lunes, octubre 27, 2008




Acabé de leer El último encuentro de Márai. Me sorprendió gratamente. Lo que en principio me parecía una típica novela de nostalgia austro-húgara, acabó siendo una narración de gran calidad. El autor logra crear una atmósfera densa, llena de reflexiones y, al mismo tiempo, le imprime un ritmo rápido. Muy buena, muy buena.


  1. El viernes por la noche, acudí en compañía de D. a una boda en San Hipólito del centro. El patio virreinal es magnífico. No estoy seguro, pero creo que era un hospital para enfermos mentales. Bonito cambio: del sufrimiento a la alegría.

  2. El sábado hacia las doce del día bebí un café con un amigo en una chocolatería de la colonia Condesa.

  3. El sábado comí en la Casa de Francia de Havre. Croquetas de bacalao y ravioles de flor de calabaza. De postre, crème brulée con frutas.

  4. Por la noche, me quedé en casa, leyendo y chateando. (Sí, ahora ya chateo....). Merendé pan de muerto de la Bellota.

  5. El domingo por la mañana desayuné dos tlacoyos de frijol y requesón en compañía de D.

  6. Despúes del desayuno, escribí un artículo para el Reforma. Un texto ligeramente aguerrido. Me temo que más de uno se molestará.

  7. Por la tarde, asistí a una fiesta nudista, pero como hacía frío, había pocas personas. Regresé temprano a casa y comencé a leer La gente extraña de David Miklos. Me va gustando.

domingo, octubre 12, 2008

Radiografía de mi alma




  1. El viernes bebí un par de tragos con Eduardo Andrés en el Moncarca. Pasamos un buen rato.
  2. Ayer sábado estuve todo el día en cama. Sumido en el agotamiento. No pude asistir a la boda de mi amigo Ricardo. Hoy por la mañana me practicaron algunos exámenes de emergencia: triglicéridos: 303. Glucosa: 91. Colesterol 233. Presión: 97/65. Ritmó cardiáco: 64. Supongo que ahora sí me voy a morir pronto. Por suerte, acabo de renovar mi póliza de seguro de vida. Se quedan como albaceas de mis diarios Sergio y José, creo que les irá bien con las regalías de mis diarios secretos.
  3. Meditatio mortis al estilo del Fedón. Revisé libros viejos de casa. Encontré una colección de cuentos de Calleja en colores, publicados en Madrid en 1922. Me sorprendió la calidad del diseño, es verdaderamente hermoso, moderno; no hubiese creído que en la decadente España de principios del siglo XX pudiesen editar unos libros con un diseño tan audaz para ese tiempo. Lamentablemente, sólo puedo sacar fotografías con la cámara de la computadora y estas imágenes de mala calidad son todo lo que puedo ofrecer.
  4. Retomé la lectura de El último encuentro de Márai, es un libro encantador, con ese toque de nostalgia de los escritores del extinto Imperio Austro-Húngaro, un libro lleno de historia, de olores rancio, que nada tiene que ver con los aromas a grasa de hamburguesa de Nueva York, un libro, en definitiva, que no le dice nada a los escritores jóvenes, ávidos de redacción estilo chat. Envejezco irremediablemente. Agradezco a mi amiga Paty que me haya regalado este libro.
  5. Como otro preparativo para mi muerte, invité a Mónica y a Enrique a comer al Racó de la Condesa. Una elección acertada. Nuevamente caí en la tentación de las verduras. De primero, un salteado de setas, corazones de alcachofas y espárragos, un platillo delicado, con ese refinamiento en las verduras que sólo los españoles son capaces de lograr. De plato segundo: verduras asadas; las calabazas eran verdaderamente sublimes. A la hora del postre, pensé en mis análisis médicos y opté por requesón con almendra y un toque de miel de abeja. Pan con achoas de entremés. Vino blanco como aperitivo y, tinto con los platos fuertes. Vino catalán, por supuesto. Estoy casi seguro de que las almendras del postre eran españolas y no norteamericanas.
  6. Despúes de comer, caminé un rato por el Parque México. Escuché una gaita acompañada de percusiones afroamericanas, tocadas por unos chicos medio andrajosos pero afinados, y disfruté de la agradable luz de otoño.

jueves, octubre 09, 2008

Convalecer

  1. Estuve cerca de la muerte. El catarro atenazó mi alma y, por poco, y voy a dar con mi alma a los círculos del Dante. ¿Cómo pesqué esa gripe infernal? Tengo dos hipótesis. La primera es que no me cubrí lo suficiente en la última fiesta nudista a la que asistí. El sábado asistiré a otra reunión de ese tipo, si el lunes amanezco resfriado habré demostrado que esa fue la causa. La segunda hipótesis: gasté el domingo antepasado ordenando la sección de libros antiguos de mi pequeña biblioteca. Quizá entre hoja y hoja se escondía un virus añejo y taimado. No tengo cómo verificar tal explicación.
  2. Sin embargo, aproveché el tiempo de agonía: vi televisión hasta sangrarme los ojos. Disfruté mucho de Neutrón contra el Dr. Caronte y de Neutrón contra los autómatas de la muerte, aunque me dio mucha pena constatar que hubo un tiempo cuando los delincuentes mexicanos tenían la capacidad técnica para poner en jaque al mundo con poderosas armas nucleares. Hoy, en cambio, lanzan granadas sobre muchedumbres inocentes e indefensas.
  3. Me enfadé con la película Zulú. Trata de la gesta de unos soldados británicos que resisten dentro de los muros de una misión a cientos de nativos. La pregunta obvia es: ¿qué demonios hacian los militares ingleses en África? La respuesta es, también, obvia: conquistando el mundo ancho y ajeno. El Imperio Británico está fincado en la piratería.
  4. Iron Chef despertó mi espíritu filosófico. ¿Podemos conmesurar las diversas tradiciones gastronómicas? ¿Puede competir el sashimi con la fabada asturiana? Despúes de varios capítulos quedé convencido del etnocentrismo de los jurados. Los chefs gringos (casi) siempre ganan porque los paladares de los jueces son gringos.
  5. Para recuperar las fuerzas consumidas por la enfermedad, me atiborré de carbohidratos. Ahora pago las consecuencias: engordé y debo bajar los triglicéridos.
  6. El lunes mejoró mi salud y pude asistir al trabajo. Al mediodía comí sopa de flor de calabaza con elote y, de plato fuerte, pipián rojo con chilacayote. El guisado fue verdaderamente extraordinario. No hay duda de que la comida casera mexicana es algo muy serio. Iron Chef nos hace los mandados.
  7. El martes comencé a leer el Corán. No lo entiendo. Lamento que Luis Xavier no esté en México para orientarme.
  8. El miércoles, un estudiante me preguntó cómo debían interpretarse los pasajes bíblicos de la caída de Adán y Eva, y el del arca de Noé.
  9. El jueves, es decir hoy: comí pechuga asada con verduras cocidas. Los chayotes, las calabazas y los ejote me encantaron. Un indicio de envejecimiento es que a uno le gusten las verduras cocidas.