domingo, octubre 25, 2009

Al que madruga, Dios lo arruga



Hace algunos años, A. Ll. me dio un consejo sabio que, desde entonces, he procurado vivir al pie de la letra: "Héctor, ya podrás dormir ocho horas al día, si te despiertas antes de que el sol salga, siempre vivirás cansado". Mi dificultad consiste, ahora, en lidiar con las desveladas. A mí venerable edad, me cuesta mucho recuperarme de ellas. Me veo obligado a restringir mi precaria vida social. No suelo parrandear más allá de las dos de la mañana, el justo medio en materia de diversión nocturna: ni muy temprano, ni muy tarde, el acierto exacto. Este fin de semana, sin embargo, admití una excepción aprovechando la confusión del cambio de horario. Hoy domigno pago el precio de haber bebido un par de tragos en el Sodome de Polanco.

Mis amigos caen en uno de los dos extremos del vicio. (Por cierto, no sé cómo puedo mantener tales amistades si, según Aristóteles, los virtuosos solamente podemos ser amigos de otros virtuosos) . Algunos, los menos, se duermen a eso de las diez de la noche, como pollitos; otros, como vampiros, se calcinan con la luz del sol. Contra tales trasnochadores arremete Séneca en la Epístola 122 a Lucilo. La exageración del estoico es evidente, como si él nunca se hubiese desvelado en compañía de su pupilo Nerón:

Reprobable el que yace en el lecho, amodorrado, cuando el sol ya está alto, y comienza su vigilia al mediodía; y aún para muchos es éste un tiempo matinal. Hay gente que ha invertido las tareas del día y de la noche, y no entreabren los ojos fatigados por la orgía de la víspera antes de que la noche vuelva a reaparecer (...) En verdad, es vicio frecuente en los jóvenes que cultivan su energía física, el beber casi en el mismo umbral del baño entre compañeros desnudos; más aún embriagarse y, a continuación, frotarse el sudor que se han provocado con la frecuente absorción de bebidas calientes (...) ¿Preguntas cómo se genera en el alma el vicio de rechazar el día y tranferir a la noche la vida entera? Todos los vicios pugnan contra la naturaleza, todos desertan del orden debido; tal es el propósito del desenfreno: complacerse en la perversidad, y no sólo alejarse de la virtud, sino separarse de ella lo más posible y colocarse luego en el extremo opuesto

Mi frágil condición física me impide complacerme en la perversidad más alla de la una ó dos de la madrugada.... La edad me acerca, peligrosamente, hacia el estoicismo.

2 Comentarios:

Anonymous el carnal del Cándido dijo...

qué padre, y ud, me recomendaría ese lugar en Polanco para ir con mi novia?

2:12 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Decía mi abuelo " La buena suerte se reparte de 7:00  a 7:30 de la mañana".

10:20 p. m.  

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