miércoles, julio 31, 2013

Regreso de verano


  1. Un monje trapense, amigo de mi familia, intentó regresarme al buen camino. Me invitó a pasar un par de semanas de julio en un monasterio por el rumbo de Valle de Bravo. La comida fue extraordinariamente frugal, tanta que en mis análisis mensuales de sangre conseguí unos resultados estupendos en triglicéridos y hemoglobina glicosilada. El silencio me encantó por dos motivos: a) no tienes que hablar con nadie en el desayuno; b) pude escribir. En cambio, el rezo de las horas litúrgicas a media noche y en plena madrugada parecen inventadas por los carceleros de Guantámano. 
  2. A mi regreso me topé con la triste noticia de la muerte Oscar René Cruz, mi primer editor. Llegué al velatorio poco antes de que cremaran el cuerpo. Me dio mucha pena la tristeza de la viuda, Susy, una mujer encantadora. El Sr. Cruz confió en mi cuando yo era joven. Su conversación era agradable e inteligente. Además de editor, escribía novelas y, sobre todo, palíndromos, esas frases que pueden leerse de derecha a izquierda y viceversa, y dicen lo mismo. Hace falta un peculiar talento para escribirlos; yo carezco de él. Cito uno de su autoría: "A citar cosa socrática". Pero su obra maestra, fue el libro Palíndromo total -oh ave de vaho-. Según entiendo, el palíndromo más largo escrito en español hasta ahora.
  3. Vi la más reciente película de Almodóvar, Los amantes pasajeros. En efecto, está llena de lugares comunes y estereotipos; pero como soy bobo en el cine, me reí de lo lindo.
  4. Contrarresté mi estancia en el monasterio con unos días en Puerto Vallarta. Me encanta comer dorada a la plancha con unos frijoles refritos, no más; el pescado no es del puerto, lo traen de un lugar cercano; sin embargo, es muy sabroso. Como di una pequeña charla pública criticando a algunos personajillos de la política local, que actúan como lacayos de ciertas cadenas locales, supongo que no me volverán a invitar. Mejor, así simplemente de paseo. El Puerto no es bonito, pero tiene vida propia y personalidad. Su zona romántica, a pesar de que huele a fritanga, me agrada. Algunos de su cafés y barecillos son pintorescos y divertidos.
  5. Leí Reunión de cuentos de Daniel Sada (FCE, 2012). ¡Qué bien escritos! Una hermosa amalgama entre El diosero de Francisco Rojas, El llano en llamas de Rulfo y la técnica de Cortázar.