sábado, septiembre 05, 2009

La cena del bicentenario: otro fragmento que no usé

Desde inicios de septiembre, la ciudad de México era un hervidero de legaciones y turistas variopintos. El rey de Arabia saudita se alojaba con sus ochenta esposas en el Hotel Camino Real de Polanco. Su presencia era tan notoria que las autoridades habían optado por cerrar los centros comerciales de la zona para que las mujeres del rey pudiesen ir de compras sin temor de miradas indiscretas. Les encantaron las artesanías, especialmente los rebozos de Santa María, cuyos colores brillantes alegraban sus cabezas, cubiertas por los velos negros del Islam. La demanda de rebosos fue tan grande que el embajador saudí contrató a veinte tejedores para satisfacer los caprichos de las mujeres del rey.
Los emperadores de Japón y su séquito, formado por empresarios, habían optado, lógicamente, por el Hotel Nikko. La comitiva era tan numerosa que los sushis de la ciudad nos se daban abasto para alimentar a los huéspedes. Corría el rumor de que la salsa Tampico y el sushi de aguacate le habían fascinado a la emperatriz hasta el punto de que los japoneses estaban dispuestos a desembolsar una cifra extraordinaria para comprar la patente de la receta.
Carlos de Inglaterra, convaleciente de una apendicitis, se quedó en Buckingham. Para no desairarnos, el rey mandó en su representación a los príncipes Guillermo y Enrique, con el consiguiente regocijo de las jovencitas de la alta sociedad mexicana quienes, desde que Sus Altezas pusieron un pie en tierra azteca, se turnaron para satisfacer los apetitos íntimos de los retoños de la Casa de Winsdor.
El rey de Tailandia, alojado en la Casa del Lago del Bosque de Chapultepec había llegado el primero con el pretexto de aclimatarse a la altura de la ciudad. Se rumoraba que planeaba solicitar asilo político a México, dado el inminente golpe de estado en su reino. En todo caso, nadie podía tildar al rey de gorrón, pues había obsequiado al zoológico doscientos elefantes. Tal generosidad generó un problema ecológico: ¿qué hacer con el regio obsequio? El director del zoológico propuso matar a los paquidermos, vender sus colmillos, pagar con las ganancias la estadía del rey y, con el resto, alimentar a los leones y tigres, que llevaban meses comiendo croquetas para perro. Green Peace puso el grito en el cielo y como ni el Gobierno de la Ciudad ni la Cancillería querían manifestaciones durante las fiestas del bicentenario. La dirección del zoológico se resignó a soltar a los elefantes para que pasearan a su antojo por Chapultepec, alimentándose del follaje de los ahuehuetes centenarios.
Las dos delegaciones más aplaudidas fueron las de California y Nuevo México. Después de un airado debate en los medios de comunicación de Estados Unidos, los gobernadores de tales estados decidieron unirse a los festejos mexicanos. Lo más escándalo provocó fue que ambos estados reconocieron el 1810 como la fecha de su independencia, en lugar del tradicional 4 de julio de 1776. Evidentemente, tal decisión obedecía a un propósito claramente electoral: ganarse el voto de los hispanos.
La delegación de California se componía de artistas de Hoolywood. La encabezaba Leonardo di Caprio junto con Tom Cruise. El regalo de California a nuestro país fue una colección de cuarenta y cinco esculturas de bronce de personajes de Stars War de tamaño natural (colocadas, si mal no recuerdo, en la Macro Plaza de Monterrey) y un acervo de dos millones de copias de la serie CSI Las Vegas. Los DVD fueron repartidos como material educativo entre los policías del país para combatir secuestros.
El ambiente en la capital era, como se ve, de inmenso jolgorio y gran fiesta.
La capital de la República era, en definitiva, el escenario ideal para las fiestas del bicentenario y yo, Héctor Zagal, recibiría mi condecoración en este marco de primera, rodeando de ministros, reyes, y presidentes de todo el mundo.

10 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

uy, otra vez la censura

12:35 p. m.  
Blogger Chelo dijo...

Es preciosa la imagen de las mujeres árabes, con tamaños ojos que las caracterizan, envueltas en coloridos rebozos de Santa María. La de los paquidermos la verdad pensé que terminaría en algo así como que el director del zoológico habría entablado acuerdos con sus cuates de la Merced Balbuena, y de pronto, la contra americana de res que tanto había subido de precio en los últimos meses que llevamos tocando fondo, había quedado rezagada en favor de una novedosa oferta de carne tailandesa de sabor inigualable. Y que la gran Ciudad se devoró tamaños elefantes en tacos al pastor, alambres, carnitas de puerco y puerca, tacos de canasta, chicharrón prensado, tinga de "res", tamales oaxaqueños... en un solo día.

10:20 p. m.  
Anonymous Salustiano Olózaga dijo...

Buenísimo: la soberbia zagaliana y su séquito de barberos...

1:45 p. m.  
Anonymous la venganza anónima dijo...

Ja, jajajaja, lero, lero, candelero. Ahora que censura ya nadie lee su blog, jejeje, lero, lero, candelero.

6:58 a. m.  
Blogger Mario dijo...

¡Feliz cumpleaños Héctor! Soy Mario Vera (mveramx@hotmail.com)

2:10 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Nos cuenta su vida, pero nadie puede comentar... qué aburrido.

10:05 p. m.  
Blogger Esponjita dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

10:52 p. m.  
Blogger Esponjita dijo...

primero: feliz cumpleaños (¡vaya!... ¡cuántos Virgo!... debe ser una cuestión de empatía astrológica, aunque sea unidireccional)
segundo: la idea de Chelo del final de los elefantes también me pareció genial... je. Bueno: los fragmentos cumplieron su cometido (y al fin se dejó googliar la novela)
tercero: ¿y la música?

Pd: la esponjita corregida (pero no aumentada)

11:17 p. m.  
Blogger Chelo dijo...

Cierto, ¡felicidades! aunque sea un afecto virgo unidireccional. Me pasa que el 70% de mis amigos queridos y a veces muy queridos o ex queridos son virgo. Ya decía yo... los mejores deseos para este nuevo año, que la coraza se siga fortaleciendo gracias a tanto comentario chato y respingón.

11:50 p. m.  
Anonymous La voz de tu conciencia dijo...

"(...)Lo demás no fueron errores: es que yo era otro "yo". Se trata de una aplicación de Ética a Nicómaco I. La gente cambia y lo que en un momento es bueno para uno, en otro momento ya no lo es (...)"

Je, je, je. Nel, tú podrás decir misa, podrás censurarme, podrás no publicarme, pero yo iré contigo hasta el resto de tus días, porque soy la voz de tu concienciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

12:22 p. m.  

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