martes, julio 29, 2008

Sigo pintando


Sigo pintando por órdenes de mi psiquíatra; ahora me pinté las barbas...

lunes, julio 28, 2008

Mis pinturas


Sigo pintando por órdenes del psiquiatra.


El cuadro rojo y azul se llama "Interior del artista después de una cena copiosa". El amarillo y rojo, mi preferido, se titula "Pollito en el periférico".


Este no tiene título. Pretendí utilizar texturas.










Este volcán todavía no está terminado. Ayer trabajé en él un par de horas. He invertido en él varios meses. El cuadrito rojo fue mi primer lienzo de mi "nueva época", la época DIF.


sábado, julio 26, 2008

¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?

El Cantar de lo Cantares alaba el amor entre dos jóvenes y comenta que el amor es fuerte como la muerte. Es interesante que diga como la muerte, no más fuerte que la muerte.

Asistí ayer por la noche a la boda de A. y M. Durante la homilía, el sacerdote aludió a una preocupación escatológica del novio: que el matrimonio dura solamente hasta que la muerte los separe. A mi amigo A. le repugna la idea que en el cielo, ella ya no será su esposa. El problema proviene de los textos evangélicos (en los que él cree con fervientemente). Con ocasión de la costumbre del levirato, Jesús afirma taxativamente que en el cielo no habrá mujeres ni hombres, al menos no como en la tierra. Por otra parte, la Iglesia Católica permite que los viudos y viudas puedan contraer nupcias cuando quieran. Si el difunto aún fuese cónyuge del sobreviviente, éste último cometería adulterio. El matrimonio, por tanto, se disuelve con la muerte. No imprime un carácter como sí lo hace, según la teología católica, el sacerdocio o el bautismo (Los sacerdotes y los cristianos conservaran el sello sacramental en el infierno o en el infierno).

La influencia del romanticismo ha distorsionado la concepción originaria de matrimonio católico. Durante la ceremonia, el sacerdote hizo las tres preguntas indispensables para que un matrimonio sea válido, condiciones para que el matrimonio sea, en verdad, matrimonio: aceptación libre del compromiso, fidelidad y reconocimiento de la indisolubilidad del vínculo y, finalmente, disposición a recibir (responsablemente) los hijos que Dios mande.

Por tanto, no hay matrimonio entre los católicos cuando el contrayente piensa utilizar anticonceptivos, cuando el contrayente está abierto a la posibilidad del divorcio o, sencillamente, cuando no tiene el propósito de ser fiel al cónyuge. Un conocido mío, bastante entendido en teología, pero un poquitín escéptico, sostiene que hoy por hoy casi ningún católico está realmente casado, al menos según el catolicismo romano.

En contraste con esta concepción romántica del matrimonio, la Iglesia siempre aceptó los matrimonios por interés: los príncipes se casaba para unir dinastías, agrandar reinos, o restablecer la paz; los mercaderes para afianzar fortunas; los pobres, para conseguir tierras. Mientras los contrayentes cumplieran con las tres condiciones, aquello se considera matrimonio independientemente de si los novios se amen. Esta posición, por otro lado, no exclusiva de las religiones judeocristianas, es común a toda cultura. El amor, entendido como un sentimiento, incluso como un afecto o atracción, es completamente accidental para el matrimonio católico. Lo relevante es cumplir con las condiciones de un pacto de exclusividad, irrevocable, abierto a la fertilidad.

Quizá, apuntará alguien, el amor romántico se pueda colar por vía de la fidelidad en el matrimonio católico pero, me temo, la fidelidad tiene que ver más con un compromiso racional que con un sentimiento.

No quiero dar pie a malentendidos. Estas líneas no son consideraciones mías, no las afirmo, sencillamente las exploro, jugueteo con ellas. No soy canonista (ni me interesa serlo), ni teólogo (soy demasiado mundano), ni cosas por el estilo.

lunes, julio 21, 2008

El ojalá del hojalatero

  1. Quisiera ser gourmet, pero me falta dinero y me sobran triglicéridos.
  2. Quisiera ser novelista, pero me falta talento y me sobran competidores.
  3. Quisiera ser atlético, pero me falta voluntad y me sobra grasa.
  4. Quisiera ser rico, pero me falta asutucia y me sobra lirismo.
  5. Quisiera se filósofo analítico, pero me falta rigor y me sobran metáforas.
  6. Quisiera ser liberal, pero me falta espíritu crítico y me sobran dogmas.
  7. Quisiera ser conservador, pero me sobran pecados y me faltan prejuicios.
  8. Quisiera ser virgo... pero ya no se puede... porque nací en diciembre.
  9. Quisiera ser veraz, pero digo mentiras.
  10. Quisiera escribir algo ingenioso, pero son las nueve y media de la noche de un lunes y, además, no se me ocurre nada...

No me queda sino ser un pobre profesor de preparatoria de aspiraciones pequeño burguesas, que acude de vez en vez al club , que come una vez a la semana en algún restaurante de moda y que escribe este blog para hacerse la ilusión de que algún día, por lo menos, podrá publicar alguna novela de mediano éxito.

domingo, julio 20, 2008

Los pecados de la carne

El martes pasado cené con Alejandro S. En un momento dado, mi amigo se lamentó del poco compromiso de los católicos de nuestro tiempo con su religión. El comportamiento de la gente, piensa, no es propio de cristianos. Le respondí que nunca ha existido una edad de oro del cristianismo. En épocas en las que, supuestamente, el cristianismo inspiraba la vida social, la esclavitud era un hecho plenamente aceptado. Las monjas tenían esclavas en sus conventos, los buenos cristianos —de misa todos los domingos— compraban esclavos. Las personas no tenían empacho en comulgar y, al mismo tiempo, mantener esclavos en su casa. Podremos atenuar, al modo historicista, todo lo que se nos antoje la esclavitud; la gravedad de esclavitud se mantiene. Imaginemos el dolor de las familias africanas, cazadas como bestias, separadas de sus seres queridos, arrancados de sus tierras. ¿Dónde diablos tenían la cabeza los católicos? Colaban los mosquitos pero se tragaban los camellos. Y no vayamos tan lejos: pensemos en la segregación racial en Estados Unidos, que existió oficialmente hasta hace apenas unos pocos años. Un amigo mío me comentó en una ocasión: “Ustedes, católicos, piensan que los pecados de la carne —si es que los hay— son los más importantes y olvidan los gravísimos pecados contra la justicia”

lunes, julio 07, 2008

Monotonía II

  1. El miércoles pasado asistí a un examen de maestría sobre Aristóteles. Sigo pensando que ha sido un de los hombres más inteligentes de la historia. Celebramos el grado con una estupenda comida en el Bistro Mosaico. (Por cierto, los nuevos meseros ya no me conocen. Con los anteriores, que me saludaban por apellido en cuanto llegaba, me sentía "una persona importante").
  2. Jueves. Tomé un café con un pastel con Andrés en una placita de la colonia Roma. Creo que esta colonia tiene más empaque y menos ínfulas que la Condesa. Conserva aún el aire de barrio.
  3. Viernes medio día. Comí gulash con mi amigo Sergio en el Arlequín. La verdad es la comida resultó bastante regular, tal y como había vaticinado Sergio (odio que tenga razón). Hablamos sobre las adicciones y concluimos que soy adicto al café: lo necesito para vivir. Concluimos, también, que él y yo llevamos una existencia medianamente feliz a diferencia del resto de los hombres, consumidos por la monotonía.
  4. Viernes noche. Cena con Pablo en San Ángel Inn. Hablamos sobre la convenciencia de subir el precio de la gasolina. Se trata de focalizar los susidios a los más pobres, no de susbsidiar las camionetas de las señoras elegantes. Me sigue sorprendiendo la madurez intelectual de mi interlocutor.
  5. Sábado. Comida con Humberto. Hablamos sobre el catolicismo en México. Mi amigo Humberto está considerando la posibilidad de ordenarse sacerdote para convertirse en el capellán de las modelos en México. Le dije que, con gusto, intercedería por él ante la Mitra. Todo sea por la salvación del alma de esas señoritas.
  6. Sábado por la noche. Otra fiesta nudista. Comienzo a preguntarme si no estaré desarrollando una segunda adicción.
  7. Domingo por la mañana: intenté comprar una agenda electrónica. Fracasé: ya no se utilizan. Ahora venden "Teléfonos inteligentes". La tecnología me supera.
  8. Domingo por la tarde. Bebí una cerveza con Víctor, a quien conocí el sábado en la fiesta.
  9. Domingo por la noche: lloré por Mariana, cuya memoria he deshonrado con mi vida de crápula.

martes, julio 01, 2008

Monotonía

  1. El lunes visité al psiquiatra. Me cambiaron la medicación y me aseguró que, por lo pronto, mi paranoia está controlada. Sospecho que me está engañando....
  2. El martes pasado cené con mi amigo Nicolás y charlamos sobre el futuro de la izquierda en México. Confieso que, en más de algún momento, me atrajeron algunas de sus críticas hacia la derecha. Acompañamos nuestra discusión de un par de copas de tintos y una buena pasta en La Casa de Italia.
  3. El miércoles bebí un par de tragos con Juan Ramón y hablamos sobre la intriga cortesana en los palacios de la cultura.
  4. El jueves cené en casa de mi amigo y maestro Carlos: pasta con huitlacoche, jitomate con aceite de olivo, pimientos, jamón serrano y melón. Se no unió su hijo, que también se llama Nicolás, y es un cineasta (¿así se dice?) muy prometedor. Asistió también Luis Xavier. Charlamos sobre el mundillo intelectual mexicano y, al final, discutimos sobre el género fílmico Western. Demostré, una vez más, mi absoluta ignorancia en el tema del cine.
  5. El viernes vi Super Agente 86 (una muestra más de de mi incultura). Me pareció horrorosa (menos mal): sin el encanto de la serie de televisión. Seguramente la serie también es mala, pero, el programa me trae recuerdos gratos de mi niñez.
  6. El sábado asistí, nuevamente, a una fiesta nudista.
  7. El domingo presencié los exorcismos que, sobre un niño pequeño, ejercío el sacerdote maronita a la hora del bautismo.
  8. Ayer discutí con Guillermo ( el filosósofo, no con Memo el novelista) sobre los modos como el demonio actúa sobre las mentes. Hablamos también sobre la vejez. Concluí que me gustaría morir a los 65 años, de un infarto durante el sueño. Para consolarme bebí una copa de vino blanco californiano y un par de croquetas.