar piruetas en su kayak y perdió el control tras el misterioso ataque de un hombre rana (acaso hombre peje)que le zangoloteaba la embarcación desde las profundidades.

Un aborigen afrimó:

– "¡Sí! si yo iba pasando... ahá, sí, y miré al Doctor Zagal por allá moviéndose como lóco por todo aquello, gritaba "¡claaaaaro! ¡AAAA!" y debajo del agua ¡qué va saliendo un como orangután! sí... que sale y hace "¡urgururururu, aaurgururur" ¡y que agarro pal monte!"

No se han enocntrado los restos de la embarcación ni ¡ay! del Doctor Zagal.

12:18 p. m.  
Anonymous Jacobo Zabludowski dijo...

Hay fuertes rumores de que el Dr. Zagal, uno de los autores de un libro de crítica contra Andrés Manuel López Obrador, se ha pasado a las filas perredistas.
Dicen que lo vieron llorando y diciendo: "¡Buuu, buuuu, estoy arrepentido, yo no quería, me obligaron!"

12:51 p. m.  
Anonymous Sergio Rubén dijo...

¿El Dr. Zagal perredista?

El mundo se va a acabar!!

1:09 p. m.  
Blogger Justo Medio dijo...

Yo sólo quiero llegar a ser un macho alfa

7:07 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

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»

10:53 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

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8:57 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Cuando vaya a Catemaco , visite el restaurante Julita, coma paletas percheronas de Limòn. pepezcas en chile y limòn, y por nada del mundo vuelva a visitar la isla de los changos. Pregunte por el hotel de la alemana. Que demacrado se encuentra ya el pueblo de mis antecesores, pero siempre ha dado que contar.

10:54 p. m.  

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