domingo, enero 22, 2012

Nimiedades

1. Lunes 16 de enero. Desayuno con R. G. Comentamos su nuevo gión de cine. Clases. Reuniones de comités. Correos. Burocracia. Discuto con un estudiante sobre Charles Taylor. Practico una hora de bicicleta estática, mientras veo Santo en el Museo de Cera. Antes de dormir, leo algunas páginas de la biografía de Maximiliano sobre Villalpando.

2. Martes 17 de enero. Desayuno galletas marías con café cargado. Comento con mis estudiantes de filosofía la Carta a Meneceo de Epicuro. Le muestro a mis estudiantes de bachillerato algunos cuadros de El Bosco: “La nave los locos”, “El carro de heno” y “El jardín de las delicias”. Felipe II guardaba el “Jardín” en su recámara particular de El Escorial.

3. Miércoles 18 de enero. El día se me va haciendo trámites oficiales para conseguir apoyos para la revista Tópicos. Ya vamos en el número 41; ya es tiempo de entregarla a otro. Doy una charla sobre el Humanismo italiano. En el último momento, K. G. cancela nuestra reunión de la noche. Me resigno a merendar solo, así que compro en el Superama algunas vituallas. Cenó una rebanada de pan negro con pure de garbanzo y queso panela, y media copa de vino. Mientras meriendo, estudio la Correspondencia inédita entre Maximiliano y Carlota, preparada por Konrad Katz.

4. Jueves 19 de enero. Sigo comentando con mis estudiantes de filosofía la Carta a Meneceo. La crítica de Epicuro contra los dioses es más radical que la de Feuerbach y Marx. Para éstos, la religión es evasión; para Epicuro, los dioses providentes son causa de infelicidad. ¿Quién puede estar tranquilo sabiendo que uno habrá de dar cuenta a la divinidad? Epicuro, los Padres de la Iglesia y san Ignacio de Loyola advirtieron que el ojo de Dios sobre la propia conciencia agobia el espíritu. El optimismo, no me cabe la menor duda, es propio de paganos y de ilustrados. Por la noche, acudo al brindis de inicio de año de Conaculta. Utilizó mi boina negra para no sentir frió en mi cabeza semicalva, pues el coctel se ofrece en el jardín del Museo de Antopología. Entre tanta personalidad, por unos segundos me siento ciudadano de la República de las Letras. A lo largo de esa noche, repito el adagio “vanidad de vanidades y todo vanidad”. Tras un rato de charla en el brindos, me voy a cenar con un joven productor de teatro. Hablamos sobre experiencias religiosas compartidas.

5. Viernes 20 de enero. Trabajo e un artículo sobre Aristóteles. Al final de la mañana, visito el Tribunal de Justicia del DF. Me aterra pensar que nuestro destino está en manos de aquellas personas. Ahora entiendo porque los juicios deben ser orales y con jurados populares. Afuera del metro, compro un par de corbatas por 50 pesos. Llego a casa y como tacos de pollo con crema y queso Cotija y un vaso de coca cola ligth. Más tarde, hablo con algunos muchachos sobre la Reforma protestante. Me impresiona la cantidad de católicos que no saben que la predestinación es un dogma clave del catolicismo. La mitad de los católicos que conozco son pelagianos. En la noche: programa de radio, grabado y en vivo. Entrevisto a Eduardo Matos Moctezuma. Un hombre afable y de charla interesante. A salir de la estación, me topó con Oscar. Me invita una copa en un barecillo del rumbo de Polanco.

6. Sábado 21 de enero Cerveza en la Mala fama de la Condesa con C. J. Hablamos sobre un guión de cine. Es un tipo inteligente y agradable. Durante la tarde y la noche sigo leyendo la biografía de Maximiliano.

7. Domingo 22. Enfermos en casa. Como una pizza de Costco.

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