martes, septiembre 29, 2009

La Cena del Bicentenario

lunes, septiembre 28, 2009

Domingo lluvioso

  1. El domingo por la mañana, Rodrigó me invitó a la etapa final del premio Eduardo Mata. Nunca antes había asistido a un acto así; resultó muy interesante y divertido escuchar Sensemayá de Revueltas con la misma orquesa y dirigido por tres personas distintas en un lapso tan corto. Previamente, mi anfitrión, temeroso de mi rampante ignorancia musical, me explicó que, en estricto sentido, hay un fuerte elemento de subjetividad en eso de premiar a un director sobre otro. Al final, el jurado optó por dividir el premio en tres partes de suerte que cada uno los tres finalistas se llevó su "cachito" de premio. Mi anfitrión no andaba, por lo visto, tan descaminado.
  2. Al mediodía, comí en compañía de Rodrigo en el Seps de Insurgentes que, al igual que el de Michoacán, cuenta con un pianista que toca piezas pasadas de moda que atraen a la clientela nostálgica. La milanesa con papas a la francesa y col agria estaban bastante sabrosas.
  3. Tras salir de restaurante, nos empapamos. Es difícil imaginar que en unos meses los chilangos moriremos de sed.
  4. Antes de dormir leí algunas páginas de Novo y vi un rato de televisión sin resignarme a que el fin de semana se había acabado.

sábado, septiembre 26, 2009

Tándem: 15 años




  1. 1. Mi vida discurre con una monotonía apabullante; los fines de semana se han convertido en pequeños islotes en medio de un desolado mar de aburrimiento. ¿Deberé aumentar la dosis de antidepresivos o debo recurrir a los medios naturales sugeridos por Tomás de Aquino contra la melancolía? Según recuerdo --cito de memoria-- charlar con un amigo, beber vino, oír el oleaje del mar, y un baño en agua tibia son remedios que Tomás preescribe conta la tristeza.
  2. El miércoles y el viernes mis alumnos del ITAM leyeron varios pasajes de la Metafísica de Aristóteles de acuerdo con el temario indicado por el Departamento. Me sorprendió el acierto algunos de sus comentarios. Uno de los estudiantes razonó en voz alta, con un lenguaje fresco y coloquial, sobre la anterioridad del acto sobre la potencia y, de repente, exclamó, "¡Ay, parece que me encontré a Dios!". Y no lo decía en un sentido "teológico", "religioso", "mocho" sino en un sentido verdaderamente aristotélico.
  3. Aprendí mucho en el curso a señoras en Santa Fe de este jueves, pues las preguntas de las participantes son agudas, certeras, carentes de la estorbosa erudición de nosotros, los académicos. Van a lo esencial, sin perderse en parafernalias inútiles.
  4. Mis alumnos de Filosofía, en cambio, lucen cansados, somnolientos. ¿Serán los días lluviosos o les estaré contagiando mi tedio vitae?
  5. Los chicos de la preparatoria van bien. Poco a poco aprenden a redactar en español. Es mi lucha contra el dialecto del la red. Por cierto, me sentí terriblemente viejo, pues utilicé un proyecto de diapositivas y los muchachos no sabían qué era ese viejo aparato, una máquina que alguna vez fue el "grito de la moda".
  6. El jueves por la noche cené en la La taberna del león invitado por Rafa. Hablamos sobre los "círculos de pretorianos" que rodean a los políticos importantes y que impiden que los jefes se enteren de la realidad del país. Una charla afable, divertida, distendida. Es un gran tipo.
  7. Finalmente, llegó el viernes. Por la noche, R. me invitó a ver "50 sentidos" de Tándem. Compañía de Danza con coreografía de Marco Antonio Silva, a partir de las sonatas para piano de Beethoven. No me gustó, porque la música avasalla al baile; no sé cómo explicarlo, noté una desproporción entre lo que se baila y lo que se oye. Mucho músico para el coreógrafo. Pero en este tema, como en tantos otros, soy un villamelón.
  8. Despúes, junto con R. y su amigo Alejandro, fuimos al Marrakech en el centro. Me divirtió el ambiente, una masa de clase media de "pura sangre" (como yo) con aspiraciones arrabaleras y condeseras. Regresaré el próximo fin de semana, si logro reponerme de la desvelada.
  9. Hoy sábado comí en casa una hamburguesa de Burger King.
  10. Por lo demás, avanzo en la lectura de La estatua de sal de Salvador Novo. Es muy entretenida. Quizá "freudiana" en exceso y barrocamente "escandalosa". Estupendamente escrita sin duda, pero el estilo me empalaga. Dista mucho de la prosa pulida de Alfonso Reyes o de la atmósfera atormentada de Villaurrutia.

lunes, septiembre 21, 2009

Pedacería que no usé en la novela


La mesa era un completo desastre: el espejo roto, trozos de porcelana, la platería por los suelos, manchas de grasa en la alfombra. Los caballeros águilas y tigres de Moctezuma se apelotonaban en las puertas del comedor y los suavos de Maximiliano a duras penas podían contenerlos. El tlatoani, adormilado, no acababa de enterarse de lo que estaba sucediendo.
El Habsburgo no sabía que hacer y parecía más preocupado por los destrozos en su Castillo que por la tragedia que se vivía. Calleja estaba furioso y amenazaba con fusilarnos a todos. Todos nos mirábamos los unos a los otros con recelo, temerosos de tener a nuestro lado al asesino
Definitivamente, el asunto estaba fuera de control y, muy a su pesar, la emperatriz Carlota tuvo que reconocer que su compatriota Poirot era un completo idiota. De no haber muertos de por medio, la situación hubiese provocado risa: cuatro homicidios en las narices del detective más famosos del siglo XX.
Por fortuna, la señal regresó a mi teléfono celular y decidí tomar la iniciativa:
—Señores, señoras, me tomé la libertad de hacer un par de llamadas. Estoy seguro de que doña Carlota no se ofenderá si, dados los resultados, despedimos a Poirot de inmediato. Esto no puede seguir así.
—Ay doctor Zagal, ¡que vergüenza!, no entiendo que le pasa a Monsieur Poirot. Su especialidad son los crímenes aristocráticos —se disculpó la emperatriz—. ¿No es así Max? Tu hermano el emperador de Austria quedó encantado con sus servicios…. Platícales a nuestros invitados de cómo encontró los planos secretos de…
—Lo siento mucho. No tuvimos resultados y al paso que vamos, todos terminaremos muertos —expliqué.
—Los héroes mexicanos siempre ser héroes muertos. No como Washington y Franklin que vivir para celebrar su victoria. ¿Por qué tener ahora miedo de muerte? ¿No que mexicanos reírse de la muerte? —apuntó Poinsett con toda su mala leche.
—Estoy de acuerdo con el profesor Zagal —comentó Calles—. Tomaré el control de esta cena. A mí se me da eso de alcanzar consensos. Como que yo acabé con la revolución armada y la institucionalicé. Supe poner orden en el país y esta cenita no me dura nada...
—Viejo cabrón, le damos el poder, y luego se queda con él otros setenta años. De pendejo que dejamos que nos gobierne de nuevo —exclamó Zapata—. Al rato, termina repartiéndose lo que queda de la cena entre sus amigotes dizque generales de la revolución …
—Restauremos la República, yo debo mandar —comentó Juárez.
—¿Para quedarse con el poder hasta que se muera de viejo? —preguntó Hidalgo.
Aquello hubiera una guerra civil de no ser porque los meseros pusieron en la mesa una imensa canasta con buñuelos crujientes, que escurrían miel de piloncillo con anís y, por si fuera poco el empalago, colocaron una bandeja con copas de dulce de zapote negro con jugo de mandarina.
—Nada, nada, me toca a mí, los españoles somos trabajadores, eficaces, disciplinados y ordenados y, además, tengo mano dura y represento al rey —dijo Calleja, haciéndole el feo a dulce de zapote, lustroso y brillante — al legítimo rey, y no estos emperadores de opereta.
—¡Basta! —grité—, mientras se pelean por mandar en el comedor, ya mataron a otro invitado.
Y señalé hacia el lugar de Hernán Cortes, cuyo cuerpo yacía en el suelo, con un alambre de cobre el cuello: el asesino había aprovechado la confusión general para ahorcar al pobre. En el bigote del infeliz aún se veían las migajas de los buñuelos remojadas en miel.
El alambre de cobre rojo se ataba fuertemente al blanco cuello del desdichado. El homicida había apretado con tal furia que el delgado hilo metálico se incrustaba en la carne y la hacía sangrar.

domingo, septiembre 20, 2009

Bítacora de vuelo

  1. El viernes al mediodía entregué calificaciones en el ITAM y pasé un mal rato. Cuando era joven, solía ser un profesor muy duro y exigente; como la mayoría de los primerizos, creía que el número de reprobados era directamente proporcional a la calidad de la clase. Hoy, con varios años de experiencia, me siento incómodo cuando me veo obligado a dar malas calificaciones. Me encantaría poner dieces a mansalva y, sin embargo, me temo que no debo hacerlo. El caso es que mis alumnos se pusieron muy serios y yo, otro tanto.
  2. El viernes por la tarde, presenté La cena del bicentenario en una tertulia literaria en Porrúa de Reforma 222. Me parece que resultó una reunión agradable, poco solemne, aunque la librería -contigua a la zona de comida rápida del centro comercial- olía a carne quemada. Para mi sorpresa, me topé con Arturo R., a quien le di clases en la preparatoria hace muchos años, muchos años.
  3. Por la noche, participé en otro programa de radio, donde hablé nuevamente de mi novela.
  4. El sábado por la mañana di una larga conferencia sobre las relaciones entre ética y política. Bordé sobre el tema del tirano según el Gorgias de Platón.
  5. Al medio día, vi la película Media noche en el jardín del bien y del mal. Me gustó con todo y que el final resultó demasiado tradicional.
  6. Por la noche, ménage à trois.
  7. Domingo por la mañana, me visitaron mis sobrinos y los llevé a Reforma a pasear en bicicleta. Fue un plan magnífico, de una sobriedad republicada, un típico espacio de clase media. ¡Qué bonita es la ciudad son automóviles!
  8. Domingo por la tarde. Me robaron la cartera. Estoy furioso. Iba mi licencia.
  9. Todo el fin de semana aguardé la llamada de R.G.

miércoles, septiembre 16, 2009

Septiembre 15

  1. Me entrevistó Radio Educación para hablar de mi novela.
  2. Por la mañana, comenté con los alumnos de filosofía el argumento del ergon de la Ética a Nicómaco. No pareció interesarles mucho.
  3. Por la tarde, charlé con un estudiante del ITAM sobre los argumentos de Platón sobre la inmortalidad del alma en el Fedón.
  4. Cené en casa con amigos queridos. Tamal de cazuela, chiles en nogada, cazuelitas de chilorio, buñuelos de rodilla y dulces de pepitas.
  5. Intenté desahabilitar por enésima ocasión la "moderación de comentarios" de este blog; al parecer, el sistema ha enloquecido, el fantasma de la censuara ha cobrado vida propia.

lunes, septiembre 14, 2009

Monotonía

  1. Jueves 10: por la mañana hablé sobre el mito de Ganímedes; por la tarde comenté Política I, 1 de Aristóteles con mis estudiantes de la UNAM; por la noché participé en una tertulia literaria sobre la novela histórica en Plaza Loreto, entre mis compañeros de mesa estuvieron Paco Ignacio Taibo II, Pedro Ángel Palou y la encantadora Rebeca Orozco. Le pedí a Palou que me dedicara mi viejo ejemplar de En la alcoba del mundo.
  2. Viernes 11. Estuve desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde en la editorial dando entrevistas a periodistas sobre mi novelita. Junto con mi editor comí tortilla de patatas. Hablamos sobre el estilo de S. Márai. Quiero escribir un bestseller para pagar la hipoteca de mi casa.
  3. Viernes por la tarde. Tres horas en el viaducto, víctima de la inundación. Sólo a los aztecas se les ocurre construir una ciudad en medio de un lago, y a los españoles recontruirla en el mismo lugar.
  4. Viernes por la noche. Cené en Sobrinos de la Roma con el querido Rodrigo. Hablamos sobre la posibilidad de inspirarme en él para crear un detective que aparezca en mi bestseller: un detective-bailarín. Más tarde, fuimos a beber una cerveza a Bucareli.
  5. Sábado por la mañana: me aburrí.
  6. Sábado al mediodía. Comí lechón asado en El mesón de puerto chico con Luis Felipe. Despúes, bebí un café con Rodrigo en Barracuda. Hablamos de mi cumpleaños y de que estoy muy adentrado en el "segundo tiempo del partido". "¿De qué te arrepientes", me preguntó. "De no haberle dedicado la suficiente atención al griego y al inglés", le respondí. Lo demás no fueron errores: es que yo era otro "yo". Se trata de una aplicación de Ética a Nicómaco I. La gente cambia y lo que en un momento es bueno para uno, en otro momento ya no lo es. Hablamos nuevamente sobre el mito de Ganímedes. Escribiré un texto que sirva de pauta para ello. ¿Podré pagar la hipoteca de esa manera?
  7. Sábado en la noche. Cerveza con Emiliano.
  8. Domingo 13 en la mañana. Amanecí más viejo. Despúes, fui con el pequeño Enrique a comer un helado en Roxy. Él jugó con su patineta, mientra yo jugaba con mi vida.
  9. Domingo 13 al mediodía: me zampé un par de chiles en nogada en casa. Abrí una botella corriente de vino.
  10. Domingo por la tarde: leí un libro de Héctor de Mauleón sobre el tesoro perdido de Moctezuma. Me encantó.
  11. Domingo a las siete de la noche. La realidad supera la ficción. Participé en un programa de radio en compañía de un chef para promover mi novela. El chef pensaba que los vikingos asaltaban los barcos españoles que viajaban desde Veracruz rumbo Europa. Frente a esa afirmación, mi novela se redujo a un inocente juego de niños. Si Erik el Rojo saqueaba los galeones, ¿qué más da que Iturbide cene con Zapata?
  12. Domingo a las diez de la noche: deprimido y triste bebí una cerveza con Rodrigo en el Taller. Me encontré a Rafael y hablamos de política.
  13. Lunes 14: gasté de más el fin de semana. ¿Me estaré volviendo alcohólico?

sábado, septiembre 05, 2009

La cena del bicentenario: otro fragmento que no usé

Desde inicios de septiembre, la ciudad de México era un hervidero de legaciones y turistas variopintos. El rey de Arabia saudita se alojaba con sus ochenta esposas en el Hotel Camino Real de Polanco. Su presencia era tan notoria que las autoridades habían optado por cerrar los centros comerciales de la zona para que las mujeres del rey pudiesen ir de compras sin temor de miradas indiscretas. Les encantaron las artesanías, especialmente los rebozos de Santa María, cuyos colores brillantes alegraban sus cabezas, cubiertas por los velos negros del Islam. La demanda de rebosos fue tan grande que el embajador saudí contrató a veinte tejedores para satisfacer los caprichos de las mujeres del rey.
Los emperadores de Japón y su séquito, formado por empresarios, habían optado, lógicamente, por el Hotel Nikko. La comitiva era tan numerosa que los sushis de la ciudad nos se daban abasto para alimentar a los huéspedes. Corría el rumor de que la salsa Tampico y el sushi de aguacate le habían fascinado a la emperatriz hasta el punto de que los japoneses estaban dispuestos a desembolsar una cifra extraordinaria para comprar la patente de la receta.
Carlos de Inglaterra, convaleciente de una apendicitis, se quedó en Buckingham. Para no desairarnos, el rey mandó en su representación a los príncipes Guillermo y Enrique, con el consiguiente regocijo de las jovencitas de la alta sociedad mexicana quienes, desde que Sus Altezas pusieron un pie en tierra azteca, se turnaron para satisfacer los apetitos íntimos de los retoños de la Casa de Winsdor.
El rey de Tailandia, alojado en la Casa del Lago del Bosque de Chapultepec había llegado el primero con el pretexto de aclimatarse a la altura de la ciudad. Se rumoraba que planeaba solicitar asilo político a México, dado el inminente golpe de estado en su reino. En todo caso, nadie podía tildar al rey de gorrón, pues había obsequiado al zoológico doscientos elefantes. Tal generosidad generó un problema ecológico: ¿qué hacer con el regio obsequio? El director del zoológico propuso matar a los paquidermos, vender sus colmillos, pagar con las ganancias la estadía del rey y, con el resto, alimentar a los leones y tigres, que llevaban meses comiendo croquetas para perro. Green Peace puso el grito en el cielo y como ni el Gobierno de la Ciudad ni la Cancillería querían manifestaciones durante las fiestas del bicentenario. La dirección del zoológico se resignó a soltar a los elefantes para que pasearan a su antojo por Chapultepec, alimentándose del follaje de los ahuehuetes centenarios.
Las dos delegaciones más aplaudidas fueron las de California y Nuevo México. Después de un airado debate en los medios de comunicación de Estados Unidos, los gobernadores de tales estados decidieron unirse a los festejos mexicanos. Lo más escándalo provocó fue que ambos estados reconocieron el 1810 como la fecha de su independencia, en lugar del tradicional 4 de julio de 1776. Evidentemente, tal decisión obedecía a un propósito claramente electoral: ganarse el voto de los hispanos.
La delegación de California se componía de artistas de Hoolywood. La encabezaba Leonardo di Caprio junto con Tom Cruise. El regalo de California a nuestro país fue una colección de cuarenta y cinco esculturas de bronce de personajes de Stars War de tamaño natural (colocadas, si mal no recuerdo, en la Macro Plaza de Monterrey) y un acervo de dos millones de copias de la serie CSI Las Vegas. Los DVD fueron repartidos como material educativo entre los policías del país para combatir secuestros.
El ambiente en la capital era, como se ve, de inmenso jolgorio y gran fiesta.
La capital de la República era, en definitiva, el escenario ideal para las fiestas del bicentenario y yo, Héctor Zagal, recibiría mi condecoración en este marco de primera, rodeando de ministros, reyes, y presidentes de todo el mundo.

viernes, septiembre 04, 2009

Me sentí poeta: Zeus habla

I
Por ti olvidaré el Olimpo.
Cambiaré mi cielo por tu casa,
mi oro por tu plata
mi trono por tu banca.
Y ya en la tierra.
mortal entero,
veré que aquella gloria
era un sueño, un espejismo
y tu carne
—en cambio—
el cielo verdadero

Interludio

Según una leyenda árabe, en su vejez, el mesurado Aristóteles fue esclavizado por la pasión hacia Phylis, una muchacha.


II
Lo juro,
estoy dispuesto
profesaré tu credo
¡Al diablo con mi templo!
Tendré por religión tu cuerpo.
Sí, abdicaré al reino.
¿Qué más me da la eternidad si no te tengo?
Mi altar será tu cama
tus labios, mi ambrosía
tus bailes, mi liturgia
tu coro, mi escritura
Idólatra nocturno (jamás adorador secreto)
del torso esbelto, estípite barroca,
vestiré tu piel amarfilada
beberé tus ojos tiernos
y guardaré las huellas de tus pies
—mariposas del verano–
en una cesta tejida con promesas.
Lo sé, un día tal vez mañana,
tal vez otoño, tal vez invierno,
resentiré el ayuno,
sediento del néctar de los dioses
me pudriré
caduco pergamino
escrito con letras ilegibles
en lengua muerta
Entonces tú, estoy seguro
—pontífice del culto nuevo–
vendrás danzando (siempre danzando)
a transfigurar a quien por ti se hizo hombre

jueves, septiembre 03, 2009


Soy un conservador en literatura: la novela de Yépez me gustó. Hay historia, sucede algo, y se cuenta de una manera clara. ¿Y las alucinaciones del personaje principal? De inmediato se comprende donde comienzan, así que la "realidad" y la alucinación nunca se confunden. La novela, además, es un alegato contra las adicciones, el narcotráfico y el tráfico de personas. Al menos tal es mi interpretación.

miércoles, septiembre 02, 2009

El hombre sin cabeza


Acabo de terminar de de leer El hombre sin cabeza de Sergio González Rodríguez. Un texto de horror sobre México. Un texto real. Histórico. Me impresionó, especialmente, la referencia al Pozo Meléndez, un "agujero" sin fondo por el rumbo de Taxco que sirve, desde tiempos inmemoriales, para "desaparecer" gente. Mi padre, cuya familia proviene de aquella zona, solía hablarnos de aquel pozo cuando, de noche, rumbo a Acapulco, en una carretera maltrecha, pasábamos cerca del lugar. Yo no sabía el nombre. El libro de González Rodríguez vino a ponerle nombre propio a una imagen de terror de mi infancia. Una imagen que se corresponde a una realidad espantosa. Un gran libro.