jueves, noviembre 06, 2008

Baño de realidad

El viernes 31 celebré San Jalogüin con una merienda en mi casa a la que asistieron varios de mis amigos y colegas más jóvenes de la universidad. Coloqué a la entrada de la casa un camino de veladoras para que, a modo de pista de aterrizaje, las luces guiaran a las almas de los niños difuntos que deambulan por los aires esa noche. Ya en el vestíbulo, marqué con pétalos de cempasúchil el resto del camino hacia la ofrenda. Era pequeña, con frutas de la estación, pan de muerto tradicional (de mercado, con ajonjolí), velas y copal. Después de un rato, tuve que apagar el braserito de barro, pues el humo, no por perfumado, era menos tóxico. Como en otras ocasiones, dediqué la ofrenda a mis abuelos paternos y mi bisabuela, de quien conservo historias muy interesantes.
Compré bebidas nacionales: tequila, mezcal, comiteco, ixtabentún (creo que así se escribe), pero los invitados prefirieron vino tinto a pesar de mi insistencia por conservar nuestras tradiciones. Cenamos tamales, atole y pan de muerto perfumado con agua de azahar. Dejamos viandas suficientes para las almas que, como todo mundo sabe, sólo se comen la sustancia de los alimentos y dejan el resto -aromas, sabores- para nosotros, los vivos.
Al otro día, recibí la llamada de un viejo amigo. Quería charlar conmigo y nos reunimos a tomar un café. Lucía demacrado, ojeroso, moreno, pero con la piel desteñida, con manchas blancas; traía una gorra y tenía el pelo corto. Temí que estuviese recibiendo quimioterapia. La conversación discurrió por lugares varios, recuerdos, anécdotas, chistes. Finalmente, sorbió un largo trago de café y me confesó: “soy VIH positivo”. Me quedé helado, nunca lo hubiese adivinado. Salvo la madre de un colega—una señora de setenta años—, yo nunca había tratado con un enfermo de SIDA:
— ¿Hace cuánto que te lo detectaron?— pregunté.
— Hace diez años —me respondió.
—¿Tú esposa lo sabe?
— Sí, desde el comienzo, me conoces, no soy un hijo de la chingada. Pero me acaba de abandonar hace dos días.
—¿Cómo te infectaste?
Me miró con seriedad:
—No lo sé, ni me interesa. Supongo que habrá sido en una borrachera.
Al despedirnos, le di un abrazo fuerte y el añadió:
—Quienes saben de mi enfermedad, han dejado de hablarme. Estoy muy solo.
—Te prometo que vamos a escribir una novela del SIDA, ya lo verás.
Se me salieron dos lágrimas.
Después de eso, el día de muertos me pareció grotesco y ridículo

8 Comentarios:

Blogger Esponjita dijo...

Demonios:
Yo que venía toda emocionada a defender a Penélope... y zaz, que su baño de realidad me quitó todas las ganas...
Luego vendré, pues...

Salve:
la esponjis

7:29 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Esperemos que no sea uno más de sus CHOROS y no se ande burlando de la gente que padece esa terrible enfermedad (que NO es castigo divino)

8:54 a. m.  
Anonymous Consalero dijo...

me encanta el humor aristócrata de zagal

3:33 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

sigo pensando que es un idiota doctor zagal

9:45 p. m.  
Blogger Manuel dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

10:22 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Doctor: el blog no es un confesionario, se equivoca de lugar....

5:18 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Esto es un imán de pubertos depresivos ¿no los estara potencializando? Compre acciones de Prozac rápido.

5:34 p. m.  
Blogger Zareh dijo...

Tu amigo (AGRICULTOR) armenio te desea feliz navidad.

Espero que antes de que se acabe el 08 puedas tomarte una Guiness.

11:56 a. m.  

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