viernes, abril 22, 2011

Alazrraki y Juan Pablo II

Qué malo es el libro de Valentina Alazrraki sobre Juan Pablo II. Simplemente es un copy paste del libro que escribió el postulador de la causa de beatificación. Incluso hay divergencias importantes entre este libro y alguno otro de la misma autora, por ejemplo, en lo relativo a Pinochet.

29 Comentarios:

Anonymous Los que mandan dijo...

Déjate de pendejadas y mamadas. Ponte a escribir lo que te pedimos, ni letras más ni letras menos. No andes de pinche rezongón.Acuérdate que en nuestras filas no contamos con pensadores independientes u originales, sino soldaditos. No te indisciplines wey, sabemos de tus pinches limitaciones.

12:54 p. m.  
Anonymous estamos reunidos y hablando de ti dijo...

otra vez poniéndote necio y queriendo "darle a la mosca por el culo", como dicen los franceses. Mira, tú sólo tienes que decir dos cosas:
1) Juan Pablo II no sabía nada de los sacerdotes pederastas, menos aún de Marcial Maciel.
2) Echarte el rollo de las peticiones de perdón por los siglos de oscurantismo y por la achicharrada de pocos pelos a Giordano Bruno.Insiste en que no fue show ni oportunismo o que ya no había de otro. No comentes nada de cómo se molestó la comisión de investigación científica sobre el caso Galileo por cómo quedó al final el reporte, al gusto de Juan Pablo II. Acuérdate que Galileo tenía razón en fé, pero la Inquisición tenía razón en ciencia.No preguntes más.
Ponte ya a escribir y no estés chingado. Esto es estrictamente confidencial. No lo publiques.

3:25 p. m.  
Anonymous "Quien escandalizare a uno de estos pequeños..." dijo...

Tanto peca el que mata la vaca como el que le amarra la pata.

4:19 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión remix dijo...

:-)

4:21 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión ya chole (Roberto Carlos ya ruquito) dijo...

chido

4:24 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión sexi (a trío con otro ruco y una bella brasilieira) dijo...

fiu fiu, mamacita!

4:27 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión karaoke para las fiestas dijo...

Para las "fiestas" del Dr. Zagal con sus cuates y colegas, ahora el día de la beatificación...

4:29 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión original dijo...

en portugués, pero se entiende.

4:34 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión amarillo chiclamino dijo...

tú eres realmente el más cierto de horas inciertaaaas!
laralaralaralara

4:37 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión para el día de la amistad (para el cuate que se nos ha ido) dijo...

snif, snif

4:40 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión para contentar a la novia dijo...

antes de que nos den el cortón!

4:42 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión orquestal dijo...

Especialmente para los amantes de la música en el Banquete del Dr. Zagal.

4:45 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión a duo (Roberto Carlos y Erasmo Carlos) dijo...

Grandes cantautores brasileiros y amigos del alma.

4:49 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión Rap Remix dijo...

cool

4:51 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión para el mejor amigo del hombre dijo...

guau, guau

4:52 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión para el ojete de mi jefe dijo...

culeeeero, culeeero

4:56 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión tarjetas postales dijo...

cómpralas en tu librería favorita.

4:59 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión idiota sin gracia dijo...

ja ja ja...

5:04 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión mexicana chingonsísima dijo...

dedicada a todos nuestros compatriotas., viva México c...!

5:09 p. m.  
Anonymous "Amigo" en versión de futuro Prepo UP dijo...

perfil: Prepo UP y estudiante de filosofía en la UP (con beca-crédito)

5:11 p. m.  
Anonymous ji ji ji (primera parte para informarte sobre la dizque "petición de perdón" del flamante beato) dijo...

Este es el tercer libro, tras Galileo en Roma (2003) y Galileo Observed (2006), que Artigas y Shea escriben sobre el caso Galileo. En realidad, el presente libro es una ampliación de Galileo Observed y en ambos se repiten las tesis sustantivas de Galileo en Roma. Estos dos autores opinan que, aunque hay numerosas publicaciones sobre el caso Galileo, muchas contienen «no pocas inexactitudes» (p. 13), «en la opinión pública hay mucha confusión y desinformación» (pp. 11 y 13) y se proponen distinguir escrupulosa, serena y objetivamente entre «mito y realidad».
El «mito» fundamental y subyacente que Artigas y Shea quieren combatir es que exista un conflicto sustantivo entre ciencia y religión. Señalan como grandes culpables de ese mito a John D. Draper y Andrew D. White, dos autores del siglo XIX. En realidad, White niega esa tesis y acusa a los teólogos dogmáticos, católicos y protestantes, de haberla inculcado con sus excesos, perjudicando así tanto a la ciencia como a la religión1. Pero el falseamiento de las tesis de White es una constante entre los estudiosos que niegan la existencia del conflicto. Convencidos, al parecer, de que el espectador de la obra de teatro Vida de Galileo de Bertolt Brecht, «tiene la sensación de que no se encuentra ante una obra de ficción» y de que «Brecht pretende ajustarse a la historia» (p. 106), Artigas y Shea dedican ¡más de noventa páginas! a señalar las inexactitudes históricas del dramaturgo que, naturalmente, son muchas. En cambio, Arthur Koestler, aunque exageraba mucho contra Galileo, según Artigas y Shea, acertó en lo esencial: el conflicto fue evitable y circunstancial y, efectivamente, el «carácter difícil» de Galileo y su «vanidad» lo llevaron a una innecesaria provocación de los jesuitas –aunque Koestler «afirma demasiado fácilmente que los jesuitas se convirtieron en implacables enemigos de Galileo», «no está claro», sentencian nuestros autores (p. 90)– y, con su «empecinamiento», Galileo en buena medida «consiguió lo contrario» de lo que se proponía, esto es, que condenaran la teoría copernicana (pp. 35 y 80).
Como explicación justificativa de esa «triste y lamentable» condena, Artigas y Shea insisten en la importancia del hecho de que Galileo no tenía pruebas de la teoría copernicana: lo repiten más de treinta veces, siete de ellas en sólo dos páginas, 32 y 33. Curiosa justificación para la condena de una teoría y para sentenciarla como «falsa». Y, ¿acaso el geocentrismo-geoestatismo sí que fue probado? Por otra parte, aducen de modo igualmente reiterativo que las autoridades de la Iglesia «no se daban cuenta de que estaba naciendo una nueva ciencia que iba a transformar la historia de la humanidad. Galileo lo sabía» (p. 288). No, Galileo tampoco era profeta. Y, anacronismos al margen, todas las obras de Galileo y las de sus oponentes constatan explícitamente que se trataba del enfrentamiento de dos filosofías naturales.
Por otra parte, Artigas y Shea rechazan con razón la débil argumentación de Italo Mereu al afirmar que Galileo fue torturado físicamente. Además, repiten incansablemente –siete veces en cinco páginas (152-157)– que Galileo no estuvo en la prisión inquisitorial, sino en arresto domiciliario. No obstante, negar que fuera «tratado con cruel severidad el resto de su vida» (p. 37), ya es más difícilmente aceptable.

2:19 a. m.  
Anonymous ji ji ji (si tienes huevos para responder, responde con argumentos, es lo que decías en tu programa de radio sobre Platón, y todavía falta más wey) dijo...

Pero Artigas y Shea van mucho más allá y convierten a la Iglesia en la víctima real del caso, con afirmaciones que, más que describir los hechos, manifiestan crudamente su escala de valores: «La condena del copernicanismo en 1616 fue cosa de poco tiempo. El proceso de 1633, aun contando con las demoras que sufrió, duró solo unos meses. [...] El proceso, la abjuración y el posterior confinamiento domiciliario son hechos tristes, por los cuales la Iglesia católica sigue pagando un precio muy alto» (p. 270). «La ciencia sufrió poco [...]. En cambio, la Iglesia, que parecía salir vencedora, ha tenido que sufrir, durante muchos siglos, la acusación de ser enemiga de la libertad de pensamiento y del progreso científico» (p. 345). Esa acusación sería «el mito».
En su apostolado, Artigas y Shea no sólo aceptan y justifican en lo esencial la versión oficial del caso que Urbano VIII construyó a su conveniencia en la sentencia –que expondría «la realidad»–, sino que van incluso más allá. Según estos autores, Galileo no sólo mintió y engañó al papa, sino que éste, a pesar de sentirse ridiculizado por Galileo, quiso ser benévolo con él. Pero los cardenales «no eran tontos» (p. 205) y, dado que Urbano VIII no quería «actuar contra su juicio unánime», tuvo que aplicar una condena severa. En realidad, en 1624, Urbano VIII conoció y no se opuso a la Carta a Ingoli de Galileo, en la que éste defendía el copernicanismo. El proemio del Diálogo, que expone ampliamente las condiciones que el texto debía cumplir para su publicación, es un remedo del planteamiento hecho por Galileo en la Carta a Ingoli y fue impuesto por el papa a Galileo. Pero Artigas y Shea simplemente silencian estos hechos y, al comentar la gestación y publicación del Diálogo, zanjan la cuestión diciendo que «No existía ningún acuerdo con las autoridades de la Iglesia» (p. 190). Lo cierto es que, en su explicación psicologista de la actuación y los motivos que animaron a Urbano VIII, Artigas y Shea simplemente ignoran los hechos y la investigación –no sólo la más reciente– sobre el tema. Hoy está bien establecido el protagonismo del papa en todas las etapas del proceso, y que el problema respecto al argumento de la omnipotencia divina no consistía sólo en que hubiera sido puesto en boca de Simplicio, el personaje necio de la obra. Dicho sea de paso, Andrew D. White se mostró muy sagaz en este punto al afirmar que Galileo puso el argumento en boca de Simplicio y su refutación en boca de Salviati, y el hecho de que Artigas y Shea afirmen simplemente que «no es verdad» y deduzcan de ello que «habla de oídas y no conoce el libro de Galileo» (pp. 52-53), sólo acentúa la gravedad del hecho de que ignoren la investigación –baste mencionar los artículos de Luca Bianchi– realizada al respecto.
Se trata de un libro excelente para conocer la postura apologista radical, sólo a un paso de trabajos como los de Marino Marini o de Walter Brandmüller, el inspirador de las conclusiones (1992) de la comisión pontificia para el caso Galileo, que Artigas y Shea defienden con fervor en el último capítulo, en contra de la comunidad de historiadores.
(Antonio Beltrán Marín)

2:22 a. m.  
Anonymous Si vas a escribir sobre el "beato" contraargumenta dijo...

Ya no más puntos y seguidos dizque a la "Azorín", sin "porque", "puesto que", por consiguiente", "sin embargo", "no obstante". Si vas a defender al "beato", argumenta como doctor en filosofía.

11:18 a. m.  
Blogger Armando Virto dijo...

Al que escribió los comentarios anteriores: Hablas como Satanás...

12:15 a. m.  
Blogger Armando Virto dijo...

sda

12:15 a. m.  
Blogger Armando Virto dijo...

dssadsd

12:15 a. m.  
Anonymous Brian Van Schwarzchild dijo...

Hola Dr., honestamente si me deja pensando lo que escriben los anónimos (a su manera). Algunos científicos protestaron contra el modo como el Cardenal Poupard y Juan Pablo II asumieron las conclusiones de la Comisión que investigó el caso Galileo. Juan Pablo II pidió perdón,ciertamente, pero exponiendo la llamada tesis del "error mutuo", es decir, que Galileo no tenía pruebas concluyentes del movimiento de la tierra, mientras que la Inquisición defendía una exégesis bíblica que se entrometía en la ciencia.
Así, Galileo habría errado en ciencia, ofreciendo argumentos no concluyentes,pero habría acertado en materia de exégesis, al insistir en que la Biblia no pretende instruirnos sobre la ciencia. La Inquisición habría errado en materia de exégesis, pero habría acertado en no aceptar las hipótesis de Galileo como concluyentes (que sólo serían tal a la luz de la teoría newtoniana de la gravedad).
Pero parece, según conocedores de Galileo, que esto no es cierto. A raíz de su discurso Juan Pablo II habría vendido la imagen de unos sres. de la Inquisición como discutiendo en buena lid argumentativa con Galileo, exactamente al mismo nivel de práctica del método experimental y contraargumentado a favor del geocentrismo, lo cual sería una gran falsedad. Por eso, detrás del espectáculo del perdón por parte de Juan Pablo, habría una Iglesia empecinada en distorsionar la verdad histórica. Y esto es lo que se quiere hacer creer a los alumnos de la UP, dicho sea de paso (hasta acá al norte llegan las malas lenguas).
Esperamos su intervención en un artículo sobre la beatificación de Juan Pablo II Dr. Ud. ha escrito ya sobre como católicos ignoran las peticiones de perdón de la Iglesia. Muéstrenos, por favor, que no se trató de darnos atole con el dedo.
Por otra parte he visto la película sobre Giordano Bruno en youtube. Por favor, ilústreme, porque eso estuvo retefeo.

Saludos

7:17 a. m.  
Anonymous toma y lee dijo...

...

4:59 p. m.  
Blogger Maflo dijo...

Que bueno que beatificaron a Su Santidad. Hizo más que todos los que escribimos respuestas idiotas en los blogs juntos. Y todavía cuestionan algunos tarados que lo beatifiquen porque .... pidió perdón (!!!!!). Estos comunistas ateos son rete imbéciles.

3:53 p. m.  

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