miércoles, marzo 11, 2009

La primavera


El clima mejora. La primavera está en puerta. Me alegra, pues con el frío de este invierno todas las fiestas nudistas a las que acudí recientemente resultaron un fracaso. La gente acudía con gorras, sombreros, bufandas, calcetines, botas y guantes. Tantos accesorios, como es lógico, le restaban encanto a las reuniones.

lunes, marzo 09, 2009

Bodas

En El Quijote se describe el opíparo banquete de las bodas de Camacho. Curnosky, príncipe de los gastrónomos, se regodea en los platillos de una boda pueblo: frutas, pescados, carnes, legumbres. Claro que, a la hora de la verdad, la mesa la disfrutan los invitados y no los novios, ni tan siquiera los familiares cercanos. La madre suele pasar la fiesta llorando por su hija --o su hijo-- que cayó en las garras de un vividor o de una casquivana. El padre de la novia se queja interiormente por el precio del banquete. Las hermanas pasan revista al mal gusto de las cuñadas. Él y ella, si están enamorados, ponen una cara de tontos dignas de ser inmortalizadas por Velázquez junto a su colección de bufones. El tocado blanco de la novia se mancha con la sopa, y el frac, rentado, se mancha con la bebida. La camisa de etiqueta del novio termina llena de lápiz labial, no por los ósculos del cónyuge, sino por los besuqueos de todas las amigas, primas y tías.

Dependiendo del realismo de la familia, se hace una colecta, so pretexto de “el zapato de la novia". La pareja está lo suficientemente atontada como para no darse cuenta de la importancia de tal gestión; de ese dinerito comerá la feliz pareja la quincena que sigue a la luna de miel. Lamentablemente muchas familias elegantes han prescindido de costumbre tan loable por aquello de la buena educación. Son las mismas familias que organizan un Baby Shower para la novia, perdón, una reunión en el Chipendale (mueblería famosa), y una despedida de soltero para el caballero en el Solid Gold, u otros centros de sano y solaz entretenimiento.

La boda se desarrolla con parsimonia. La ceremonia religiosa es un alarde de musicología. Los novios se han devanado los sesos para elegir la música. Después de mucho pensar, han escogido para la entrega de arras y el “amarre” con lazos, el "Canon de Pachelbel" (Pachelbel es el autor, no el nombre de la “melodía); para el ofertorio --cuando se escuchan los suspiros de las adolescentes, el lloriqueo de las viejas y los ronquidos de los galanes-- se toca "Jesús alegría de los hombres" de Bach, arreglado para la orquesta de Ray Conif. Durante la comunión, se interpreta el Ave María sic. Schubert, que es como para convertirse al materialismo ateo. Mientras la feliz pareja abandona la nave, acompañada de sendos pajes (los sobrinos de la novia) y bellísimas damas de honor, se escuchan lo acordes zacatecanos de la marcha nupcial.

La minuta del banquete es universal. Solo varía el precio, dependiendo de si fue Mayita, Ambrosía, Gómez Tagle o El molino quien se encarga del servicio. El menú tradicional: crema de champiñones (o de espárragos, según la maicena se pinte de verde o no), coditos con queso (o crepas Sofía), pollo con salsa normanda (restos del gel del primer plato) o filete de ternera a la piamontesa (con maicena requemada), el sorbete del Chef (del Reclusorio Norte), pastel de boda (la maicena restante con merengue), café (líquido transparente). Las bebidas son clásicas. Los aperitivos son destilados: ron, whisky, brandy y vodka. (Lo más seguro para no quedar ciego es el ron). Con los manjares fuertes vino blanco alemán (tibio y dulce) y vino tinto venezolano (“Que rico está este vinito. Tiene un bouquet muy “acedrado” y fuerte. ¿No?). Con el pastel, champaña Veuve de Madame Rochas. Para el café, como no, anís Del Chango y crema islandesa.

Afortunadamente a las cuatro de la madrugada llegan los tacos.

miércoles, marzo 04, 2009

Murakami


"Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales"
Murakami

Estoy leyendo Tokio blues de Murakami. Mi amiga Paty me regaló el libro en Navidad y lo encuentro verdaderamente delicioso. Me viene bien este tipo de lecturas después de haberme indigestado con novelas históricas en las vacaciones de diciembre.

martes, marzo 03, 2009

Mi vanidad


Recibí hace un par de días un ejemplar de Olor a yerba seca, las memorias de mi maestro Alejandro Llano. Confieso que lo primero que hice fue buscar mi nombre. Aparezco solamente una vez, al lado de Luis Xavier. ¡Oh decepción, sólo una mención! La vanidad es "canija". Por lo demás, soy un mal lector del libro. Escuché de viva voz buena parte de aquellas memorias y, en ese sentido, el texto es evocador; mis recuerdos contextualizan el texto e interpreto, quizá en demasía, sus silencios.