sábado, octubre 31, 2009

Egoteca

Me dedicaron dos calaveras que, la verdad, me gustaron mucho.

I
Mientras Zagal escribía
su proxima novela
la muerte se reía
y se acercaba con cautela

"¡Con que escribiendo del bicentenario
y desempolvando el Olimpo mexicano,
más vale que yo sea la protagonista
o tu serás el único villano!"

Don Héctor levantó las cejas
y frotando su barba de candado
le contestó: "¡tú flaca ni te metas
que mi libro será un éxito cantado!

"La calaca vio su esperanza rota
de estilizar un relato borgiano,
ella había soñado con matar a Carlota
y con pegarle un susto a Maximiliano

viendo a la muerte enfurecida,
Zagal echó mano de todo su criterio
acordaron juntos una política salida
y escribió un cuento de misterio.

II
Estaba Zagal escribiendo
Inspirado en su estudio
cuando entró la muerte riendo
y se soltó con su preludio

"Héctor tu hora te ha llegado"
entre todos los filosofos y escritores
que durante siglos he secuestrado
ten por seguro que tú eres de los peores.

La muerte sacó un bulto de anticuario;
eran dos volúmenes empastados filigrana
uno era La cena del bicentenario,
el otro La venganza de Sor Juana.

La flaca le pidió a Zagal que los firmara
dispuso su filosa aguja con denuedo,
no contó con que el doctor se desmayara
al ver que pincharían su dedo.

"No te procupes querido Héctor,
allá podrás escribir tu autobiografia
y dedicarte a ser un gran pintor
rodeado de profesores de filosofia"

miércoles, octubre 28, 2009

San Agustín

Me sorprenden gratamente mis alumnos del ITAM. Hoy discutieron con acierto algunos textos de Agustín.

lunes, octubre 26, 2009

PRESENTACIÓN CENA DEL BICENTENARIO UP


domingo, octubre 25, 2009

Al que madruga, Dios lo arruga



Hace algunos años, A. Ll. me dio un consejo sabio que, desde entonces, he procurado vivir al pie de la letra: "Héctor, ya podrás dormir ocho horas al día, si te despiertas antes de que el sol salga, siempre vivirás cansado". Mi dificultad consiste, ahora, en lidiar con las desveladas. A mí venerable edad, me cuesta mucho recuperarme de ellas. Me veo obligado a restringir mi precaria vida social. No suelo parrandear más allá de las dos de la mañana, el justo medio en materia de diversión nocturna: ni muy temprano, ni muy tarde, el acierto exacto. Este fin de semana, sin embargo, admití una excepción aprovechando la confusión del cambio de horario. Hoy domigno pago el precio de haber bebido un par de tragos en el Sodome de Polanco.

Mis amigos caen en uno de los dos extremos del vicio. (Por cierto, no sé cómo puedo mantener tales amistades si, según Aristóteles, los virtuosos solamente podemos ser amigos de otros virtuosos) . Algunos, los menos, se duermen a eso de las diez de la noche, como pollitos; otros, como vampiros, se calcinan con la luz del sol. Contra tales trasnochadores arremete Séneca en la Epístola 122 a Lucilo. La exageración del estoico es evidente, como si él nunca se hubiese desvelado en compañía de su pupilo Nerón:

Reprobable el que yace en el lecho, amodorrado, cuando el sol ya está alto, y comienza su vigilia al mediodía; y aún para muchos es éste un tiempo matinal. Hay gente que ha invertido las tareas del día y de la noche, y no entreabren los ojos fatigados por la orgía de la víspera antes de que la noche vuelva a reaparecer (...) En verdad, es vicio frecuente en los jóvenes que cultivan su energía física, el beber casi en el mismo umbral del baño entre compañeros desnudos; más aún embriagarse y, a continuación, frotarse el sudor que se han provocado con la frecuente absorción de bebidas calientes (...) ¿Preguntas cómo se genera en el alma el vicio de rechazar el día y tranferir a la noche la vida entera? Todos los vicios pugnan contra la naturaleza, todos desertan del orden debido; tal es el propósito del desenfreno: complacerse en la perversidad, y no sólo alejarse de la virtud, sino separarse de ella lo más posible y colocarse luego en el extremo opuesto

Mi frágil condición física me impide complacerme en la perversidad más alla de la una ó dos de la madrugada.... La edad me acerca, peligrosamente, hacia el estoicismo.

miércoles, octubre 21, 2009

frase cogida al vuelo...

La escuché al salir de clase de boca de una estudiante, dirgiéndose a una compañera:
--Voy a hacer pis, ¿gustas?

lunes, octubre 19, 2009

Café des-K-feinado


Ayer por la tarde, en un pequeños foro de la Condesa, vi la obra de teatro Café-des-K-feinado (más allá de insmonio) de Antón Araiza. Me encantó. Ocho monólogos hilvanados por la amargura del café. Diálogos sin intelocutor: una propuesta sobria, sin Deus ex machina. Un abanico de infelicidades que, por fuerza, aciertan en el blanco y cimbran al espectador. Estoy seguro de que no fui el único. En el último de los monólogos, "Café americano", un muchacho relata la muerte de una amiga, quizá su novia. Esta escena me recordó mi primer contacto personal con la muerte, con la muerte de alguien como uno. Durante el año final del bachillerato, además de mi grupo compacto de amigos, trabé cierta amistad con cuatro compañeros: Gerardo, José Luis, Horacio y Arturo. Yo les ayudaba a estudiar y ellos me ayudaban a divertirme. Una magnífica combinación donde ambas partes ganábamos. De vez en vez, ceno con Gerardo, a quien estimo mucho más de lo que él imagina. A José Luis, más tarde diputado federal, lo entrevisté cuando recopilé información para un libro de política. A Arturo le perdí la pista por completo. ¿Y Horacio?

Recien acabado el verano de trancisión entre el bachillerato y la universidad, Horacio cumplió su propósito de ir a estudiar aviación a Estados Unidos. Murió a los pocos meses, durante una práctica de vuelo. Velamos su cuerpo en Gayosso Félix Cuévas. Se le enterró en Mausoleos del Ángel, cerca de CU. En el momento en que el ferétro se incrustó en la pared de mármol, José Luis, de ordinario duro y mordaz, se soltó llorando. Los demás hicimos un absurdo esfuerzo por contener nuestras lágrimas. En mi caso, al menos, un esfuerzo ineficaz, pues más tarde, en soledad, lloré y lloré. Supongo que a los demás les habrá sucedido igual.

Los cuatro compañeros salimos del entierro. Subimos al volkswagen, sedán blanco, de Arturo. No sé quien encendió la radio para llenar el silencio. Sonreímos al escuchar la canción; aludía a Horacio. No puedo acordarme de la letra, seguramente porque, en esos instantes, cualquier palabra, cualquier hecho podía leerse como una alusión a nuestro compañero.

Salí del teatro con un nudo en la garganta. Me presentaron a Araiza. Hubiese querido decirle que la catarsis de Aristóteles funcionó: nos conmovió. En una esquina del foro, una anciana lloraba discretamente.
Frecuentemente, la purgación aristotélica de las pasiones resulta contraproducente: purgar el alma, al igual que el intestino, remedia malestares sencillos. Las infecciones graves requieren antibióticos.

viernes, octubre 16, 2009

Divino Narciso

Mi amigo R. tiene puesta una danza (¿así se dice') en torno al mito del Narciso. Recordé, entonces, que Sor Juana Inés de la Cruz le de la vuelta al mito del Narciso y lo transforma en una alegoría de Cristo. Total, que ayer por la noche, me puse a leer el auto El Divino Narciso. Encontré unos versos impresionantes. Exclama la ninfa Eco:

Ved a Abraham, aquel monstruo
de la fe y la obediencia,
que ni dilata matar
al hijo, aunque más lo quiera,
por el mandato de Dios;

Ciertamente, la palabra "monstruo" del castellano barroco no equivale a nuestro al "montruo" del español actual, aún así es impresionante la expresión, impresionante: para bien y para mal.

lunes, octubre 12, 2009

Tesis, tesis

  1. Sábado por la noche, Crespo, el comentarista, vive enfrente de mi casa. Su esposa mantiene una próspera residencia de estudiantes, un sideline, tan útil en estos tiempo de escasez. Me entero de que agredieron a la señora de Crespo: intentaron arrebatarle su automóvil poco antes de que yo llegara a casa. Hace poco menos de un año asaltaron mi casa, y se llevaron mi agenda y mi computadora....
  2. El domingo por la mañana compré ropa de Springfield. Me preparo para el invierno. Un intento por remontar los últimos resabios del Problema XXX de Aristóteles y el catarro.
  3. El domingo por la tarde bebo una cerveza en un barecillo mediocre de la calle de Amberes. Nada especial. Un lugar limpio y poco más.
  4. El lunes en el desayuno leo con detenimiento a don Miguel Granados Chapa. No suelo simpatizar con algunas de sus posiciones, pero me parece que, como dicen por ahí, "Algo huele a podrido en Dinamarca".Insisto: ¿quien gana con la liquidación de la Compañía de Luz. ¿Será el negocio de alguien? Me temo que sí. Él, Granados, ve algo que yo no alcanzo a comprender del todo. Unto mantequilla a mi cuernito, bebo café cargado y salgo disparado a la Panamericana.
  5. Lunes, diez de la mañana, hablo sobre la verdad práctica según Aristóteles.
  6. Lunes, lunes, lunes, leo tesis, tesis, tesis....una tesis merece todo el respeto del lector, pero consume tiempo, tiempo, tiempo.
  7. Como rápidamente, tengo mucho trabajo, abro el chat y me topo con Rodrigo. Cruzamos unas líneas. Discutimos sobre Tintán. Pienso que era un gran bailarín; Rodrigo, en cambio, no comparte mi opinión. Es lógico, la juventud es una desventaja en los juicios estéticos.
  8. Lunes por la noche, asistó a una magnífica conferencia de Chistopher Domínguez Michael, donde habla del nacimiento del crítico de literatura. Me queda claro que también la academia necesita aire fresco, un cierto espíritu de café, de salón. Domínguez Michael es una bocanada de aire limpio en el entorno encerrado de nosotros, los investigadores. ¡Y pensar que yo fui un ferviente defensor de la academia dura y pura!
  9. Lunes por la noche, veo una vieja película, basada en el libro Matar un ruiseñor. Cuando estaba en secundaria, quizá antes, mi padre me recomendó la novela. Aún la conservo, empastada en rojo, con aplicaciones doradas. Leí la novela durante la carrera, en el curso de doctora Alfonsina Ramírez. Ahora que veo la película me doy cuenta de que los consejos literarios de mi padre siempre han sido atinados. Fue él quien me llevó al Cementerio marino, por ejemplo.
  10. Mañana, martes, revisaré más tesis y consumiré mi vida de esa manera.

domingo, octubre 11, 2009

Melancolía y catarro: fin de semana

    y amo gozar tu juventud, pues tienes encantador carácter

    Anacreonte

  1. Gracias a los buenos oficios de mi amigo Rodrigo, remonté el catarro y la melancolía. Un filete a la pimienta verde, un par de copas de tinto, y un poco de queso con miel de abeja, acompañados de una chara sincera y despreocupada hicieron más que las medicinas.
  2. Además comí con Luis Felipe en el Biwon de la calle de Florencia. Nunca antes había probado este comida coreana. Es deliciosa. Nos sentamos en flor de loto, sin zapatos. La carne asada, con una especie de adobo de soya y verduras frescas es estupenda. Bebimos vino de arroz, como el que describie Marco Polo. Soy incapaz de repetir los nombres de los platillos, sólo me acuerdo del bulbogi.
  3. Revisé una tesis sobre Lévinas.
  4. Intercambié pareceres con mi amigo Enrique de C. sobre la Luz y Fuerza, un rato antes de enterarme de la intervención del gobierno. Frente a ese tipo de intervenciones, hay que preguntarse, como en las novelas de policías, ¿quién gana con la liquidación?, ¿algún empresario-político?
  5. Conocí a Mauricio López, del ITAM, experto en Anacreonte. Me encantaron sus traducciones, estupendamente bien editadas: "y Megistes, el amable (philophron), desde hace diez mes/se corona con mimbres y bebe vino de miel./ y a mí me harás de (mala) fama entre los vecinos./y los sediciosos por toda la isla, Megistes,/ gobiernan la ciudad sagrada/ pues por mis palabras los muchachos me amarían:/encantadoras cosas canto y encantadoras cosas sé decir."
  6. Mis alumnos de ética de la Panamericana me dejaron "plantado". Peor para ellos, se perdieron de una clase sobre la verdad práctica en Aristóteles.
  7. Apliqué examen de Aristóteles en el ITAM.
  8. Charlé con los chicos de la preparatoria sobre el cesaropapismo y la teocracia. Me sorprende su conservadurismo.
  9. Planté a Rubén M. Peor para mí. Me quedaré sin el chisme de la semana.
  10. Conocí a Ignacio P. , bailarín, y junto con él fui al Ángel a ver cómo los mexicanos celebraban el triunfo de México sobre Salvador, mientras el país se desmorona.
  11. He jugueteado con la Sonanita de Rubén Darío y creo que, finalmente, comprendo la ironía: La princesa está pálida en su silla de oro,/ está mudo el teclado de su clave sonoro,/y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
  12. Bebí un whisky con Juan Manuel y me probé un saco de pana.

jueves, octubre 08, 2009

Sor Juana

Estudié la secundaria en una escuela oficial en Coyoacán y Ángel Urraza, en la colonia del Valle. En los cursos segundo y tercero tuve magníficas profesoras; en primero sufrí a un pelmazo entrenado en un colegio militarizado. Martha Quijano de Savorit, de tercero, me inició en el Nocturno de Asunción Silva que, en su opinión, era la mejor manera de aprender a declamar. Hoy pienso que la mejor manera de declamar es callar. La maestra de segundo, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, también era excelente. Me animó a leer a sor Juana Inés de la Cruz. Recuerdo que una vez discutí con ella si una monja, con el voto de castidad a cuestas, debía escribir versos de amor tan encendidos. Mi maestrá insistía en que la condición religiosa de sor Juana no le impedía cantar los amores humanos con vehemencia. Estos días, con ocasión de ciertas letras de un tal Pablo King, he releído a sor Juana. Quedo convencido de que el corazón de aquella monja, esposa de Cristo, deambulaba fuera del convento, como correctamente diagnosticó Octavio Paz . De otra manera no se pueden explicar líneas tan encendidos, tan espontáneos y atormentados. Casi al azar cito:

Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno
el que estés de esta suerte en mi sentido:
que infama al hierro el escorpión herido,
y a quien lo huella, mancha inmundo cieno

Eres como el mortífero veneno
que daña a quien lo vierte inadvertido,
y en fin eres tan malo y fementido
que aún para aborrecido no eres bueno
(....)

Querido lector

Mi egolatría no distingue entre la adulación y el insulto: que hablen mal de mí, pero que hablen. Sin embargo, dado que frecuentemente los anónimos que se colocan en este hermoso espacio de cultural -propicio para el intercambio de ideas y la amable tertulia entre las jóvenes promesas de la intelectualidad mexicana- agreden a terceros, me he visto en la penosa necesidad de censurar tales comentarios. Son ellos, los terceros agredidos, quienes en el ejercicio de su derecho me han solicitado repetidamente que ponga fin al frontón conceptuoso, donde para pegarme a mí, agreden a mis amigos. De esta suerte, si algún anónimo vitupera a personas ajenas a la redaccción de Apócrifos, nosotros (así, en mayestático) no lo publicaremos. Por algo escribí mi celebérrima "Ética de la censura" y en este caso la aplicaré cabalmente.

miércoles, octubre 07, 2009

Catarro

  1. Olvidé mi celular "oficial" en un salón de clases y viví incomunicado durante un par de días. Ayer por la noche lo recuperé.
  2. Compré un par de ramilletes de gardenias, seguramente las últimas de la temporadas, y las coloqué en el baño de mi recámara. A pesar del catarro, pude aspirar su aroma untuoso.
  3. Recibí la llamada de mi amigo Carlos, a quien cada vez estimo más. Charlamos una larga hora.
  4. Felicité a L. por su 37 años de vida. ¡Y pensar que lo conocí cuando él tenía 17 y no había escrito ni un solo libro! Hoy es todo un Scholar.
  5. Por despiste y por gripe "planté" a mi queridísimo amigo S., con quien había acordado comer ayer.
  6. Maté el tiempo de insomnio "chateando" y viendo, al mismo tiempo, un capítulo de Inspector Morse. Me gustan esas series inglesas.
  7. Le recomendé a un par de chicos la lectura de la Cartilla moral de Alfonso Reyes con el propósito de que mejoren su redacción.
  8. Con mis alumnos del ITAM discutimos aquellos pasajes de la Política donde se habla de la clase media. Al final les solté aquella frase de "El mercado no forma ciudadanos".
  9. El catarro y la tristeza van a acabar conmigo. Ni los analgésicos ni los antidepresivos cumplen su función soteriológica; sumergido en la melancolía, me asifixian mis conjeturas y fantasmas. Me temo que no me queda más remedio que comprar un auto nuevo para remontar este terrible mal que me aqueja.

martes, octubre 06, 2009

Mercedes Sosa

Comencé a escuchar a Mercedes Sosa cuando tenía once años y dejé de escucharla cuando entré a la preparatoria de la Panamerica, donde aprendí que el marxismo era perverso y maligno. Una vez acudí al Teatro de la Ciudad de México a escucharla en compañía de mi padre, quien alentaba mis desplantes izquierdosos. Me gustaba especialmente la interpretación que Sosa hacía de Violeta Parra:

Volver a los diecisiete despues de vivir un siglo es como descifrar signos sin ser sabio competente, volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios, eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Tenía un LP con las típicas canciones de Violeta cantadas por Mercedes, y cada vez que lo ponía me sentía haciendo la revolución. Al final, pudo más la burguesía y me coloqué al servicio de la plutocracia. No me ha ido mal, a no ser por mis triglicéridos que rondan los cielos: el resultado lógico de las comidas en restaurantes dizque de mucho postín. No sé que fue de mi colección de discos con canciones de protesta (Carlos Chávez, Soledad Bravo). Quizá en un arranque místico, propiciado por Humerto Armella, el capellán del bachillerato, los rompí y tiré. Lástima. Mis libros tuvieron mejor destino. Doné a la biblioteca de la Universidad Panamericana mi colección de Mao, Lenin y Marx. Supongo que ahí siguen. No sé, en cambio, dónde quedó el poemario de Nicolás Guillén: Dónde fino venado de bosque en bosque en bosque, y en bosque perseguido, bosque hallarás en que lamer la sangre de tu abierto costado...

Como se ve, el catarro me pone cursi.

domingo, octubre 04, 2009

Me desdigo, Novo es muy bueno


Ayer por la noche acabé de leer La estatua de sal y, tal y como me indicó mi amigo J. G., es estupenda, una pieza clave de los escritos autobiográficos mexicanos. Eso sí, diga lo que diga Monsivaís en el magnífico prólogo de la edición de CONACULTA, se trata de un texto muy triste. Aunque algunos de los poemas que vienen al final del texto son francamente divertidos, otros muy amargos. Al final, entre bromas y risas, se cuela la tristeza infinita de Salvador Novo:

La ley de la demana y la oferta
que me ha enseñado su sabiduría
lleva el fácil amor hasta mi puerta.
Y sin embargo, a veces, todavía
sobre el crespón de mi esperanza muerta
vierte su llanto la melancolía.

sábado, octubre 03, 2009

Crápula

  1. El miércoles 30 de septiembre al mediodía comí con Carlos. La comida fue entrañable, hablamos de teología y otros asuntos. Menú: crepas de huitlacoche y pescado a la veracruzana y una copa de tinto de Parras.
  2. Por la tarde del miércoles presenté en una especie de tertulia-conferencia mis libros Gula y cultura, La venganza de sor Juana y La cena del bicentenario en el Instituto Italiano de Cultura. Uno de los expertos ahí presentes suscitó una discusión sobre si la tortilla que comemos acutalmente procede el Caribe; otro sabio, experto en la historia del jitomate, remitió al Timeo de Platón como texto clave para determinar la relación entre ideología y comida.
  3. Tras aquella sesión, Memo, Sofía, Karim y Eduardo cenamos en el restaurante del Instituto. Probé unas formidables berenjenas.
  4. El jueves por la mañana: una conferencia sobre la plástica de los primeros siglos del cristianismo. En mi juventud me agradaba el latín de las ceremonias litúrgicas; ahora me aburre enormemente.
  5. Por la tarde, con mis alumnos de la maestría en la UNAM, continuamos la lectura de la Política de Aristóteles. Nos entretuvimos en leer las demoledoras críticas a la República de Platón. Al terminar el seminario, acudí a un coloquio de poetas jóvenes que tenía lugar en la misma Facultad. Tras escuchar a tres ó cuatro chicos, algunos de ellos premiados, quede convencido de que no soy un mal poeta.
  6. Viernes por la mañana, me reencontré con Ernesto y me estuvo preguntando por decenas de personas que algunas vez pertenecieron a cierta prelatura de la Iglesia Católica. No suelo estar al tanto de tales asuntos. Al mediodía, comenté con mis alumnos del ITAM el pasaje de la Ética a nicómaco donde se explica que trabajamos para tener ocio. Decidí no ir esa tarde a la oficina y acudir a CU a escuchar a Pablo King y otros poetas jóvenes pero, al final, pudo más mi super ego y acabé revisando una tesis doctoral en mi cubículo de Mixcoac
  7. Por la noche, cené J. C. C a Tierra de vinos. La comida resultó muy regular y el vino, bastante malo. Lancé una conjetura sobre las "inversiones filosóficas": Platón, Aristóteles, Kant y Hegel son como fondos de inversión conservadores; esto es, de rendimientos moderados, pero seguros, a diferencia de los filósofos de la cresta de la ola, que suelen dar rendimientos muy atractivos, pero son muy inestables, fondos que pueden devalaurse fácilmente.
  8. Al terminar la cena, fui a otra reunión donde, soslayando las eseñanzas de Aristóteles, me entregué a la vida de crápula y decadencia posmoderna.

viernes, octubre 02, 2009

Los Argumentos de Aristóteles