martes, septiembre 26, 2006

A la víbora, víbora de la mar

Soñé algo extraño. Me encontraba con mi familia en una especie de hotelito o casa de campo en los Andes. Desde ahí se veían los abismos y las montañas nevadas. La casa era rústica y los empinados caminos que llevaban a ella me daban vértigo. El anfitrión nos comentaba que él solía pasar las vacaciones de diciembre en ese lugar, pero este año no podría ser así. Una guerrillera ─una especie de subcomandante Marcos─ había organizando una convención para tales días y, lógicamente, la demanda de alojamiento se había incrementado. Los precios habían subido una locura.

Toda clase de alimañas infestaban el jardín de la casa. El pequeño X. se lanzaba a la alberca desde un trampolín. Me daba miedo que se lastimara, pues el trampolín era alto y la piscina estrecha.

Yo caminaba en el jardín, entre inmensas pieles de víboras, de las que dejan cuando cambian de piel. De repente topé con una especie de cobra: era inmensa y ágil. Corrí despavorido. El animal reptó tras de mí y me alcanzó. Desperté justo cuando el animal escupió su veneno a mi cara.

4 Comentarios:

Blogger Mariana dijo...

iiiiiiiiiiu, qué asco. menos mal que no te mordió. viste los tres entierros de melquiades estrada? vela, dirás auch.

2:01 p. m.  
Blogger Alejandro Sada dijo...

Zagal: te recomiendo hacer Yoga para no tener pesadillas.

10:28 a. m.  
Blogger Rieka dijo...

Doctor, si yo fuera usted - que dios nos libre, mutuamente - me compraría un libro para descifrar los sueños y entender el profundísimo mensaje que su subconsciente le manda.

O dejaría de comer enchiladas antes de dormir.

O ambas.

10:38 p. m.  
Blogger Garcín Altoalcázar dijo...

Héctor:

Está coqueto ese sueño. Pero, ni por pienso, se aproxima a mis sueños cotidianos, tanto más estrafalarios cuanto más frecuentes. En sueños he conocido a Luis Buñuel, a Salvador Dalí, a tu tío Chuma. En fin, que sé soñar.

Pero, para poner uno especialmente extraño, te cuento el de Melvin: sí, el de los ChocoKrispies.
Soñé que estábamos mi familia y yo cenando. O desayunando. Lo mismo da. Comíamos Choco-Krispies todos. De pronto alguien arranca el techo del antecomedor en donde nos encontrábamos: Melvin gigante. Papá nos urgía a subir al carro. Subíamos aprisa y arrancaba mi viejo. Seguíamos un "long and winding road" muy tortuoso, bajo la lluvia. A toda velócidad porque ya nos pisaba los talones el Melvin aquel. Algo así como la escena cumbre de Jurasic Park, donde el T-Rex corre tras la camioneta.

¿Tiene un significado profundo o sólo fue un mal viaje de Tafil con Whisky?

11:27 a. m.  

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