viernes, mayo 28, 2010

Kansas City...

is a WASP City and the so called Bible Belt is like hell.

miércoles, mayo 26, 2010

Aristotle and New Orleans

Papers on Aristotle. Jazz. Ice. Papers on Plato. The worst beer in ther world. Conference. Cajun Food. Bored Lectures. Rootbeer. S. Ancient Philosophy. Orgies. Drugs. Water. Greek Philosophy. S. Scotch Whisky. More papers on Aristotle. Shopping. Bad coffee. Decadence. Obama. Osama.

lunes, mayo 24, 2010

Las malas lenguas

Yo, por lo pronto, bailo en Nueva Orleans.

Desde el extranjero

Midwest: campos infinitos, gasolineras, McDonald's, agua con hielo.

miércoles, mayo 19, 2010

Monjas coronadas


En una ocasión, Carlos Llano me recriminó que yo tenía "alma de funcionario" y no "estómago de empresario". El gusto por cobrar mi cheque cada quincena sin sobresaltos me definía, en su opinión, como burócrata. Recordé ese detalle, porque el sábado pasado asistí a una fiesta de artistas a casa de Rodrigo. Era el paraíso del freelance.

Conocí, por ejemplo, al crítico de música Lázaro Azar, un individuo conspicuo. Estaba también el coreógrafo José Rivera, quien encabeza, según entiendo, La Cebra. Por ahí andaba la talentosa Alejandra Chacón. Bebí un par de tragos con Eduardo F. Charlé un rato con un joven músico, Carlos Torres, me parece que así se llama. De entre toda la concurrencia, el trabajo de este chico era el más parecido al mío desde el punto de vista del cheque quincenal. Claro que él es un artista; toca el corno inglés y el oboe en la Sinfónica Nacional. Estuvo muy poco tiempo en la reunión. Al otro día tocaba en Bellas Artes la Sinfonía en Re menor de César Franck. Por cierto, esa noché llegué a casa a escuchar a Franck. Hace tiempo que no lo hacía.

Platiqué un rato largo con el pintor Bernardo González. Yo había visto algo de su obra con anterioridad. El tema religiosos está presente en ella. Quizá por eso me gustó.

Total que, en el fondo, envidio un poco el talante de los artistas, el alma aventurera del freelance. Gozan de una extraña libertad. Sin embargo, me queda muy claro que lo mío es la aurea mediocritas, encarnada en el pago quincenal y otras prestaciones de ley.

miércoles, mayo 12, 2010

Chivas vs. Libertad

Ayer volé rumbo Guadalajara junto con A. Como llegué al aeropuerto con bastante tiempo, aproveché para comprar un ejemplar de Letras libres y ver si ya había aparecido mi artículo sobre Samuel Ramos. En efecto, ahí estaba. Un textito donde, de pasada, profetizo el inminente fracaso de la selección mexicana. Lleno de orgullo, le mostré mi publkicación a A. En ese momento se pusieron a nuestros lados dos comentaristas deportivos de un importante canal de televisión. Viajaban a Guadalajara para el juego del Guadalajara contra Libertad.
Mi colega, con una buena dosis de ironía, se acercó a aquellas personalidades:
--Miren, aquí el doctor publicó un artículo cultural sobre el futbol en Letras libres."
El comentarista me saludó con una gran sonrisa:
--Hola Doc, sé es bien importante que los intelectuales se acerquen al futbol.
Por unos instantes, me sentí importate y famoso.
A. insistió malévolo
--Sí.. y se lo publicaron en Letras libres.
--¡Ah que padre! ¿y de qué es esa revista? --contestó el personaje.

lunes, mayo 10, 2010

El entierro

Ayer, abrumados por un sol mordiente, enterramos a Carlos Llano. Asistimos unas cuarenta personas al panteón español. Una ironía en alguien quien, a pesar de su acento, se consideraba tan mexicano. No hubo lágrimas. Sólo rostros estoicos que, con mayor o menor éxito, intentaban disimuar la pena.

Enterrar a los muertos me parece un acto obsceno. Equivale a entregar el cuerpo de una persona querida a los gusanos. El entierro esconde la putrefacción de la pudibunda mirada de los hombres. Significa dejar que la naturaleza haga el trabajo sucio. Alimentamos la voraz fauna cadáverica.

A pesar de que Jesús murió en la cruz , fue preservado de la corrupción del sepulcro. Su Padre, que no le escatimó latigazos ni tormentos, sí que lo preservó de la putrefacción. El cuerpo de Jesús, reza el cristianismo, no se pudrió bajo una lápida. Jesús se valió de la metáfora de los sepulcros limpios y blancos para aludir a la hipocresia. Tras de las piedras pulidas se esconde la carne maloliente.

Encuentro la cremación mucho más humana y cristiana. El fuego purifica. Preserva de la corrupcion. Limpia. Impide que las larvas hediondas aniden en las cuencas de los ojos de nuestros amigos Cremar un cadáver es un acto de fe en el poder de Dios: lo mismo le da resucitar cenizas que restos óeseos. Es un acto de caridad con los deudos y, tal vez, con el muerto. Me alegra que, poco a poco, se vaya extinguiendo la costumbre de enterrar a los muertos.

miércoles, mayo 05, 2010

Filosofía de la empresa, y de la filosofía, una empresa

Sabíamos que el telón caería pronto. El deterioro era evidente y, sin embargo, me cuesta asumir el hecho. Frecuentemente la verdad es inverosímil. Me hubiese gustado llorar a moco suelto, pero las lágrimas no funcionan así. Hace unas horas acabo de asistir a una reunión, donde la gente habló de la muerte del Dr. Llano como si fuese un incidente absolutamente trivial. Recibieron la noticia con la apatía de quien se entera de un golpe de Estado en Gabón o una revuelta en Tailandia. En un primer momento, tal indiferencia me molestó En un segundo momento, ahora que escribo, comprendo que, para ellos, Carlos Llano era una figura abstracta.

A mí, en cambio, me enseñó y me protegió. No fue mi amigo, pues la amistad requiere de una intimidad y un trato que nunca sostuvimos. Probablemente pocos se pueden preciar de haber sido amigos de Carlos Llano; hasta en eso, en los afectos, era un hombre extraordinariamente templado. Casi estoico. Es uno de los pocos rasgos de su carácter que nunca admiré. Llano era terriblemente disciplinado con el uso del tiempo. Esa sobriedad no significaba ausencia de cariño. Lo había. Pero la amistad se teje entre iguales y, muy a pesar de mis libros y de mis éxitos —menudos o grandes, lo mismo da— siempre lo miré como un superior.

A él le dediqué mi primer libro. “A Carlos Llano, que me enseñó a hacer filosofía de la empresa; y de la filosofía, una empresa”, reza la dedicatoria. Él me financió la publicación de mi primer libro de filosofía, el de la inducción en Aristóteles. Según esto, consiguió un donativo de su madre para tal propósito. Y no hace mucho, me ayudó a publicar otro texto de filosofía.

Pienso en el Dr. Llano como un hombre que cultivó la magnificencia, una virtud rara, propia del caballero aristotélico. Carlos Llano era sobrio y austero consigo mismo, jamás tacaño. Hace unas semanas, le ayudé con un discurso. Recibí un pago estupendo, que superó mis expectativas. Así fue siempre conmigo: magnífico.

El año pasado me convidó al San Ángel Inn para comer con un importante funcionario del mundo cultural. Quería hacerme partícipe de sus relaciones. Frecuentemente ponía a mi servicio sus contactos personales. No había en él rastros de egoísmo, ni del espíritu díscolo y envidioso, tan difundido entre los mandarines de la cultura.

Una idea suelta. Recién egresado de la carrera, le pregunté cómo mejorar mi redacción. Me recomendó leer a Azorín, en concreto, Las memorias de un pequeño filósofo. Fue uno de los consejos más útiles que he recibido. Buen consejo para aprender a utilizar el punto y seguido.

Conforme maduré, tomé distancia intelectual de él. Por ejemplo, no le gustó mi libro Gula y cultura; percibió en él un tufillo frívolo. En otra ocasión, le comenté que su posición sobre el divorcio coincidía grosso modo con Horkheimer. Se molestó mucho: “Los católicos tenemos suficientes argumentos y no necesitamos de ellos”, objetó. A pesar de ese amable distanciamiento siguió encargándome pequeños trabajos; enterado de mis necesidades económicas, pude contar con esos ingresos complementarios.

Yo, por mi parte, me comporté como discípulo. Los estudiantes de filosofía saben que continuamente me refería a él en clase. Era --lo seguirá siendo-- un punto de referencia.

Evidentemente, mi actitud crítica iba de la mano del estudio de su obra. Distanciado, sí; pero al mismo tiempo, yo bebía de sus libros. ¡Vaya que le he sacado partido al tema del acierto y la verdad práctica!

A él le debo mi contacto con el queridísimo maestro Fernando Inciarte de la Universidad de Münster. Ambos habían coincidido en el Colegio Romano del Opus Dei. Se admiraban mutuamente. El caso es que yo pretendía doctorarme en Alemania. Ni siquiera había concluido la licenciatura y el Dr. Llano se movió para contactarme con Herr Professor. Literalmente, Llano me abrió las puertas de Münster. Eso sería motivo suficiente para estarle agradecido.

Más tarde pretendí estudiar con Eduardo Nicol en la UNAM, algo prácticamente imposible. Llano intentó abrirme un espacio en el seminario de este profesor. Al final abortamos la gestión por otros motivos: la filosofía analítica me había embelesado.

Cuando me sentí filósofo de la empresa, le consulté sobra la conveniencia de conseguir un coautor para escribir un libro de ética de los negocios. Su respuesta me fulminó. Él se ofreció a ser coautor conmigo. Publicamos en Trillas. Él mismo me llevó con uno de los señores Trillas para presentarle, de parte de los dos, nuestro manuscrito. Cuando el libro se publicó, en el lomo sólo apareció el apellido "Llano" —en portada, por supuesto, luce el “Zagal” emperifollado con el “Llano”. Le escribió, entonces, una carta indignada al editor por ese minúsculo desprecio hacia mi persona.

Otro recuerdo. Yo era estudiante de la licenciatura . Él era rector de la Panamericana y mi profesor. Le pedí una cita para hablar de filosofía. Supongo que lo busqué para discutir sobre los posibles temas de tesis. Me interesaba el principio de no contradicción. Me recomendó estudiar el teorema de Gödel, del cual entendí muy poco. Llano me regaló un libro sobre el tema. Típico gesto suyo: facilitar el material de investigación.

Durante esa entrevista le pidió a Josefina, su secretaria, un expediente. Ella le contestó que no lo encontraba. Llano, de una manera firme, muy a la española, le ordenó: “¡pues búsquelo!”.

A los pocos días recibí una llamada de su oficina. El rector quería verme de nuevo. Acudí a la cita con curiosidad. “Héctor, te busqué porque quiero que sepas que hice mal, que la otra vez traté mal a la secretaria, y quiero que sepas que no se trata así a la gente”. Aquello me conmovió hondamente. Yo era un escuincle de 21 años.

Al final del día, caigo en la cuenta de que era un gran maestro: me apoyó, me animó, no me asfixió ni me convirtió en su sombra. Precisamente por ello pude disentir con él en tantos puntos. Podría contar más detalles, pero no quiero dormirme sin publicar, hoy, el día de su muerte, esta nota. Dr. Llano, muchas, muchas gracias por todo.

Murió Carlos Llano

Me acabo de enterar que hace unas horas murió Carlos Llano en Miami de un infarto.

sábado, mayo 01, 2010

Final de mes


  1. Miércoles 28 de abril. Grabación en TV. Discutí con Adolfo C., Carlos I. y con mi amigo Guillermo H. sobre la identidad nacional. Me impresiona la avasallante erudición de Adolfo, así como su español, meticuloso y fino, combinado con un elegante sentido del humor. Tras cincuenta minutos de conversación grabada, concluímo que las identidades nacionales --si es que existen-- son terriblemente borrosas. Al finalizar el encuentro, el maquillista me quitó los kilos de polvo que, una hora antes, había puesto sobre mi brillosa calva. Mi visita al foro despertó mi vergonzante anhelo de convertirme estrella de telenovelas.
  2. Jueves 29 de abril. Leí tesis. Atendí estudiantes. Disfruté del calor, muy a pesar de la ridícula corbata que usamos los esclavos de la burguesía. ¡Recibí una llamada de una cadena de televisión proponiéndome actuar como sex symbol! Rechacé la propuesta, porque me exigían exclusividad laboral. Por la noche, cené con Rodrigo G. y con Antón A. para evaluar la puesta en escena de mi obra de teatro. El saldo resultó positivo. Seguimos adelante con el proyecto. Comí pasta con corazón de alcachofas en La casa de Italia. A falta de champán, brindamos con un excelente vino espumoso seco y rosado.
  3. Viernes 30 de abril. Cobré mi quincena. La utilicé para pagar la cena de la noche anterior. Los impuestos y las comidas en restaurante devastan mi economía. Cené con Jorge M. Charlamos sobre la crisis actual de la iglesia, mientras comíamos pan con anchoa. El tema del ecumbrimiento de pederastas en la Iglesia es terriblemente espinoso para quienes quedamos atrapados entre dos fuegos: los más conservadores y los más liberales. Jorge es, sin duda, un filósofo inteligente, uno de los más inteligentes que conozco. Despúes de la cena, bebí una cerveza con Adrián en El Monarca.
  4. Sábado 1 de mayo. Por la mañana, acudí al zócalo a apoyar al SME. El recibo de luz de mi casa llegó altísimo. ¿No iba a resultar más barato? Practiqué bicicleta estática. Cené con Pablo R. en el restaurancillo del hotel Habitat: torta de cochinita pibil y una copa de tinto mexicano. Como en otras ocasiones, me quedo gratamente impresionado de Pablo. En verdad que soy afortunado al haber sido profesor de estudiantes tan buenos como Pablo, Jorge, Luis Xavier, Fernando, Sergio, Eduardo y un largo y tupido etcétera.
  5. Domingo 2 de mayo. Nada especial. Desayuné con la familia.Calcé sandalias. Vestí guayabera. Perdí el tiempo. Leí a Juan Villoro. Tomé un café con Orlando.