sábado, febrero 23, 2008

Antisemitismo II

Los significados de “justificación” y “comprensión” se traslapan en el diccionario, aunque no son sinónimos. Uno de los sentidos de Justificar es “Probar una cosa con razones convincentes, testigos o documentos”. Este sentido fuerte está emparentado con el concepto de justicia y se empalma con el sentido fuerte de comprender: “Encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro”. Sin embargo, existe un sentido débil de comprender: “Entender, alcanzar, penetrar”. Tomo el término justificar en su acepción dura, y comprender en su acepción blanda.

Comprender implica un ejercicio intelectual y moral. Supone ponerse en los zapatos del otro para tratar de entender el porqué de sus pensamientos, dichos y acciones. El acto de comprensión presupone la racionalidad del otro. Esta presunción de racionalidad es decisiva. Sin ella, cancelamos la posibilidad de cualquier diálogo y argumentación. No comprender que el otro tiene razones, equivale a excluirlo de la discusión.

Comprender no equivale a justificar. Puedo comprender, por ejemplo, que una persona cometa un fraude: el dinero fácil es atractivo. ¿A quién no se nos ha antojado alguna vez tener mucho, mucho, mucho dinero, sin tener que trabajar? No obstante, enunciar los motivos por los cuales el defraudador cometió un delito, no implica justificarlo. Pondré un ejemplo muy personal. Mi abuela padeció diabetes. Debía seguir una dieta exigente. Con frecuencia la rompía y comía helados, pasteles, chocolates. Me explicaba que sentía la necesidad de algo dulce. Para mí resultaba muy fácil pensar que la dieta era un asunto de disciplina: se debía vivir a rajatabla y punto. Ahora, que yo debo moderar la ingesta de azúcar, comprendo las ansias de mi abuela por zamparse un pastel de chocolate con helado de vainilla. Finalmente comprendí las razones de mi abuela. ¿Quiere decir que mis antojos justifican que rompa mi dieta? Lo dudo. Pero hay motivos, razones, que explican porqué desoigo al médico y como carbohidratos de más.

Comprender al otro resulta muy difícil. De ordinario, uno queda mal con todos. Si el ejercicio se cumple cabalmente, siempre hemos de ser capaces de argumentar en los dos sentidos.

Recuerdo que cuando estudiaba en el colegio Carnegie, mi madre y yo coincidimos en la sala de espera de un médico con una anciana palestina. Con lágrimas en los ojos, la señora nos explicó como había perdido todo: familia, casa, país. En aquel momento no entendí mucho, pero recuerdo perfectamente su rostro y su amargura. Desconozco los entresijos de la política en medio oriente. Sé muy poco de historia moderna. Tengo, ciertamente, simpatías al respecto. Por ahora, las mantengo ocultas. En cualquier caso, lo racional es la comprensión de las motivaciones de los actores del drama. Comprender no es justificar. No obstante, la solución de las disputas pasa por el camino de la comprensión. De lo contrario, no queda sino la violencia.

De verdad, creo que debemos comprender a Israel. Hace unos meses, una amigo mío, metido en el negocio de los bienes raíces, me confesaba que en ciertos condominios de la nueva zona de Acapulco, existe un acuerdo tácito para no admitir sino a un máximo de familias judías. Una vez que se ha cubierto esa cuota, simple y sencillamente, no se les vende la propiedad. Se trata, por supuesto, de una política subrepticia, pero real. El antisemitismo existe, incluso en México, a pesar del poder económico de la comunidad judía.

El sufrimiento desencadena el odio. ¿Por qué hay terrositas? De ordinario, porque hay toda una herencia de sufrimiento. Según recuerdo, cierto personaje del todavía no-nato estado de Israel tuvo que ver con el ataque terrorista al Hotel Rey David. El edificio voló lleno de oficiales británicos. Los palestinos, por su parte, asesinaron atletas israelíes en las olimpíadas de Munich. De eso me acuerdo bien. Ni una ni otra acción admiten justificación; cada uno, sin embargo, tenía sus motivos. Ahora bien, tener motivos no justifica a nadie. Pero comprender los motivos del otro es esencial para salirle al encuentro y resolver las diferencias sin violencia.

Tomé un café con un arquitecto judío, un hombre culto y afable. Me platicaba la historia de su familia y, en pocas palabras, él estaba ahí, conmigo, bebiendo café, gracias a que su abuelo logró meterse de polizón en un barco. Detrás de él venían los nazis. Es una experiencia que muy fuerte que merece toda nuestra comprensión.

¿Hay acciones que me resultan incomprensibles? Mi madre me contó una historia terrible que sucedió en la familia de una de sus alumnas. Un abuelo violó a su nieta de cuatro meses. La penetró con tal brutalidad mató al bebé. El hombre se deshizo del cuerpecito tirándolo en un canal. No comprendo esa acción. Pienso que se trata de una enfermedad y precisamente por eso no encuentro la motivación. Seguramente con el paso del tiempo, la psiquiatría nos revele los mecanismos patológicos de tales acciones. En cualquier caso, creo que, independientemente del proceso jurídico, el anciano merece nuestra comprensión: debe estar loco, enfermo, desquiciado.

5 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Por ahí iba a salir el peine. "Comprender" no es justificar.
Israel se ha pasado por los huevos las resoluciones de la ONU y ha pisoteado a los palestinos.
UN ERROR NO JUSTIFICA OTRO. No es asunto de "comprender", sino de exigir que Israel actúe con justicia, sin excusas.
A ver que otro rollo nos sueltan.

1:43 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Y el ATROPELLO al pueblo palestino nada tiene que ver con que si los judíos matan gatos o no o si los diabéticos gustan de helados de vainilla.
POR FAVOR!!!
Se trata de un pueblo despojado por Israel, qué tenemos que comprender en sentido lato o estricto???

1:45 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

http://www.laestrellapalestina.org/resoluciones%20onu/index_resoluciones-onu.html

5:12 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

"¿por qué hay terrositas?" se nota que no eres zagal, además siempre usas mal la palabra afable

12:52 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

excesivas comas en oraciones subordinadas como es común en ti, se nota que no eres zagal

12:53 a. m.  

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