sábado, julio 26, 2008

¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?

El Cantar de lo Cantares alaba el amor entre dos jóvenes y comenta que el amor es fuerte como la muerte. Es interesante que diga como la muerte, no más fuerte que la muerte.

Asistí ayer por la noche a la boda de A. y M. Durante la homilía, el sacerdote aludió a una preocupación escatológica del novio: que el matrimonio dura solamente hasta que la muerte los separe. A mi amigo A. le repugna la idea que en el cielo, ella ya no será su esposa. El problema proviene de los textos evangélicos (en los que él cree con fervientemente). Con ocasión de la costumbre del levirato, Jesús afirma taxativamente que en el cielo no habrá mujeres ni hombres, al menos no como en la tierra. Por otra parte, la Iglesia Católica permite que los viudos y viudas puedan contraer nupcias cuando quieran. Si el difunto aún fuese cónyuge del sobreviviente, éste último cometería adulterio. El matrimonio, por tanto, se disuelve con la muerte. No imprime un carácter como sí lo hace, según la teología católica, el sacerdocio o el bautismo (Los sacerdotes y los cristianos conservaran el sello sacramental en el infierno o en el infierno).

La influencia del romanticismo ha distorsionado la concepción originaria de matrimonio católico. Durante la ceremonia, el sacerdote hizo las tres preguntas indispensables para que un matrimonio sea válido, condiciones para que el matrimonio sea, en verdad, matrimonio: aceptación libre del compromiso, fidelidad y reconocimiento de la indisolubilidad del vínculo y, finalmente, disposición a recibir (responsablemente) los hijos que Dios mande.

Por tanto, no hay matrimonio entre los católicos cuando el contrayente piensa utilizar anticonceptivos, cuando el contrayente está abierto a la posibilidad del divorcio o, sencillamente, cuando no tiene el propósito de ser fiel al cónyuge. Un conocido mío, bastante entendido en teología, pero un poquitín escéptico, sostiene que hoy por hoy casi ningún católico está realmente casado, al menos según el catolicismo romano.

En contraste con esta concepción romántica del matrimonio, la Iglesia siempre aceptó los matrimonios por interés: los príncipes se casaba para unir dinastías, agrandar reinos, o restablecer la paz; los mercaderes para afianzar fortunas; los pobres, para conseguir tierras. Mientras los contrayentes cumplieran con las tres condiciones, aquello se considera matrimonio independientemente de si los novios se amen. Esta posición, por otro lado, no exclusiva de las religiones judeocristianas, es común a toda cultura. El amor, entendido como un sentimiento, incluso como un afecto o atracción, es completamente accidental para el matrimonio católico. Lo relevante es cumplir con las condiciones de un pacto de exclusividad, irrevocable, abierto a la fertilidad.

Quizá, apuntará alguien, el amor romántico se pueda colar por vía de la fidelidad en el matrimonio católico pero, me temo, la fidelidad tiene que ver más con un compromiso racional que con un sentimiento.

No quiero dar pie a malentendidos. Estas líneas no son consideraciones mías, no las afirmo, sencillamente las exploro, jugueteo con ellas. No soy canonista (ni me interesa serlo), ni teólogo (soy demasiado mundano), ni cosas por el estilo.

4 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Quizás el amor perfecto no requiera de la exclusividad, y esa sea una limitación que se borrará en lo eterno.

8:18 p. m.  
Anonymous Liberado dijo...

Clemente, Tertuliano y Basilio sostenían que el matrimonio sí trasciende la muerte... El último escribió que las nupcias de los viudos es un "adulterio encubierto". También consideraban el matrimonio mal necesario para los pobres carnales que no pueden con la virginidad. En este punto se les suma Orígenes. Padres y padrinos de la Iglesia, hijos de Plotino.

Teólogos, Teólogos. Gracias a Dios nos tocó vivir en una época en la que su afán por someterlo todo bajo sus contradicciones sólo provoca risas y lástima.

Que tu amigo piense lo que quiera y que su enamoramiento le dure mucho... y que los teólogos y las teologías ya te dejen en paz.

9:27 a. m.  
Blogger Ululatus sapiens, nSJ dijo...

No soy teólogo, pero estoy en pleno preceso de degeneración; es decir, descubriendo una segunda vocación a la teología, además de que, tarde o temprano, acabaré estudiándola...

Esto me sirve como pretexto para indagar y leer más teología... la curiosidad y la disposición que me caracteriza para contar los ángeles en las cabezas de los alfileres es grande. También me surge la duda, ante la profunda teología del amor y del matrimonio surgida en los últimos años, bajo Juan Pablo II...

Ya les informaré de los resultados de mis investigaciones.

¡Saludos!

1:30 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Pues sí, pero por experiencia predico: pasa 3 o más años con una persona como tu cónyuge y solo o sola sacarás tus propias conclusiones sobre si el deber ser del contrato matrimonial es suficiente para no desear, de vez en cuando, ser menos kantiano...

10:08 p. m.  

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