sábado, febrero 03, 2007

Mi tío S.

El miércoles 24 de enero mientras me arreglaba para ir a trabajar recibí una llamada del jefe de estación del metro Mixuca. Mi tío S. se sentía muy mal y unos policías hubieron de ayudarlo para que no se desvaneciese en los andenes. Llegué lo más rápido que pude, lo subí a un taxi y lo ingresé en urgencias del hospital del Seguro Social que está en Xola y Gabriel Mancera. Por unos minutos pensé que estaba en buenas manos; pronto constaté la ineptitud del personal, desde el policía hasta los médicos. La trabajadora social se merece una mención especial en la lista del horror. Nadie se ponía de acuerdo y me regañaban porque estaba cerca del enfermo y porque me alejaba, porque hablaba por teléfono y porque no hablaba. Una y otra vez de contradecían en las órdenes más elementales.

Pronto aparecieron mi madre y mi prima, la médica. Ella nos explicó que, en su opinión, se trataba de una trombosis pulmonar y que sugería un gamagrama. También nos sugirió avisar a los parientes del extranjero. Mis dos tías decidieron viajar de inmediato.

La sala de espera de urgencias ofrece un espectáculo macabro. Los familiares no pueden retirarse, pues “si no hay alguien, los médicos no pueden hacer nada”. Así nos explicaron las autoridades del lugar. Eso significa que los familiares de los pacientes tienen que acampar en un espacio minúsculo en el que ni siquiera las sillas alcanzan. Ahí pueden estar días y días. Como nosotros.

Transcurrió el tiempo y los cardiólogos insistieron en que no hacía falta el dichoso estudio. El domingo 28 dieron de alta a mi tío sin un diagnóstico definitivo. A la hora de revisar la hoja de alta nos percatamos de algunas maravillas médicas del Seguro Social. Habían diagnosticado una infección en las vías urinarias y se les olvidó prescribir el antibiótico. Otra de las medicinas sólo traía el nombre y no la dosis. Se afirmaba que había diabetes mellitus, pero los análisis no lo indicaban.

El lunes mi madre gastó la mañana aclarando con los galenos las lagunas en las recetas.

Ese mismo día una de mis tías voló a su país de residencia. La otra sufrió un contratiempo burocrático y no pudo tomar el avión.

Por la tarde de ese lunes llevaron a mi tío a la clínica familiar, también del IMSS, la de San Borja esquina con Gabriel Mancera. Mi tío S., obrero calificado, necesitaba un documento médico para justificar su ausencia en el trabajo.

Lo recibió su médico familiar. Encontró la presión muy alta y lo retuvo hasta estabilizarlo. Sin embargo, el buen médico ―otro personaje de la galería de la infamia― se negaba a firmar la incapacidad para el martes. Cinco días en urgencias no eran para tanto…. Finalmente la familia se puso brava y el mediquillo aceptó a regañadientes otorgar un día más de incapacidad. Mi tío debería presentarse a trabajar el miércoles temprano.

Por la mañana del martes S. se levantó de buen ánimo. Le prepararon una taza de té. Se la bebió, mordisqueó una manzana y se metió a bañar. Yo estaba muy cansado y me quedé dormido. Estaba acostado en el suelo ―cedí mi cama al convaleciente― justo al lado de la pared del baño. Oí un golpe secó. Sin pensar di un salto y comencé a tocar la puerta con fuerza. Nadie contestó. Se escuchaba el agua de la regadera. Grité pidiendo ayuda. Solo estaba mi padre, quien también convalecía de una pequeña cirugía. Él tomó un martillo y comenzó a pegarle a la chapa, que no cedía. Mientras tanto, llamé a la ambulancia. Mi padre, desesperado, me pidió su caja de herramientas. No la encontré, pero di con una barreta de metal. Derribé el marco de la puerta y, aunque la chapa nunca cedió, pudimos entrar.

Mi tío yacía en el suelo sin sangre. Había caído de frente. Cerré la llave. Instintivamente cubrimos la desnudez del cuerpo y lo volteamos. El rostro y el pecho estaban morados. No respiraba. No había pulso. Mi padre comenzó a dar respiración boca a boca y masaje cardíaco. Yo no sé nada de primero auxilios y me limité a seguir las instrucciones de mi padre. Por unos segundos parecía que la respiración volvía. Escuché la sirena de la Cruz Roja y abrí la puerta. Los socorristas, comedidos y eficaces, continuaron dando la resucitación artificial. A los pocos minutos nos dijeron que el tío había muerto de un infarto. Para entonces, ya había avisado al resto de mi familia. Yo tenía una taza con café en la mano.

El resto de la mañana me la pase gestionando los funerales. Llegó la policía, llegó un médico, llegaron los agentes funerarios, llegaron más parientes. Cancelé todas mis citas del día, salvo una intervención por la noche en un acto académico del cual no podía zafarme.

Sentí hambre. Cuando estoy nervioso me pongo a comer. Mientras el médico me interrogaba para levantar el certificado de defunción, yo comía zucaritas con la mano.

No volví a ver el cuerpo de mi tío. Lo velamos esa tarde y parte de la noche. Regresé molido a casa, a eso de la una de la madrugada y me zampé dos bizcochos con un vaso de jugo de manzana.

Ese mismo día me bañé en la ducha, justo donde unas horas antes había encontrado el cuerpo. Sabía que no podía concederme ningún tipo de recelo al respecto, de lo contrario, siempre me costaría entrar a mi baño, siempre me traería malos recuerdos.

El miércoles cremamos el cadáver y depositamos las cenizas en la cripta familiar, junto a los restos de mi abuela. A mí me tocó abrir el nicho y acomodar la urna. Los sollozos de los asistentes estallaron, comenzando por los más pequeños. No solté ni una lágrima.

18 Comentarios:

Blogger Imagíname dijo...

Vaya...tenía tiempo que no lo leía y ahora que vuelvo me encuentro con esto...yo también conozco la ineptitud del servicio médico en México, es una verguenza...es una pena lo de su Tío...

8:40 p. m.  
Blogger Jaime Alberto Tovar dijo...

Doctor mi más sentido pesame.
Concuerdo con usted en la ineficacia y la insolencia de los trabajadores del seguro; es terrible su indiferencia y despotismo

11:25 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Lo siento.

Es abrumadora y horrible la situación que desribes, hasta para cuestiones de emergencia hay que sufrir los estragos de una burocracia asquerosa e ineficaz.

Me recuerda mucho a El Proceso de Kafka, desde el sistema opresor hasta que llamas a tu tío "S." ¿o fue adrede esa coincidencia?

11:50 p. m.  
Blogger Zoon Romanticón dijo...

Pésame.

12:31 a. m.  
Blogger Miguel Tormentas dijo...

a pesar de los terribles hechos recientes es una bendición que tu familia te tenga al frente

12:28 a. m.  
Anonymous alex ferri dijo...

La tragedía le hace escribir de manera sublime. La ventaja de perder a alguien es volver la mirada a la vida. Hay que querer la vida.

Mi más sincero pésame.

11:13 a. m.  
Blogger Mariana dijo...

no lo había leído, sólo me lo habías contado resumido. en verdad lo siento. qué bueno que lo traduzcas a caracteres, la escritura libera.

12:55 p. m.  
Blogger Goldenlink dijo...

en ocasiones como estas, no se que escribir... en verdad no se.

9:08 p. m.  
Blogger lafiebredelmono dijo...

se a que se refiere Dr.... Es lamentable...

10:15 a. m.  
Blogger La Cosa Mostra dijo...

Coincido con Ferri y con GoldenLink.

Con Ferri porque es verdad que la tragedia le da una estética especial al texto.

Coincido con Goldenlink porque debería omitirse más seguido (él, no usted Dr.).

Por lo demás es interesante que ante un suceso de estos todos se sientan obligados a decir algo... el pésame también es una forma de celebrar la vida de quien se quedo.

Por lo demás, un abrazo solidario.

RT

7:58 p. m.  
Blogger Mariana dijo...

we miss you. ya escribe!

4:41 p. m.  
Blogger Rodrigo dijo...

Muy distinguido, Héctor, te veías ayer, al lado de tan altas figuras del mundo de la política.

11:51 a. m.  
Anonymous Memín N. (?) dijo...

"Pero a veces -a menudo- los recontraputeo desde mis sombras interiores que estos mediquillitos jamás sabrán conocer (la profundidad cuanto más profunda, más indecible) y los puteo porque evoco a mi amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala.
"Pero mi viejo se muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata -no poco funesto pues las monedas de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal volcada-
"Viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos, cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía".

7:38 a. m.  
Anonymous alex ferri dijo...

a mí dan mucha lástima esos tipejos de la chusma que no tienen derecho a opinar y se burlan de la tragedia, como el palurdo de aquí arriba que escribe majaderías. Doctor, haga de cuenta que son excrementos.

12:25 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Alex Ferri, fascista, racista e ignorante. El texto de arriba pertenece a Alejandra Pizarnik. Ponte a leer, los libros no muerden.

12:28 p. m.  
Anonymous the little queen dijo...

hay que abolir el lema que tienen todos los de "a pie" del doctor-dios. Ellos son los primeros que dicen que son humanos, pero en su jodida contradiccion se protegen los unos a otros, jamas creere aun medico solo. Defender mis derechos aun yaciendo en la cama. Denunciar la ineptitud. Creo en el medico hombre pero no en la burocracia hospitalaria... hasta en la homeopatia que no tiene contraindicaciones hay contradicciones. Denucialos aunque te coma el dolor. Yo lo haria.
Lo siento.
Conste que en este pais (Alemania) conozco gente que jamas en su vida adulta ha ido al medico... y son mortales como el resto.

11:39 a. m.  
Anonymous Juán Luis Guerra dijo...

tranquilo bobi, tranquilo

7:43 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Coincido con "the little queen" se debe denunciar o nunca cambiarán las cosas. Desafortunadamente debe tenerse convicción porque habrá que gastar para hacer justicia, pero algo debe hacerse. Lamento mucho lo de su tío!

11:05 a. m.  

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