viernes, diciembre 29, 2006

El resplandor

Sigo con gripa. Hoy cumplo ocho días con catarro, casi siete sin salir de casa. Sólo me he levantado de la cama para comer, ver un rato de tele y corregir el manuscrito de mi novela. Me siento encerrado. Ayer por la tarde invité a la familia al restaurante la Casa nuova: “Si no salgo un rato ―les advertí―me va a pasar como al de El resplandor”. Se asustaron. Y eso que no han visto lo que llevo escrito.

martes, diciembre 26, 2006

Catarro

Sigo con catarro. Recién me levanté de la cama. He visto televisión hasta quedar casi ciego y medio tonto. Me soplé una película mexicana del Niño Dios, donde San José prepara una ensalada con lechuga y jitomate para la Sagrada Familia. Al productor no le importó que el tomate fuese un producto del Nuevo Mundo. ¿Por qué demonios no me contratan en el cine para asesorarlos? En la misma película aparecen los niños Barrabás y Judas, que ya desde chiquitos eran malos y maltrataban al pequeño Jesús y a su primo Juan el Bautista. En otra escena salen los pescadores Pedro y Andrés a la orilla de una playa de Veracruz; como son pobres y necesitan dinero para reparar su barca, le toman el pelo a una señora. La víctima llama al centurión para arreglar el pleito de mercado y el Niño Dios obra un milagro para proteger a los futuros apóstoles.

También me entretuve con una parte de Ben Hur. Impresionante la batalla naval. No quise descuidar mi cultura científica y miré un documental sobre las tarántulas de las cavernas. Después de aparearse, el macho corre despavorido, para que la hembra no se lo coma. Por eso, la vida promedio de la tarántula macho es de tres años; la hembra vive treinta (jovencitos, ¡cuidado!).

El detective de La Ley y el Orden: Unidad de Víctimas Especiales (delitos sexuales) nos deseó feliz Navidad en cada corte comercial.

¿Lecturas? Sigo con Extinción de David Foster Wallace. Excepción de un par de cuentos, el libro es francamente malo. Para sobrevivir retomé Matar es fácil de Agatha Chistie. ¡Qué diferencia! Ella sí escribe con maestría.

sábado, diciembre 23, 2006

Un cuento de Navidad

Finalmente los virus pudieron más que mi cuerpo y caí agripado. Me siento fatal. Supongo que hoy por la noche me visitarán los tres espíritus de la Navidad. Cuando llegue el de la Navidad venidera, aprovecharé para preguntarle por el futuro de la bolsa de valores. Así no moriré solo, pues la especulación financiera me garantizará la compañía de mis deudos.

viernes, diciembre 15, 2006

Festen

Mi amigo Pablo me invitó a ver Festen ayer por la noche. Tenía que escribir una reseña sobre la obra, así que la invitación me cayó como anillo al dedo. Me decepcionó un poco, creo que el libreto es muy regular y los actores dejan que desear.

El tema es fuerte: un papá que abusa de sus hijos. Sin embargo, la realidad supera la ficción. Mi madre, maestra de secundaria, me contó una historia macabra. Un abuelo violó a su nieta de un año con tal brutalidad que mató a la bebé. El desgraciado arrumbó el cadáver en un canal. No sé qué pensar; hace falta estar muy enfermo para cometer esas acciones.

sábado, diciembre 09, 2006

Pan dulce

A mi padre le encanta el pan dulce. Por eso, mi infancia está salpicada de recuerdos de diversas panaderías, cada una con su especialidad y su estilo. Los domingos por la tarde solíamos comprar pan de El Globo, que en los años sesentas y setentas sólo contaba con dos o tres sucursales. Me ilusionaba ir porque, además de los panquecitos con chochitos blancos —luego supe que se llamaban garibaldis— ese día regalaban globos, costumbre que todavía mantienen. Siempre pedía que me compraran pastelitos, pero de ordinario me los negaban, porque eran muy caros. Era parte del drama dominical.

En Insurgentes Sur, por el rumbo de la colonia Florida, había una pastelería alemana, Telli. Vendían unos garabatos de chocolate deliciosos y unas sabrosas galletas de nuez mermelada de durazno. En Telli sí me compraban pastelitos. Mis predilectos eran unos cuadraditos, coronados por una pila de tronquitos de chocolate rellenos de crema rosa, amarilla y blanca. Obviamente lo que me gustaba eran los troncos y dejaba el resto. También vendían unos pequeños vasos de chocolate macizo, rellenos de pastel. En una de mis fiestas de cumpleaños, mi madre compró esos vaso, sin pastel, y los sirvió con helado. Al principio, los niños pensaron que era un vaso cualquiera y los abandonaron sin hacerles caso, cuando cayeron en la cuenta de que eran de chocolate, causaron sensación.

Más modesta y tradicional: Elizondo, en Diagonal San Antonio, cerca de donde vivían mis abuelo. Recuerdo los corazones de azúcar y los cuernitos de masa compacta, tipo galleta, con puntas recubiertas de chocolate. Hace poco regresé a esa panadería y me decepcionó su sabor.

Mención especial merece Hornos Ideal, que quedaba justo enfrente del condominio Insurgentes, el del anuncio de Canadá. En realidad el negocio era la venta de hornos eléctricos. La fabricación de pan servía, imagino, como promoción. El pan era caro, según me cuenta mi madre. De ahí lo mejor eran una empanadas cuadradas y rechonchas, rellenas con mermelada de piña. También recuerdo unas galletas grandes de nuez y otras de naranja. En aquellos tiempos, me ilusionaba la pastelería El Molino, contigua a Hornos Ideal. Se me antojaban los pasteles de merengues rosas y azules. Mi padre, celosos gourmet, nunca me compraba nada de ahí y me explicaba que era de mala calidad. Por supuesto, nunca me convencían sus argumentos y siempre me quedaba con ganas de los pasteles de colores.

sábado, diciembre 02, 2006

Kleinfingerübung

Del inédito cuaderno 16 de Catalanes y otros semidioses de Fernando Inciarte

Kleinfingerübung

(en dos variantes)

(primera:)

-Yo siempre he tenido un respeto excesivo por mis alumnos. Instintivamente siempre he creído que estaban a mi altura.
-¿Y lo estaban?
-Sí.
-Entonces, ¿por qué excesivo?
-Por eso.

(segunda:)

-Yo siempre he temblado ante mis estudiantes.
-¿Por qué?
-Porque instintivamente siempre creía que estaban a mi altura.
-Y ¿lo estaban?
-No.
-Entonces, por qué temblar?
-Porque era yo el que estaba a la de ellos.