martes, diciembre 14, 2010

Acapulco y el chilango


El miércoles por la viajé a Guerrero para charlar con tres personajillos del estado. Palabras más, palabras menos, me ofrecieron un empleo en la cultura local. Fue un jueves de largas y nebulosas reuniones. El viernes el chofer de uno de ellos me llevó a Acapulco. Querían que conociera a un par de funcionarios que giran en torno al Fuerte de San Diego. La fortaleza luce restaurada y con cierta prestancia. Como que por este puerto entraba el marfil, la porcelana y la seda que venía de la China a través de Manila.

No acepté el empleo. Hubiese debido vivir en Chilpancingo que no es precisamente París. Sin embargo, como las citas estuvieron salteadas a lo largo del fin de semana, aquello fue un pretexto estupendo para que yo haraganease por Acapulco.

La bahía vive la decandencia más atroz. El "Acapulco viejo", el de las casas alemanistas, es poco menos que una pocilga. Su feísima catedral merece un tsunami. La zona dorada, atestada de barecillos y discotecas venidas a menos, asusta a los extranjeros. Mis anfitriones se empeñaron en llevarme el sábado a cenar langosta que, por supuesto, no comí: en aquellas aguas, las langostas padecen mutuaciones propias de un "alien". Al acabar la cena -en la que opté por la cecina enchilada- me invitaron unos tragos en el pintoresco "Barbarroja" y en el no menos pintoresco "Ibiza". Eran las doce de la noche.

Al otro día, domingo por la mañana, me escapé de mis anfitriones. Visité Puerto Marqués. Se parece a la escenografía de "La risa en vacaciones". Con todo, me subí a una moto acuática y, por unos minutos, disfruté del riesgo y la velocidad. A veces creo que mi verdadera vocación es la de lanchero. Al salir del mar, me compré un coco frío. Hice que lo abrieran en mi presencia, pero lo terminé tirando a la basura, pues imagino que la amibas penetran las cáscara del coco. Tras ese deporte de riesgo (me refiero al coco) deambulé por la Costera. Me entretuve en el mercado de artesanías. Compré un cenicero de plástico con un estrella de mar y un vasito jaibolero con el grabado de un hipocampo. Adornos para mi oficina. A mi señora madre le compré un collar de conchitas y, para mí, una playera con la leyenda "Soy clavadista de La Quebrada". También me surtí de tamarindos con chile.

Luego, deambulé por las calles aledañas de la Diana. Algunas no están pavimentadas. Nunca lo han estado. Regresé a la zona turistíca, caminé nuevamente por la avenida que antaño gozó del favor de la aristocracia mexicana. Ahora está salpicada con Oxxos, donde revolotean los jóvenes que compraban un mezcal barato, uno que venden en botellas de plástico por litro. Como me detuve a mirar con estupefacción aquel desfiguro, uno de los chicos me ofreció un trago de mezcal. Lo beben en unos vasos de unicel con el logotipo de la tienda. No pude rechazar tanta amabilidad. Por poco y pierdo la vista. De hecho, aún no veo bien con el ojo izquierdo ¡Ah la juventud! ¡Cuánto diera por contar con un hígado a prueba de ese alcohol!

Atardecía. Tomé un taxi rumbo a la carretera panorámica. Admiré los vestigios del Palladium, la sofisticada discoteca con vista a la bahía que frecuentaban mis compañeros de preparatoria. Hoy es un "antrillo" de quinta. Así de fácil se desvanece la gloria mundana. Llegué al hotel, el Princess, para cenar. Mis anfitriones me aguardaban en La Tavola. El restaurante es estupendo: huachinango horneado con romero y róbalo al vino blanco. A la hora del café, les pregunté porque el municipio no pavimentaba las calles del puerto. Simplemente levantaron los hombros. Pidieron la cuenta y me llevaron a tomar mi avión.

6 Comentarios:

Anonymous El fantasma de la teología de la liberación dijo...

buu, buu

9:24 a. m.  
Anonymous El fantasma de "y la historia se vuelve a repetir" dijo...

buu, buu

10:25 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

y el sentido de tantas faltas ortográficas cuál es...?

10:01 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

¿Lanchero? Si eres un hombre de ciudad

10:41 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

¿Que leyó en la playa? Siguió con su amigo Fadanelli. Si Fadanelli es malo

11:09 a. m.  
Blogger Armando Virto (alias armandaa) dijo...

Doctor, de nuevo en Acapulco y no me avisa, hahah, nos hubieramos ido a comer unas quesadillas de huitlacoche.
Me agrada su crítica a nuestro paradisiaco puerto. No tuvo la oportunidad de ver el paso elevado "bicentenario"? Fue el gran cierre de la administración de Manuel Añorve, una construcción tercer-mundista que deja mucho que desear a lo prometido en su proselitismo de "un Acapulco de 10".
Ha, pero sobre nuestra catedral, a cual se refería? A la nueva (en construcción) con un diseño que parece sacado de "Un mundo feliz", o a la Antigua de estilo bizantino (a según x la cúpula). En caso de ser la antigua tome en cunta los ingresos de la iglesia durante la guerra cristera.
Las finanzas en la Iglesia particular de acapulco están muy bajas, con decirle que ni para aguinaldos está alcanzando. Se lo digo porque yo trabajo en la Curia de esta Arquidiocesis, gastamos mucho para recibir al nuevo Arzobispo jajjaja, Monseñor Carlos Garfias Merlos.
Como último comentario, no se crea que Palladium está tan pasado de moda,creame. Yo estudio entre preparatorianos burgueses (La Salle)y aún prefieren a Paladillum. Esta en conpetencia con Mandara y El Alebrije, pero siguen prefiriendo a Palladium

7:56 p. m.  

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