domingo, mayo 15, 2011

Domínguez Michael hoy en Reforma

El artículo de Chistopher Domínguez de hoy en El Ángel de Reforma es magnífico: no tiene desperdicio. Trata sobre el tema de la violencia.

domingo, mayo 08, 2011

Mi tía Carmela

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo

Jorge Luis Borges, Los justos

Ayer murió Carmen Zagal, hermana de mi padre: la tía Carmela. Siento no haber podido acompañar a mis primos durante la agonía de su madre. Hoy asistí al velorio en Gayosso de Santa Mónica. En la sala estaban también otros Zagales; somos más de treinta primos.

Recuerdo a mi tía Carmela y a su marido Enrique Inclán como una pareja ejemplar. Vivieron en Santa María la Ribera: una casa modesta y limpia de principios del siglo XX. En el patio había un enorme árbol de hule dentro de un bote de lata. El barandal de la escalera estaba pintado de rojo. Esos son mis primeros recuerdos. Con el paso del tiempo, se cambiaron a una casa por el rumbo de Naucalpan.

Nadie es perfecto, pero ejemplar sí. Y mis tíos, así me lo parece, sí que lo eran: trabajadores, afables, pacientes, entregados, ordenados, sobrios, generosos, magnánimos, amorosos, comprometidos. Minutos antes de que se llevaran el féretro, los hijos se reunieron y se despidieron del cuerpo con palabras entrañables, llenas de agradecimiento sincero. Luego vino el turno de los nietos: afloró el dolor profundo y sereno de los jóvenes, que también palpaban el calado de la pérdida. En la despedida se entrelazaron los detalles anecdóticos de la vida diaria —las milanesas de mí tía— con las líneas maestras de un vida plena y lograda, que llegaba a su fin.

Mi tía no era simplemente “buena gente”: ella era una persona buena. Este título parece nimio y, sin embargo, a la hora de la verdad, a la hora de la muerte, muy pocos individuos se lo merecen. Veo a mis primos Inclán Zagal y veo sus familias. Supongo que, como en cualquier familia, habrá grises y sombras; no obstante, es evidente que también son personas buenas. Los padres buenos suelen tener hijos buenos.

Al final, mi tío Enrique y mi tía Carmela hicieron más por el mundo, por México, por mi familia, que tantos y tantos personajillos que salen en la televisión y en los periódicos. La existencia merece vivirse por personas como tía; el mundo pende de ellos, se sostiene en su buena voluntad. ¡Qué distinto es el legado de mi tía del legado de los criminales, de los políticos ambiciosos, de los explotadores! Me acordé, entonces, de los versos finales un poema de Borges:

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.