jueves, febrero 25, 2010

Remedios naturales

Ayer dormí mejor gracias a un trago de coñac que me bebí antes de meterme en la cama. Menos mal. La noche anterior sufrí una tos digna de la dama de las camelias. Pero aún sigo cansado. Este fin de semana volaré, nuevamente, a Veracruz. Mi dilema consiste en elegir entre regresar de inmediato, tras de dictar la conferencia, o si me quedo un día más para tratar de curar mi resfriado a la orilla del mar. La semana pasada el remedio del trópico no funcionó.

miércoles, febrero 24, 2010

Más catarro

Sigo con catarro. El mundo se va a acabar.

domingo, febrero 21, 2010

Pesimismo

Tos. Cansancio. Catarro. Dolor de cabeza. Constipación. Gripe. Garganta reseca. Todo lo que podía fallar, falló.

lunes, febrero 15, 2010

Carnava carnal




  1. Viernes al mediodía. Salgo del DF por la terminal uno. Como es usal, las pantallas del aeropuerto indican incorrectamenta la hora. Si no son capaces de anunciar correctamente los horarios, ¿serán capaces de dirigir el tráfico? Subo al atestado avión de Mexicana. No sirven cervezas. Tacaños.
  2. Me hospedo en el Camino Real. Sopla el norte. Se respira tierra, una tormenta de arena del Sahara. Siento hambre. Bajo de mi habitación al restaurante. Ordeno media botella de vino blanco. Me lo traen caliente, ni siquiera "al tiempo", sino caliente. Le pido al mesero que lo enfríe. El pobre no sabía que el blanco se sirve frío, especialmente en Veracruz. ¿Y luego nos extraña que nuestros restaurantes no gocen de estrellas Michelin? Pruebo un pescado a la veracruzana, mediocre y caro.
  3. Subo a la habitación. Repaso la teoría aristotélica de la amistad.
  4. Aburrido, caigo en la tentación de ir de compras a Plaza Las Américas. Quiero una guayebera de lino. Precios altos. Es más barata mandarla a hacer a la medida en Casa Cuesta.
  5. Regreso, triste y amargado, al hotel. Enciendo la televisión para ver CSI Miami.
  6. Sábado por la mañana. Doy mi clase sobre Aristóteles. Aprendo de mis estudiantes. Son muy inteligentes.
  7. Mis encantadores anfitriones me llevan a comer a Boca del Río. Como ensalada de pulpo, camarón y caracol y, de segundo plato, un extraviado a al veracruzana, de postre, torta de elote. En el restaurante, un grupo interpreta a todo volumen música pop, mientras en otra esquina del local, una pareja zapatea un baile jarocho. Desde mi mesa observo el río, un parque y, en él, a los voladores de Papantla. Falta el quinto danzante: el que corona el mástil. Una escena digna de Buñuel. Michael Jackson de acompañamiento al rito indígena.
  8. Sábado por la tarde. Asistó al desfile desde las gradas. Escucho las batucadas. Quiero tocar un tambor con ellos. ¿Qué demonios hago escribiendo sobre Aristóteles? Más claro ni el agua. Quiero ser lanchero, lanchero y miembro de la batucada. Organizaré una batucada de filósofos en Mixcoac y el ITAM.
  9. Sábado por la noche. Se acerca el miércoles de ceniza. Me cubriré de sayal y cilicio, así que debo aprovechar el Carnaval. Visito un bar llamado After y, más tarde, otro llamado El Cabaret. Éste último es una placita comercial que, por las noches, funciona como antro. Bebo con moderación. Charlo con Óscar, joven sociólogo de la Universidad Veracruzana, sobre su trabajo. Se especializa en mujeres maltratadas.
  10. Domingo por la mañana. Desayuno picaditas y plátanos con queso. Escribo un texto político sobre el Carnaval para mi blog en MVS.
  11. Domingo por la tarde. Vuelo a México. Al aterrizar, avisan que el equipaje estará en la banda tres. El equipaje aparece en la banda dos, donde se anuncia que llegan las maletas del vuelo de Culiacán. Salgo sin que nadie recoja la contraseña.
  12. Subo al taxi. El chofer escucha el partido del América contra Cruz Azul. Va ganando el América. No podré molestar a Vicente el lunes.

viernes, febrero 12, 2010

La envidia es mala



Estoy furioso porque un funcionario de la Comisión del Bicentenario me borró de la lista de invitados especiales a la presentación del programa de festejos del pasado jueves. Al personaje en cuestión --me lo comentó uno de sus colaboradores-- le molestó mi novela La cena del bicentenario. Allá él. No sabe con quien se mete. Ayer mismo visité a la Señora Samanta para encargarle una salación en contra del tipo. La Secretaría de la Función Pública le caerá con todo su peso en diciembre de 2012. Me lo prometió la señora Samanta.

Para consolarme del desaire, me largo en un rato al Veracruz donde, en medio del carnaval, dictaré una conferencia sobre la virtud de la templanza según Aristóteles. Por la noche, sin embargo, me entregaré a todos los excesos carnales como debe hacer cualquier buen cristiano antes del comenzar el ayuno y la penitencia de la cuaresma.

sábado, febrero 06, 2010

Spleen II

  1. Martes al mediodía. Comí mole blanco en "Azul y oro" de Ciudad Universitaria. No sirven alcohol. El puritanismo laico es peor que el puritanismo religioso.
  2. Martes en la tarde. Me confundí de horario. No llegué a mi clase en la UNAM.
  3. Miércoles. Clase la preparatoria. Algunos de mis alumnos se pusieron "nerviosos" frente a una fotografía del David de Miguel Ángel. ¿Sexualidad reprimida?
  4. Jueves por la mañana. Entregué, finalmente, mi informe al Sistema Nacional de Investigadores. Cada año cambia el formato. En esta ocasión, no se toman en cuenta las reseñas.
  5. Jueves por la noche. Cené en el Colegio Superior de Gastronomía. Estoy preparando una "presentación-performance-banquete" de La cena del bicentenario. Disfruté unos canelones de chicharrón. Tras de aquella deliciosa reunión de trabajo, Rodrigo apuntó: "Deberías de tener tu restaurante, te relajas cuando hablas de comida".
  6. Viernes por la mañana. Volé hacia Veracruz. Merendé en los portales un café con leche y una canilla. Fumé un purito. Caminé. Me divirtió ver los muchachos ensayar las batucadas para carnaval. Eso es calidad de vida. ¡Que espantosa es la vida en la ciudad de México!
  7. Sábado por la mañana. Clases en Veracruz. Definitivamente lo mío es el trópico. Aborrezco el frío.