martes, julio 31, 2007

Filosofema 2

El mundo es un lugar injusto. Un buen amigo mío acaba de ser víctima de una tremenda injusticia (toda injusticia es siempre tremenda). Él sabe cuál.

Si Dios no existiera, la injusticia tendría la última palabra (¿Kant? ¿san Agustín?). Por eso, Dios castiga a los ateos cumpliéndoles su deseo: enfrentarse al dolor, el sufrimiento y la traición sin otros recursos salvo los que proceden del propio yo. Y de los ateos, los más desdichados son los que tampoco creen en la ciencia. Escépticos e incrédulos no pueden recurrir ni siquiera al prozac (fluoxetina) y otra maravillas de la Modernidad Ilustrada. ¡Ay de vosotros los ateos posmodernos, que publicaís en editoriales de prestigio, porque llorareís mañana!

martes, julio 24, 2007

Gastronomía pesimista

Comí en el Bavaria la semana pasada. Era uno de los mejores restaurantes de México. El chef y dueño murió el año pasado. El establecimiento no resistió su ausencia. Las milanesas son mediocres y su ensalada de vetabel, antaño una gloria de la humanidad, sabe fea.

El otro desastre gastronómico: El Arlequín, que fue uno de los cuatro mejores restaurantes de México, junto con Pujol, Tezca y Costa Vasca. El bistro se ha precipitado por los abismos de la mediocridad.

Filosofemas 1

El optimismo nos anima a tener metas altas y grandes ideales. Las metas altas nos llevan al fracaso. El fracaso lleva a la apatía y la inacción. La apatía lleva al pesimismo. El optimismo es el camino duro y largo al hogar común de la humanidad: el pesimismo.

sábado, julio 21, 2007

Neruda

Releo Confieso que he vivido de Pablo Neruda. Sin duda fue un gran escritor.

Leyenda urbana II

Guillermo: Nos han descubierto. Los lectores saben la verdad
Memo: ¡Imposible! ¿Cómo se énterarían de que nosotros escribimos el blog de Zagal?
Guillermo: Algún chismoso...
Memo: ¡Me lleva! Zagal se enojará cuando se entere de que hemos usado su nombre durante todo este tiempo.
Guillermo: Lo peor de todo es que se va a quedar con nuestros fabulosos escritos...
Memo: Mugre Zagal, es un mercenario...

miércoles, julio 18, 2007

Un mensaje de nuestros patrocinadores


"Un viaje a Yucatán" se lleva a cabo gracias a la generosidad de Cuaderno Salmón, así que tomen en serio esta invitación.

Este programa es ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para cualquier fin ajeno al desarrollo social.

sábado, julio 14, 2007

Apócrifo 8

Rosas. A Mariana no le gustaban. En nuestra segunda cita cometí el error de llevarle un enorme arreglo de rosas rojas con nubes blancas. La compré en el mercado de San Ángel, cuando iba de camino a su casa. La recibió con una sonrisa pero, fiel a sus principios, me explicó que no le gustaban las rosas: “huelen a jabón Camay”.

Filosofía express


Estoy leyendo Boquitas pintadas de Manuel Puig. Esperaba algo más. La consecuencia lógica de la esperanza es, en lo humano, la decepción. Por eso, el optimista es un suicida en potencia, mientras que el pesimista es un enamorado de la vida. El pesimista ama vivir y precisamente por ello no quiere decepcionarse pronto.

viernes, julio 13, 2007

Taxco



El fin de semana pasado viajé a Taxco de Alarcón en compañía de mi buen amigo P. Santa Prisca, como siempre, magnífica, y, como siempre, sucia y mal iluminada. En realidad no hay mucho qué visitar a excepción de la iglesia barroca y de las decenas de platerías. P., muy paciente para el shoping, me acompañó en mi peregrinar en busca de un juego de té de alpaca de tres piezas y charola. No lo encontré. Al final compré una colección de obeliscos de piedras finas. Son siete. Un número simbólico: siete son los pecados capitales, siete son los brazos del candelero del templo de Jerusalén, siete son los arcángeles (cuatro de ellos apócrifos), siete los hábitos del ejecutivo altamente eficaz. Los obeliscos son de distintos tamaños. Todos pulidos y brillantes. El más pequeño es azul, de una piedra que recuerda el lapislázuli. Los coloqué en la mesa de reuniones de mi oficina. Los usaré para atraer energía positiva en las juntas o, cuando menos, para entretenerme ordenándolos de distintas maneras cuando me aburra.

También compré un pastillero de plata maciza en forma de tubito. Lo usaré para mis muchas medicinas. Si fuese adicto a la cocaína (que conste que no lo soy y espero no serlo jamás) podría servir para guardar en él las líneas del polvo. También compré unas mancuernillas y un llavero, que ya eché a perder.

La plata me encanta. Más que el oro. Lástima que siga siendo cara.

Después del paseo cultural y comercial, nos sentamos en la plaza central a matar el tiempo en compañía de los lugareños. Los chilangos extrañamos tales espacios de recreo. Si queremos caminar, no nos queda sino un centro comercial tipo Santa Fe.

Una pareja de novios salió de la iglesia. Ella llevaba el típico traje blanco y largo. Él iba de corbata. Cruzaron el parquecito y bajaron solos por una calle. Nadie los esperaba con un auto y tampoco había rastros del cortejo. Una escena extraña. ¿No tendrían dinero para invitar a nadie?

Taxco luce un poco destartalado. Lo que antes era una colección de casas blancas con tejas rojas desparramadas en una montaña, se va convirtiendo paulatinamente en un montón de construcciones de ladrillo con las varillas oxidadas asomando por los techos. ¿Dónde tiene la cabeza el presidente municipal?

De antemano sabíamos que, a pesar de su vocación turística, en Taxco se come mal. Supusimos, sin embargo, que podríamos disfrutar de una cecina sabrosa, plato típico de la región. Nos equivocamos. Por la noche, después de un largo y sobrio aperitivo enfrente de la fachada del templo ―esbelta, rojiza, elegante― cenamos unas ricas enchiladas. El queso era muy bueno. Fuerte. Añejo. De tierra caliente. Y como somos hombres de mundo, acompañamos los antojitos con vino tinto.

En el camino de regreso compré dos docenas de rosas por treinta pesos.

Saqué varias fotos con mi celular. Pero no sé pasarlas a la máquina. Para ilustrar ese escrito uso una foto de la red.

¡Auxilio!

No puedo abrir el archivo Cuadernos 05 que contiene mi diario reciente. Ignoro qué demonios sucedió con la clave para ingresar. El miércoles pasado la cambié por razones de seguridad y lo hice tan bien que ni siquiera yo tengo acceso al documento. Estoy buscando en la red algún programa para violar la seguridad de mis propios secretos.

lunes, julio 02, 2007

Apócrifo 7

―¿Cómo te gusta el sexo? ―me preguntó muy quitada de la pena.
―Dentro del matrimonio ―respondí arisco y tajante
―Huy, huy, el último monje medieval en México.
―Los monjes hacen voto de castidad.
―Ay, perdone usted la ignorancia, entonces, el último caballero andante…
―¡ Mariana! ¿Qué preguntas haces?
―¿Qué tiene? Sólo te pregunté cómo te gusta el sexo, ¿en la cama? ¿en la playa? ¿en la cocina?
―Y yo te respondí.
―¡Ah! Ya sé. Te gusta el sexo en grupo. Pervertido…
―¡Mariana! ¡Por favor!
―Voy a creer que no te has acostado con tus novias anteriores…
―No me gustan esas preguntas.
―¡O sea que sí! ―gritó triunfante, mientras se pintaba los labios con un rojo intenso.
―Sacas consecuencias precipitadamente.
―Héctor, ¿no puedes dejar de ser profesor de lógica ni un momento?
―Y, ¿tú no puedes respetar mis creencias?
―¿Sabes qué? Ahí nos vemos. Búscame cuando estés menos neuras, padrecito.

domingo, julio 01, 2007

Fe n la humamanidad

El domingo pasado comí en Le Bouchon de Polanco. Mal servicio, caro y comida mediocre. Ordené un filete en salsa de morillas: le faltaba sazón. De postre, una tarta “tatin” de mango; un platillo interesante.

Ayer comí en Pujol. Junto con el restaurante X (al que no le hago propaganda, porque tiene muy pocas mesas y no quiero que se sature) está en mi lista de los tres mejores de México. El chef Enrique Olvera, a quien tengo el gusto de conocer personalmente, es un mago, un auténtico genio de la cocina. Disfruté del menú degustación: camarones con aguacate y mayonesa de chipotle; ensalada de nopalitos con nieve de limón, desconcertantes y fantásticos; sopa flor de calabaza en forma de capuchino; pescado al pastor, con su piña; top sirlon con espuma de tortilla; quesos artesanales con tiritas de ate; pay helado de limón decontruído. Una copa de blanco y una copa de tinto. Fantástico. En realidad, lo que hace Olvera es filosofía analítica. Descompone los ingredientes de la cocina mexicana tradicional, los concentra, les cambia las texturas, y los presenta por separado en un plato. El resultado es un sabor delicado y elegante. Una cocina sofisticada, pero con sabor. Mucho mejor que la de Águila y sol y que la de Izote.