viernes, agosto 27, 2010

Chancro sentimental

No sé por qué me ha dado por leer poesía de un mes para acá. O mejor dicho, sí que lo sé, pero no lo confesaré aquí. En mi biblioteca escasean los libros de poesía, ni siquiera abundan los clásicos latinos, así que suelo rumiar los mismos versos: Villaurrutia, Pellicer, Cuesta. Gorostiza. Hurgando más a fondo entre los estantes, encontré una antología de José Asunción Silva. De inmediato busqué el nocturno aquél "Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de alas (...)". Le encantaba tanto a mi maestra de tercero de secundaria, que me lo aprendí de memoria. Martha Quijano de Savorit --así se llamaba- pensaba que recitarlo con voz grave y profunda servía para aprender a declamar, especialmente los versos:

Y era una
Y era una
¡Y era una sola sombra larga!
¡Y era una sola sombra larga!
¡Y era una sola sombra larga!

Estaba en lo cierto. Sin la entonación y el timbre adecuado, desaparece el la encantadora cadencia de estas líneas. Por supuesto, nuestra voz chillona de adolescentes destrozaba la música de la letras. Con todo, mi querida maestra se esforzaba en domesticar nuestras inteligencias infestadas de alucinantes hormonas. Tenía razón al alejarnos de los empalagos versos de Amado Nervo, aún de moda en aquellos años.

Lo que Quijano nunca nos mostró fueron los poemas cáusticos de Asunción Silva. Pienso, por ejemplo, en la deliciosa estrofa final de "Psicoterapéutica":
(....)
De los filósofos etéreos
huye la enseñanza teatral
y aplícate buenos cauterios
en el chancro sentimental

En "Enfermedades de la niñez", Silva emula a Anacreote. Tras describir la primera experiencia amorosa de un jovencito al modo de un romántico, el poeta dispara a quemarropa:
(...)
Y el éxtasis divino
que soñó con delicia
lo dejó melancólico y mohino
al terminar la lúbrica caricia.
Del amor no sintió la intensa magia
y consiguió... una buena blenorragia.

miércoles, agosto 25, 2010

Bipolar

"A menudo, y mucho, he reflexionado conmigo mismo esto: si la riqueza del decir y la suma dedicación a la elocuencia han traído más de bien o de mal a los hombres y a las ciudades"
Cicerón

Llueve ligeramente: un magnífico pretexto para sacar la gabardina. Leo tres sonetos religiosos que me entrega un estudiante, los encuentro de magnífica factura. Con el placet del médico, rompo la abstinencia de alcohol. En clase comento un pasaje de República, donde se habla del intemperante Leoncio. Participo en el tribunal de una tesis de maestría sobre Rawls; aprendo de la discusión. El jardín de mi casa luce intensamente verde, con una intensidad que no se consigue a fuerza de riego. Disfruto enormemente un relato breve de misterio: La noche de Camberwell de Jean Ray. Reviso De motu animalium. El tratamiento contra el pie de atleta parece estar funcionando y la dicha me inunda. Recibo una invitación para visitar París en diciembre. Me congratulo de que D. y G. ganaron su beca para Inglerra. Mi querido amigo P. me escribe desde Londres, donde consiguió un empleo de primera.

sábado, agosto 21, 2010

La vida es un asco

Los días discurren con una monotonía abrumadora. Reuniones, formularios, dictámenes, lecturas, clases, conferencias, correos, citas. Cada vez tengo menos tiempo para mis amigos, menos estómago para las comidas, y menos dinero para mis pequeños caprichos. La ciudad de México --la que defendí tanto-- simplemente da asco. Es inaudito que los microbuses circulen por las calles en las noches con las luces apagadas, sin que la policía intervenga. La gente piensa que escribir es "no hacer nada", que uno puede escribir sin esfuerzo. Mi agenda se complica. La tengo llena. ¡Pero si no soy nadie! Quizá por eso no tengo tiempo. Las personas ricas y poderosas cuentan con legiones de choferes y secretarios. No necesitan ir al banco a depositar un cheque, no hacen fila en la Secretaria de Hacienda para pelear la devolución de unos cuantos pesos. La semana pasada planté a un amigo. Simplemente no consulté mi agenda. La mesa preparada y yo ausente. Me mentó la madre. Le doy la razón. Al modo de karma, me dejaron plantado al siguiente día. Me enojé. Otro día, ¿el jueves?, olvidé mi computadora y me vi obligado a dar una clase sin mis apuntes. Me pidieron un texto que me interesa mucho; no acabo de dar con el enfoque adecuado. ¿Inspiración? Tal vez. Necesito un trago de whyski (¿así se escribe?). El médico me preescribió una medicina: veinte días sin alcohol. En el estrecho estacionamiento de la Panamericana, una vez más, me rayaron el coche. No, no fue un alumno rencoroso; fue uno de los típicos accidentes que suceden donde los cajones para estacionarse fueron diseñados para un Topolino de los años cincuenta. Leo poesía. Empalagosa. Desde San Juan de la Cruz hasta Xavier Villaurrutia. Hoy toqué a Pedro Salinas. ¿Síndrome de abstinencia? Como llueve, el periódico llega mojado a la mesa del desayuno. Se descompuso la jarrita prensa donde preparo el café. Me veo obligado a beber el inmundo potaje filtrado a la americana. Me urgen ir a la playa. A un bar. A Europa. A Brasil. A la luna no, porque debe ser muy aburrida. Papeles. Exámenes. Triglicéridos. Charcos. Olor a perfume barato. Adolescentes bobos que juegan "al malo". Académicos sabios y eruditos. Banqueros sinvergüenzas. Mexicana está quebrando. ¿Qué demonios haré con el boleto que compré para Chicago? Un tipejo intriga torpemente contra mí. Me da pereza su cotilleo palaciego. Otro más listo intenta conseguir un favorcillo. ¿Cómo si pudiera darle algo? ¿Cómo si no me diera cuenta de sus argucias? Rechazo una invitacion la Riviera Maya. No, no puedo dar esa conferencia. Pienso en Aristóteles. Releo las traducciones de Gómez Robledo. No me parecen malas. ¿Debo ir a la cena de gala del Bicentenario? Me parece que no. No, no debo. Me comprometería. Alguien intenta leer mis correos. Cambio la contraseña. Un compañero de viejos tiempos, me comenta que alguien escucha mis llamadas en el celular. Me da lo mismo. No será la primer vez que algún imbécil usurpe mi nombre. Ni que yo contara cosas tan importantes. Los episodios de detectives ingleses pasan en la televisión a las once de la noche; demasiado tarde para enterarme del final. Necesito más pastillas. Una de la felicidad. Preferiblemente una sustancia inyectada, para que haga efecto rápido. No le creo nada a mi psicoanalista. Una persona que no puede receterme algo para dormir, no es digno de confianza. Regresaré con el psiquiatra. O mejor aún, con el neurólogo.

lunes, agosto 09, 2010

Lunes productivo

No estoy seguro de lo que digo/ -el tiempo gasta voces, tintas, cantos, letras.

Eduardo Lizalde

  1. Leí un manuscrito magnífico: Los usos del pasado, de mi maestro y amigo C. P.
  2. Revisé una tesis sobre el llamado "principio de doble efecto" en la escolástica. Muy buena
  3. Probé pétalos de rosa cristalizados. No me gustaron.
  4. Me corté el cabello. Estoy calvo.
  5. Me entretuve con algunos poemas de Eduardo Lizalde.
  6. Escribi un texto frívolo y superficial sobre el manchamanteles poblano.
  7. Coloqué las poesías de san Juan de la Cruz al lado de mi cama


sábado, agosto 07, 2010

Inicio de clases


Sin un cuento cada día, como tode el mundo, el Sultán se hubiese muerto. Scherezada, amenazada de muerte, lo salvo muchos años. Si ella no cumple, él hubiese perecido antes. Decapitarla era suicidio. Luis Cardoza y Aragón


  1. Miércoles 4 de agosto. Por la mañana escribí, estudié, llené formularios. Entregué mi sangre a la burocracia. A media tarde, charlé con un colega sobre religión. ¿Me iré al infierno? Más tarde, con una copa de Ribera del Duero de por medio, discutí con un profesor de la Escuela de Medicina de Panamericana sobre la convenciencia de comprar libros de papel para la biblioteca. Él piensa que ya no hacen falta, pues sus estudiantes prefieren los textos electrónicos. Por la noché, bebí algunos tragos para despedir la soltería de Mauricio.

  2. Jueves 5 de agosto. Hablé sobre la falacia naturalista en clase de ética; espero que nadie me vaya a malinterpretar. Más tarde, asistí a la degustación de la próxima Cena del bicentenario en el J. W. Marriot: tacos de pato con salsa de jamaica, panuchos de cochinita, tacos de chilorio en tortilla de harina, dobladitas de maíz azul rellenas de huitlacoche, crema fría de aguacate con sandía y gotas de tequila, troncho de huachinango a la talla con guarniación de moros con cristianos y plátano macho, manchamanteles poblano, dulce de zapote con mandarina, helado de mamey, dulce de pepita, tequila, blanco de Baja California, tinto de Parras, y licor de pasito poblano, café de olla y chocolate batido en agua. Discutimos el menú largamente. Despúes, grabación de programa de radio y, para cerrar el día, una cerveza en S. Conclusión: indigestión nocturna del cuerpo y del alma.

  3. Viernes 6 de agosto. Clase con los estudiantes de primero de filosofía. Sólo una persona fue capaz de ennumerar cinco premios Nobel de Literatura. Me enteré de que el Canal de Suez está en Tailandia y de que Dalí pintó Las Meninas. Por la tarde, comí con Oswaldo en El Bajío. Luego, vimos El origen, pues me encargaron reseñarla para un diario. Me divirtió, si bien me parece que es un refrito de Matrix. Luego, una cerveza en X.30.

  4. Sábado 7 de agosto. Por la mañana, desayuné cecina ecnhilada en Los Pinos con Felipe. Le expliqué que la única manera de salvar a este país es legalizar las drogas y prohibir el futbol. Lógicamente, rechazó mi plan. Por la tarde, transmití en vivo mi programa de radio. Me temo que, ahora sí, irremediablemente, me dedicaré de lleno al mundo del espectáculo. Me ofrecieron el papel de obispo en una telenovela colombiana. Por la noche, es decir, ahora, leo poesías de Torres Bodet. Son un poco empalagosas, pero me gustan.

martes, agosto 03, 2010

Fin de verano



  1. Viernes 30 de julio. Vi Eclipse. Definitivamente prefiero a los vampiros de la vieja escuela, de los que se retuercen frente a un crucifijo.

  2. Sábado 31 de3 julio. Una revista cultural me encargó una reseña del homenaje en el Teatro de la Ciudad al bailarín José Rivero Moya. Invité a Oswaldo, un muchacho, inteligente, de los que no necesita protegerse debajo de un manto de erudición. "Qué te pareció?, le pregunté. Él respondió con desparpajo : "Los bailarines de los videos de Lady Gaga están mejor sincronizados. Me cagan los artistas que no ensayan". Insistí: "¿Y el concepto?". El chicho respondió sin ningún miramiento. "Prefiero las coreografías de Cabaretito". Así las cosas, y dado que yo soy un ignorante en custiones de danza, decliné la invitación de la revista.

  3. Domingo 1 de agosto. Por la mañana, en cuanto despuntó el sol, salí disparado a comprar un CD de Lady Gaga. Jamás la había escuchado. Al día de hoy, he escuchado unas trescientas veces Bad Romance. ¡Me gustó!

  4. Domingo 1 de agosto. Por la tarde vi Scheck 4. Maté las pocas neuronas que me quedaban. Lo mejor del cine fueron las palomitas.

  5. Lunes 2 de agosto. Inicio de clases. Me enternece la ingenua ilusión de los estudiantes de primer ingreso sea cual sea su carrera.

  6. Lunes 2 de agosto al mediodía. Odio el nuevo sistema de créditos de la Panamericana. Soy un profesor al servicio de People Soft.

  7. Lunes 2 de agosto por la tarde. Junta con el productor y el director de La cena del bicentenario.

  8. Lunes 2 de agosto por la noche. Estudio el libro de Hernández Pachecho sobre el romanticismo. Quiero releer a Novalis.

  9. Martes 3 de agosto por la mañana. Sigo intentando sincronizar mi BB (Black Berry, nada de malas interpretaciones) con mis correos. Imposible. Estoy a punto de regresar a la agenda Moleskine.

  10. Martes 3 de agosto al mediodía. Clase de ética. Hablaré de Aristóteles.

  11. Martes 3 de agosto. Comida en el Gourmet del Universum de la UNAM. Nada especial.

  12. Martes 3 de agosto por la tarde. Una interesante charla sobre el Protágoras, el Gorgias y Filebo. Confundí República I con República IX. Creo que debo de jubilarme ya. En mis buenos tiempos, eso le hubiera costado un cinco a uno de mis estudiantes.