viernes, julio 13, 2007

Taxco



El fin de semana pasado viajé a Taxco de Alarcón en compañía de mi buen amigo P. Santa Prisca, como siempre, magnífica, y, como siempre, sucia y mal iluminada. En realidad no hay mucho qué visitar a excepción de la iglesia barroca y de las decenas de platerías. P., muy paciente para el shoping, me acompañó en mi peregrinar en busca de un juego de té de alpaca de tres piezas y charola. No lo encontré. Al final compré una colección de obeliscos de piedras finas. Son siete. Un número simbólico: siete son los pecados capitales, siete son los brazos del candelero del templo de Jerusalén, siete son los arcángeles (cuatro de ellos apócrifos), siete los hábitos del ejecutivo altamente eficaz. Los obeliscos son de distintos tamaños. Todos pulidos y brillantes. El más pequeño es azul, de una piedra que recuerda el lapislázuli. Los coloqué en la mesa de reuniones de mi oficina. Los usaré para atraer energía positiva en las juntas o, cuando menos, para entretenerme ordenándolos de distintas maneras cuando me aburra.

También compré un pastillero de plata maciza en forma de tubito. Lo usaré para mis muchas medicinas. Si fuese adicto a la cocaína (que conste que no lo soy y espero no serlo jamás) podría servir para guardar en él las líneas del polvo. También compré unas mancuernillas y un llavero, que ya eché a perder.

La plata me encanta. Más que el oro. Lástima que siga siendo cara.

Después del paseo cultural y comercial, nos sentamos en la plaza central a matar el tiempo en compañía de los lugareños. Los chilangos extrañamos tales espacios de recreo. Si queremos caminar, no nos queda sino un centro comercial tipo Santa Fe.

Una pareja de novios salió de la iglesia. Ella llevaba el típico traje blanco y largo. Él iba de corbata. Cruzaron el parquecito y bajaron solos por una calle. Nadie los esperaba con un auto y tampoco había rastros del cortejo. Una escena extraña. ¿No tendrían dinero para invitar a nadie?

Taxco luce un poco destartalado. Lo que antes era una colección de casas blancas con tejas rojas desparramadas en una montaña, se va convirtiendo paulatinamente en un montón de construcciones de ladrillo con las varillas oxidadas asomando por los techos. ¿Dónde tiene la cabeza el presidente municipal?

De antemano sabíamos que, a pesar de su vocación turística, en Taxco se come mal. Supusimos, sin embargo, que podríamos disfrutar de una cecina sabrosa, plato típico de la región. Nos equivocamos. Por la noche, después de un largo y sobrio aperitivo enfrente de la fachada del templo ―esbelta, rojiza, elegante― cenamos unas ricas enchiladas. El queso era muy bueno. Fuerte. Añejo. De tierra caliente. Y como somos hombres de mundo, acompañamos los antojitos con vino tinto.

En el camino de regreso compré dos docenas de rosas por treinta pesos.

Saqué varias fotos con mi celular. Pero no sé pasarlas a la máquina. Para ilustrar ese escrito uso una foto de la red.

6 Comentarios:

Blogger Roberto dijo...

Es más bonita y menos ostentosa. Diría, más elegante. El oro que se lo pongan los raperos negros del Bronx.

1:44 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

No eres sino un burguesito mamín, snob. Dedicate a tus apocrifos y lecciones de filosofía pero deja ya de atocigarnos con tus mensajes sobre restaurantes y quejas sobre el folklore mexicano, perdon si no todos vivimos en una puta mansión, bebiendo vino y comiendo foie gras tdo el día mientras leemos a algun autor digno de presumir como tanto te agrada hacer, ¿por que no me sorprende que trabajes y des catedra en la UP?

2:39 p. m.  
Blogger Garcín Altoalcázar dijo...

Están de hueva esos anónimos tetos.

2:39 p. m.  
Blogger Garcín Altoalcázar dijo...

Están de hueva esos anónimos tetos.

2:39 p. m.  
Blogger fotómetro dijo...

A mi también me gusta más la plata, o mejor, lo plateado, porque existe el oro blanco que también me gusta y el platino ¿por qué no?
Supongo que también es una moda, a casi nadie le gusta el oro amarillo hoy en día. Tal vez generaciones venideras prefieran el oro, o lo dorado y repliquen que lo plateado debe ser usado por: "los raperos negros del Bronx".
Taxco, es una maravilla, es como los pueblos blancos de Andalucía, pero con un saborcillo y color mexicano agradable. Pero es verdad, está un poco descuidado y lo peor: sucio. Es una lástima.
¡Buen viaje doctor!

5:23 p. m.  
Blogger Justo Medio dijo...

Es como cuando te hicieron una endoscopia y no ponías una foto de tu intestino, sino del de alguien más.
También la bajasta de la red.

10:57 p. m.  

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